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Democracia en juego en Colombia para este año: todo lo que debe saber

Tras meses de tanteos, este año será el decisivo: habrá elecciones legislativas, consultas y presidenciales. Son procesos que se encadenan y obligan a definiciones claras.

  • Petrismo, oposición y centro pondrán a prueba su fuerza real en un escenario donde Congreso y Presidencia serán procesos inseparables. FOTO JUAN ANTONIO SÁNCHEZ
    Petrismo, oposición y centro pondrán a prueba su fuerza real en un escenario donde Congreso y Presidencia serán procesos inseparables. FOTO JUAN ANTONIO SÁNCHEZ
hace 24 minutos
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Durante buena parte de 2025 la política colombiana se movió entre cálculos, movidas prematuras y posicionamientos aún biches. Hubo giras anticipadas, alianzas en borrador y estrategias pensadas más para medir fuerzas que para definir rumbos. Sin embargo, todo ese tiempo de tanteo desemboca inevitablemente en este 2026 que arranca: el año en el que ya no habrá espacio para la ambigüedad ni para las medias tintas.

Enero marca el inicio en ciernes de la lucha por el poder en Colombia y abarca al menos cuatro momentos políticos, uno atado al otro. En juego no solo está la gobernabilidad que implica contar con mayorías en el Congreso –cuyas elecciones se celebrarán el próximo 8 de marzo–, sino también las consultas presidenciales y tanto la primera como segunda vuelta.

Si bien las elecciones legislativas y presidenciales son procesos distintos en el calendario, son codependientes en la práctica. Por un lado, las elecciones para renovar Congreso a partir del 20 de julio serán fundamentales para cada una de las fuerzas que busca contar con bancadas y aliados de peso para sacar adelante sus proyectos.

En paralelo, se celebrarán las consultas presidenciales que, aunque parecen del pasado y ya con cuentan con el mismo auge de años anteriores, sí podrán definir algunas de las candidaturas más notorias de cara a la primera vuelta.

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2026 será, entonces, el año de las definiciones. El petrismo deberá demostrar si conserva la capacidad de movilización que lo llevó al poder o si el desgaste del Gobierno de Gustavo Petro se traduce en una pérdida de mayorías. La oposición, fragmentada y aún sin un liderazgo único, tendrá que probar si es capaz de articular una alternativa real o si vuelve a diluirse en disputas internas.

Por su parte, el mentado centro político está llamado al desafío de reconstruirse como opción de poder; de lo contrario, corre el riesgo –una vez más– de terminar sumido en lógicas de polarización. Así pinta el año electoral que hasta ahora comienza, pero que marca un dinámico y vigoroso vaivén que se mantendrá durante todo el primer semestre de 2026.

Elecciones Legislativas, la lucha por la gobernabilidad

Si bien las elecciones presidenciales definen quién gobierna en Colombia, las legislativas determinan con qué fuerza. Basta revisar lo que fue el Gobierno de Iván Duque o lo que ha sido el de Gustavo Petro para darse cuenta de que, en el marco de un sistema democrático de pesos y contrapesos, el Congreso le garantiza al mandatario de turno gobernabilidad.

De allí que los comicios del próximo 8 de marzo sean una suerte de elecciones primarias frente a lo que se viene para las presidenciales. En juego, en lo formal, hay 102 curules en el Senado y 183 escaños en la Cámara de Representantes.

Sin embargo, en términos prácticos esta votación –que solo en 2022 contó con una participación de más de 18 millones de personas–, implica medir la fuerza y el apoyo de cada grupo político, así como su incidencia regional, su visibilidad y sus grandes aliados o detractores.

“Colombia tiene un sistema presidencial en el que la gente se centra mucho en la figura del primer mandatario, que es evidentemente importante. Pero si el presidente no tiene el apoyo del Congreso eso frena su capacidad de maniobra y de acción”, explica el profesor Yann Basset, director del Grupo de Estudios de la Democracia de la Universidad del Rosario.

No obstante, el catedrático advierte que lo que se vislumbra en estos comicios es una cada vez más profunda fragmentación dada la gran cantidad de listas que se presentan por coalición, particularmente en la Cámara de Representantes.

“Eso significa que parte de lo que se juega en marzo es la posibilidad de contar con un Congreso muy difícil de gobernar para cualquier candidato que gane la elección presidencial. Hay mucha fragmentación y muchas divisiones en pequeños partidos. Eso, sin duda, es una gran dificultad para el próximo Gobierno: encontrar apoyos necesarios para manejar su relación con el Congreso”, agrega Basset.

Incluso, alerta que, a diferencia de lo que pueda ocurrir en las presidenciales, en los comicios legislativos se prevé un protagonismo y dominio de partidos tradicionales como el Liberal o el Conservador, que aún no cuentan con candidato a Casa de Nariño, pero sí con maquinarías y poderío en diferentes regiones que se moverán justo en marzo próximo.

“No hay que extrapolar los resultados que vamos a ver en marzo a la elección presidencial de mayo. La lógica es distinta, la oferta política va a ser distinta. Eso no significa que no haya influencia de un proceso sobre otro, aunque es importante diferenciar los escenarios”, precisó el profesor.

