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El milagro puede empezar en el campo

Patria Milagro podría encontrar en el campo uno de sus primeros grandes milagros.

hace 10 horas
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  • El milagro puede empezar en el campo
  • El milagro puede empezar en el campo

Por Luis Diego Monsalve - @ldmonsalve

Durante décadas hemos repetido que Colombia tiene todo para convertirse en una potencia agroindustrial: tierra, agua, diversidad climática, ubicación privilegiada y acceso a los principales mercados del mundo. Sin embargo, ese enorme potencial sigue siendo, en buena medida, una promesa.

El nuevo gobierno tiene la oportunidad de cambiar esa historia. Si la propuesta de Patria Milagro busca encontrar nuevos motores de crecimiento, pocos ofrecen tantas posibilidades como el campo.

Dos regiones podrían convertirse en símbolos de esa transformación: la Altillanura y Urabá.

La primera ha sido llamada desde hace años el posible “Cerrado colombiano”. El Cerrado es una extensa región de Brasil cuyos suelos ácidos fueron considerados durante mucho tiempo poco apropiados para la agricultura. Investigación, tecnología, corrección de suelos, infraestructura e inversión privada terminaron convirtiendo buena parte de ella en una de las grandes despensas agrícolas del mundo.

No se trata de copiar el modelo brasileño, que también dejó importantes lecciones ambientales y sociales, sino de aprender de lo que hizo bien. La Altillanura tiene condiciones para desarrollar a gran escala cultivos, ganadería, forestales y agroindustria, pero necesita carreteras, energía, tecnología, seguridad y reglas claras.

Urabá parte de una realidad diferente. Allí existe una importante tradición agroexportadora y ahora una infraestructura portuaria que cambia las posibilidades de la región. Puerto Antioquia comenzó operaciones este año y ya salen desde allí banano, aguacate, flores, café y otros productos hacia los mercados internacionales. El reto debería ser convertir a Urabá en mucho más que una región productora: un verdadero clúster agroindustrial, logístico y exportador.

Para lograrlo propondría crear Zonas Especiales de Desarrollo Agroindustrial en regiones con estas características. Colombia ya tiene antecedentes importantes en las ZIDRES, creadas precisamente para promover proyectos productivos, infraestructura, tecnología e incluso asociaciones público-privadas en territorios con gran potencial rural.

Pero debemos ser más ambiciosos. Estas zonas deberían contar con una normatividad especial que permita agilizar trámites, desarrollar infraestructura mediante APP y obras por impuestos, atraer capital nacional y extranjero y garantizar seguridad física y, especialmente, jurídica.

Este último punto es fundamental. Colombia tiene la obligación de reparar a quienes fueron despojados violentamente de sus tierras. Pero también debe proteger a quienes adquieren de buena fe, después de realizar todas las verificaciones legales, y posteriormente invierten enormes recursos en proyectos productivos.

Ambos objetivos pueden ser compatibles. El Gobierno debería presentar rápidamente los cambios legislativos necesarios para que, exclusivamente dentro de estas zonas y bajo condiciones rigurosas, pueda utilizarse un mecanismo de compensación cuando aparezca posteriormente una reclamación legítima. Un fondo especial garantizaría la reparación integral de la víctima sin destruir una inversión realizada legítimamente. Experiencias internacionales muestran que restitución y compensación pueden coexistir dentro de un mismo sistema de reparación.

Quien haya participado en un despojo o adquirido una propiedad ignorando deliberadamente antecedentes dudosos no podría recibir esa protección. La garantía sería exclusivamente para el verdadero inversionista de buena fe.

La transformación agroindustrial tampoco puede significar excluir a campesinos y pequeños productores. Por el contrario, las grandes inversiones pueden integrarlos mediante asociaciones, agricultura por contrato, asistencia técnica y cadenas de proveedores.

Colombia no necesita descubrir su potencial agrícola. Lo conocemos desde hace décadas. Necesita carreteras, puertos, tecnología, seguridad, inversión y reglas que duren. Si logramos combinar esos elementos, quizás dentro de algunos años dejemos de hablar del potencial de la Altillanura y de Urabá y empecemos a hablar de sus resultados.

Patria Milagro podría encontrar en el campo uno de sus primeros grandes milagros.

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