La pandemia ha sido difícil para todos, pero también ha hecho posibles cambios positivos en la vida de la gente. Consultamos a nuestros lectores sobre esas cosas buenas que llegaron y que aún permanecen: más de 70 personas nos hablaron de aprendizajes, oportunidades y nuevas visiones del mundo que adquirieron en medio de la crisis sanitaria.
Hubo quienes mencionaron el valor que recobró la familia, gracias a la oportunidad (y la obligación) de verla todo el día; pero también por la separación, la ausencia de las personas cercanas y amadas con las que no se vive.
En ese sentido, el filósofo y antropólogo Hernán Darío Gil, docente del centro de humanidades de UPB, dice que reencontrarse con el hogar, al que solo se iba a dormir, fue fundamental: “tuvimos que entender qué tan simbólica era nuesta casa y comprendimos su importancia, no solo desde el espacio sino también con quiénes vivimos. Por eso la gente habla de la familia, porque en ese espacio pudimos volver a reconocer al otro”. E incluso conocerlo: con el teletrabajo y las clases virtuales, muchos padres y madres pudieron ver nuevas facetas de sus hijos y con ello, también, darle valor a la labor docente.
Muchos mencionaron a los abuelos y adultos mayores, esos que no solo tuvieron que cuidarse sino también escucharse. “Entendimos la importancia del lenguaje y con ella la posibilidad de que los ancianos nos contaran sus historias. Hubo reconocimiento al anciano porque tiene experiencias que no tenemos”, explica Gil.
Además, nuestros lectores nos contaron cómo habían aprendido a valorar las pequeñas cosas que por el afán se daban por sentadas, como poseer un techo y una cama para descansar o la fortuna de tener un plato de comida en la mesa. Y ahí cabe el valor del trabajo, como lo recuerda el jefe del departamento de humanidades de la Universidad CES, John Wilson Osorio: en medio de la incertidumbre, “valoramos el empleo y al buen empleador, y vimos el esfuerzo de muchas empresas por asegurar el bienestar de su gente”.
Y también comentaron sobre la importancia de cuidar la salud, porque el virus nos enseñó que si bien todos estamos en riesgo, hay personas que pueden pasarla peor en caso de contagio: “Cuando nos dijeron que había unas condiciones como la obesidad que nos hacían más vulnerables, eso nos hizo cuidarnos mucho más y para muchos significó un cambio de hábitos, poder llevar una vida mas saludable y tener herramientas para enfrentar una cosa de estas”, explica Osorio.
Otros se dieron cuenta de que la vida no es color de rosa para todo el mundo. Los trapos rojos, que se exhibieron en casas y barrios enteros para pedir ayuda, motivaron la generosidad y fueron un llamado a la consciencia sobre la inequidad que reina en países como Colombia, donde según el World Inequality Database (WID), que mide los índices de desigualdad en el mundo, solo el 10% de la población recibe el 50% de los recursos. Dice Gil que con la pandemia también nos enfrentamos a reflexiones como ¿por qué unos tienen tanto y otros tan poco?, ¿por qué hay más oportunidades para algunos?
Para bien también quedó la digitalización: muchos aprendieron que para hacer vueltas no hay que salir, ni siquiera dejar la casa para mercar, porque internet ofreció todo eso. Cesar Augusto Tapias, sociólogo, máster en antopología social y futuro doctor en Comunicación de la Universidad del Norte, recuerda que la tecnología también sirvió a procesos sociales que pudieron darse en la distancia, como visitar familiares, trabajar, estudiar, y hasta celebrar matrimonios y graduaciones