El presagio parece tajante: un buen resultado en marzo será una ventaja para cualquier aspiración presidencial; sin embargo, un revés implicará llegar debilitado a la primera vuelta.

Consultas, el termómetro de la primera vuelta

Si bien las elecciones presidenciales definen quién gobierna en Colombia, las legislativas determinan con qué fuerza. Basta revisar lo que fue el Gobierno de Iván Duque o lo que ha sido el de Gustavo Petro para darse cuenta de que, en el marco de un sistema democrático de pesos y contrapesos, el Congreso le garantiza al mandatario de turno gobernabilidad.

De allí que los comicios del próximo 8 de marzo sean una suerte de elecciones primarias frente a lo que se viene para las presidenciales. En juego, en lo formal, hay 102 curules en el Senado y 183 escaños en la Cámara de Representantes.

Sin embargo, en términos prácticos esta votación –que solo en 2022 contó con una participación de más de 18 millones de personas–, implica medir la fuerza y el apoyo de cada grupo político, así como su incidencia regional, su visibilidad y sus grandes aliados o detractores.

“Colombia tiene un sistema presidencial en el que la gente se centra mucho en la figura del primer mandatario, que es evidentemente importante. Pero si el presidente no tiene el apoyo del Congreso eso frena su capacidad de maniobra y de acción”, explica el profesor Yann Basset, director del Grupo de Estudios de la Democracia de la Universidad del Rosario.

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No obstante, el catedrático advierte que lo que se vislumbra en estos comicios es una cada vez más profunda fragmentación dada la gran cantidad de listas que se presentan por coalición, particularmente en la Cámara de Representantes.

“Eso significa que parte de lo que se juega en marzo es la posibilidad de contar con un Congreso muy difícil de gobernar para cualquier candidato que gane la elección presidencial. Hay mucha fragmentación y muchas divisiones en pequeños partidos. Eso, sin duda, es una gran dificultad para el próximo Gobierno: encontrar apoyos necesarios para manejar su relación con el Congreso”, agrega Basset.

Incluso, alerta que, a diferencia de lo que pueda ocurrir en las presidenciales, en los comicios legislativos se prevé un protagonismo y dominio de partidos tradicionales como el Liberal o el Conservador, que aún no cuentan con candidato a Casa de Nariño, pero sí con maquinarías y poderío en diferentes regiones que se moverán justo en marzo próximo.

“No hay que extrapolar los resultados que vamos a ver en marzo a la elección presidencial de mayo. La lógica es distinta, la oferta política va a ser distinta. Eso no significa que no haya influencia de un proceso sobre otro, aunque es importante diferenciar los escenarios”, precisó el profesor.

El presagio parece tajante: un buen resultado en marzo será una ventaja para cualquier aspiración presidencial; sin embargo, un revés implicará llegar debilitado a la primera vuelta.

Con el terreno abonado que implica que su partido o movimiento tenga una buena votación en las elecciones parlamentarias, a lo que se suma un eventual triunfo en una consulta interpartidista, la primera vuelta será –para la inmensa mayoría de candidatos que hoy figuran en el abanico–, el momento de depurar el ramillete.

A juzgar por la más reciente encuesta de la firma Invamer, los más opcionados para llegar al 31 de mayo serían el hoy senador Iván Cepeda (Pacto Histórico), con el 31,9 %, seguido del candidato de derecha Abelardo de la Espriella, quien suma el 18,2 % de intención de voto.

Allí, con al menos 2 % de favoritismo, se cuentan además Sergio Fajardo (8,5 %), Miguel Uribe Londoño (4,2 %) –quien está pendiente de aceptar el espaldarazo del Partido Demócrata–, Claudia López (4,1 %), Vicky Dávila (3,7 %), Juan Carlos Pinzón (2,9 %) y Germán Vargas Lleras (2,1 %).

Estos comicios serán el momento en el que las estrategias se sometan a la realidad electoral y en el que Colombia, una vez más, decidirá no solo quién gobierna, sino con qué límites y con qué respaldo político real.

En este contexto, habrá que determinar qué tan bien les salió la jugada a varios candidatos a la hora de irse solos y hacerle el quite a las consultas versus quienes sí apostaron por este mecanismo.

“En principio, quienes decidieron irse solo no asumen un riesgo. Simplemente están trasladando la competencia de un segmento (izquierda, centro o derecha) del día de la consulta a la primera vuelta. El riesgo que podrían asumir es quemarse en la primera vuelta sacando pocos votos. Pero, en realidad no es muy distinto a quemarse en una consulta. Ahora, hace cuatro años, Rodolfo Hernández los corrió y le salió bien”, explica el profesor Juan Pablo Milanese, del programa de Ciencia Política de la Universidad ICESI.

Si bien se prevé que partidos tradicionales como el Liberal, Conservador o La U –con fuerte presencia regional y poderío en el Congreso–, lleguen con su respaldo decantado, no parece tangible que logren tener un candidato propio que sea de entraña.

Para el profesor Milanese, se trata de un fenómeno que viene ocurriendo sistemáticamente en los últimos comicios.

