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¿Qué es un postdoc?

En la práctica, es una figura con variantes, y sus funciones, posibilidades y prestigio difieren de caso a caso.

hace 14 horas
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  • ¿Qué es un postdoc?

Por Javier Mejía Cubillos - mejiaj@stanford.edu

La academia tiene prácticas y códigos extraños. Hoy quiero hablarles de uno de ellos, uno que incluso dentro de la academia misma suele ser mal entendido: la figura del postdoctorado—o postdoc, como se le conoce más comúnmente.

Quizá la forma más sencilla de entenderlo sea pensar en su origen. Los postdocs surgieron en las ciencias de laboratorio—e.g. medicina, química, física experimental—donde investigar requiere infraestructura costosa, máquinas especializadas y equipos de expertos para operarlas.

En estas disciplinas, un estudiante doctoral se forma trabajando en el laboratorio de un profesor. Pero, tan pronto termina su doctorado, difícilmente tiene la experiencia o reputación necesarias para crear y dirigir su propio laboratorio. Lo que suele suceder, entonces, es que pasa a trabajar en el laboratorio de otro profesor como postdoc. Allí asume responsabilidades mayores que las de un estudiante doctoral. Puede participar en la preparación de grants, en la presentación de resultados de investigación y, sobre todo, en la coordinación de estudiantes. Sin embargo, su rol en las decisiones estratégicas del laboratorio es minúsculo, al igual que su participación en la política de la universidad. Lo más importante, en cualquier caso, es que la posición del postdoc se concibe como temporal. Es una etapa de formación en la que el investigador se prepara para, eventualmente, dirigir su propio laboratorio.

Las cosas se vuelven algo más confusas cuando pensamos en los postdocs dentro de las ciencias sociales.

Tradicionalmente, la investigación en ciencias sociales ha sido individual y poco intensiva en capital. Por tanto, la demanda por posiciones intermedias de coordinación siempre fue poca. En el último par de décadas, sin embargo, esto ha empezado a cambiar. La investigación empírica—sobre todo en economía, ciencia política y sociología—ha visto su escala multiplicarse; se ha vuelto más colaborativa e intensiva en coordinación, trabajo de campo y procesamiento de datos. En este nuevo contexto, comenzó a generalizarse la figura del postdoc. Un profesor que obtiene un buen grant puede contratar a uno o varios postdocs para ejecutar parte del proyecto.

Pero quizá más importante que el cambio en las dinámicas de investigación ha sido la transformación del mercado laboral académico. Después de décadas de expansión, la mayoría de los sistemas universitarios en Occidente se han estancado y, con ello, se ha reducido la creación de nuevas plazas permanentes. Los programas doctorales, sin embargo, no se han contraído. El resultado es que cada vez hay más doctores compitiendo por un número relativamente pequeño de posiciones académicas estables. La flexibilidad contractual del postdoc se ha convertido en una forma de llenar ese espacio entre el doctorado y el empleo académico permanente.

Hoy, muchas universidades canalizan recursos para ofrecer postdocs a sus recién graduados que no encuentran empleo. Otras utilizan los utilizan para cubrir necesidades temporales de investigación o enseñanza sin comprometerse con la creación de posiciones permanentes. Esto ha llevado a que algunos empiecen a interpretar el postdoc como una señal negativa—una especie de sala de espera para quien no fue lo suficientemente competitivo como para conseguir inmediatamente una plaza permanente.

Esa interpretación, no obstante, es bastante imprecisa, puesto que también existen postdocs de enorme prestigio y altamente competitivos. Muchos de ellos son ofrecidos por universidades de élite que ven en esta figura una inversión de largo plazo en capital social y redes profesionales. Su objetivo es atraer a recién graduados que lucen con el potencial de ser grandes estrellas y les ofrecen, durante uno o dos años, condiciones extraordinarias—i.e. un buen salario, libertad para desarrollar su propia agenda de investigación, acompañada por un generoso presupuesto para desarrollarla, y poca o ninguna carga docente. Así, la universidad, sin tener que competir por una contratación permanente, construye lazos cercanos con investigadores que posiblemente lideren sus disciplinas en el futuro.

Entonces, la dificultad para entender qué es exactamente un postdoc es genuina. En la práctica, es una figura con muchas variantes, y sus funciones, posibilidades y prestigio difieren profundamente de caso a caso. Pero, además de esto, hay una razón estructural por la que el concepto resulta tan confuso. El postdoc ocupa, deliberadamente, una posición intermedia entre la formación y el empleo.

Un postdoc no es un título adicional. Haber hecho un postdoc no convierte a alguien en un experto mayor que otro doctor con los mismos años de experiencia. Tampoco existe un conocimiento específico que se “apruebe” al terminarlo, como ocurre con un doctorado. Al mismo tiempo, tampoco es un trabajo más. Muchas instituciones conciben el postdoc como una etapa formativa; asignan mentores, establecen objetivos de desarrollo profesional y esperan que el investigador adquiera las capacidades necesarias para dar el siguiente paso en su carrera.

Y quizá esa sea, después de todo, la mejor manera de entender el postdoc, no como un diploma, ni como un empleo, sino como una posición diseñada para preparar a un doctor junior a convertirse en el tipo de investigador que puede desarrollar una carrera académica independiente.

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