La poeta Diana Pizarro Cano recuerda el momento en que comenzó su carrera literaria. Fue así: revisaba unos documentos al lado de su jefe, se levantó de la mesa para traer unos papeles de la fotocopiadora. A su regreso, la jefe leía un poema de Diana, escrito a mano en una hoja que se coló en la carpeta. Al principio, ella se molestó por la intromisión. Sin embargo, el enojo pasó cuando la jefe la invitó a enviar sus versos a una convocatoria del Festival de Poesía de Medellín. Entonces, en sus treinta, Diana era una abogada que en los tiempos libres escribía versos, alentada por los recuerdos de las declamaciones de sus abuelos. El trabajo recibió un reconocimiento y desde entonces ella ha publicado los poemarios Ojos de Gata, Trashumante y Sombra y Lucernario.
Siga leyendo: 40 años de País Paisa: así será la celebración de la obra que puso a la cultura antioqueña en el escenario
De origen campesino —su familia proviene de la vereda de San Antonio de Prado—, Diana fue una bachiller de notas altas, que estudió derecho en la Universidad de Medellín gracias a una beca. Su carrera profesional comenzó en el sector de seguros, en el área de accidentes de tránsito. Posteriormente, trabajó en Servicios Postales Nacionales, empresa que sustituyó a la anterior operación de correos. Más adelante fue abogada de contratación y luego ingresó a ISA.
Paralelo a su trayectoria jurídica, Pizarro Cano ha desarrollado una obra poética que comenzó en la infancia. Escribe desde los nueve años, edad en la que compuso su primer poema. La literatura ha sido una constante en su vida: desde que aprendió a leer se interesó por la novela histórica, los relatos sobre la idiosincrasia de los pueblos, la mitología y los textos que indagan por el alma humana. En su entorno familiar existía además una tradición oral ligada a la declamación de poesía popular, encabezada por su abuelo, lo que fortaleció su vínculo con la palabra.
Regístrate al newsletter