“Ya desde hace varias elecciones los candidatos más fuertes no se están lanzando por los partidos con representación legislativa (que parecen ser un lastre para la elección presidencial), sino por firmas. Esto también tiende a suceder en las elecciones locales, especialmente, en las elecciones a grandes alcaldías y a gobernaciones”, precisa.

De acuerdo con el catedrático, el Pacto Histórico parece ser el único partido con capacidad de tener un candidato competitivo, como pasó hace cuatro años con el hoy presidente Gustavo Petro y actualmente con el senador Iván Cepeda.

“Tal vez la diferencia es que el Centro Democrático ya no parece ser un partido fuerte para lanzar candidatos a la Presidencia. Lo fue en las elecciones de 2014 con Óscar Iván Zuluaga y en 2018 con Duque, pero ya en 2022 Zuluaga, que era el candidato partidario, se tuvo que bajar para apoyar a Federico Gutiérrez, que no era el ‘candidato del partido’”, remata Milanese.

Por último, el docente señala que, aunque asuntos como la seguridad serán determinantes a la hora de preferir a un candidato, cada vez más los indicios apuntan a que el asunto dominante para los votantes sería la economía.

Quizá consciente de ello, desde ya el presidente Petro ha dado golpes de opinión como el aumento del 23 % en el salario mínimo o su propuesta –aún difusa–, de ofrecer un billón y medio de pesos a la Alcaldía de Bogotá a cambio de conservar el precio de los pasajes de TransMilenio y evitar un alza de $350 en la tarifa.

“Hasta ahora Petro ha sido muy hábil para establecer la agenda. Mucho más hábil que sus rivales, que no parecen ser capaces de instalar temas, y ‘corren detrás’ de la agenda que él define. Si eso continua así, el eje de la discusión pasará por el tema redistributivo, donde la izquierda se siente mucho más cómoda. El de seguridad indiscutiblemente estará como segundo”, indica.

Sin embargo, advierte que se trata de un tema que puede cambiar, especialmente a medida que avance lo que considera la “campaña real”.

Para Milanese, “habrá que ver si Cepeda tiene la misma capacidad de instalar agenda que tiene Petro o, por el contrario, si Petro seguirá teniendo el rol protagónico que mantiene hasta hoy”.

Segunda vuelta, la recta final: entre incertidumbre y polarización

Finalmente, el movido año electoral para los colombianos concluirá el 21 de junio de 2026, pasadas tres semanas desde la primera vuelta. Hace cuatro años, la diferencia entre el ganador y quien quedó segundo fue de apenas 700.000 votos, por lo que no se descarta que en estos comicios –con la tensión persistente y la polarización exacerbada–, ese margen pueda ser similar o aún más apretado.

A juzgar por la última encuesta Invamer, lo que ocurra en junio bien podría ser la prueba final del petrismo y la última oportunidad de la oposición en búsqueda de la unidad, mientras que el centro emprendería una carrera contra el reloj para poderse hacer a un cupo.

Según el sondeo, en un escenario de segunda vuelta entre el petrista Iván Cepeda y el opositor Abelardo de la Espriella, el primero arrasaría con un 59,1 %, frente a un 36,2 % que apoyaría al abogado. Además, un 4,6 % de los sufragantes apostaría por el voto en blanco.

Sin embargo, en un escenario entre Iván Cepeda y el exgobernador Sergio Fajardo el panorama sería más parejo. Aunque el senador se impondría con un 48,9 %, el exalcalde de Medellín estaría muy cerca con un 46,4 %. En este contexto, 4,8 % votaría en blanco.

Finalmente, entre Sergio Fajardo y Abelardo de la Espriella, el primero aventajaría con un 51,7 % frente a un 38,9 % que tendría el jurista. Sin embargo, en este escenario el voto en blanco sería preponderante: 9,4 %. Es decir, uno de cada 10 votantes no apoyaría a ninguno de los aspirantes.

Incluso, la encuesta Invamer incluye un cuestionario que podría dilucidar aún más los escenarios de segunda vuelta. El 50,2 % declaró que votaría por un candidato que este en oposición al Gobierno de Gustavo Petro, mientras que un 49,9 % respaldaría a quien esté en línea con el actual jefe de Estado.

Con todo, para el profesor Basset no dejan de ser escenarios “muy hipotéticos” a estas alturas de la competencia, por lo que “hay que tomarlos con mucha prudencia, pues no tienen la consistencia frente a los resultados de primera vuelta”.

Sin embargo, como lo detalló semanas atrás a este diario, para Basset la preferencia que comienza a tomar Cepeda se explica en su participación en la consulta interna de octubre pasado y de aparecer como un candidato de un bloque cohesionado. “Eso lo favorece frente a otros que están muy divididos todavía y que están en una etapa de la campaña de pelea”.

Frente al revés que tendría De la Espriella en estos escenarios, indica que lo que hay de fondo es que sigue siendo un candidato radical, muy de lado de la derecha, lo que hace que no logre conquistar aún a “sectores más moderados o de centro”. Por esta misma razón, Fajardo termina ganándole la contienda en un escenario de segunda vuelta.

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