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Por Juan Carlos Manrique - opinion@elcolombiano.com.co
El periodista Iván Gallo, quien se reconoce como parte de las bases que llevaron al “Gobierno del Cambio” al poder, protestó contra Petro en una demoledora carta leída en el Tercer Canal. “Ustedes volvieron este gobierno un ‘afterparty’ asqueroso, en el amanecedero más decadente de Bogotá”.
Petro llegó al poder prometiendo que el cambio comenzaría por la ética pública. Cuatro años después, su Gobierno termina rodeado por una línea de tiempo que no puede reducirse a uno o dos episodios aislados. Es un macrocaso de corrupción con un patrón de comportamiento: la mirada permisiva y defensiva de Petro.
Arrancamos con el Pacto de La Picota y el “yo no lo eduqué” sobre de Nicolás Petro. Luego llegaron Laura Sarabia, Marelbys Meza, el polígrafo, las interceptaciones ilegales y los audios de Armando Benedetti sobre los 15.000 millones de pesos conseguidos para la campaña. “Con tanta mierda que yo sé, pues nos jodemos todos”. “Nos hundimos todos, nos acabamos todos, nos vamos presos”.
Después apareció la contratación firmada por María Isabel Urrutia antes de abandonar el Ministerio del Deporte; la fallida licitación de pasaportes, que terminó con Álvaro Leyva destituido e inhabilitado; y el Consejo Nacional Electoral investigando la violación de topes y los gastos no reportados por la campaña Petro presidente.
Pero el verdadero punto de quiebre fue la UNGRD y los $380.000 millones. Los carrotanques de La Guajira abrieron una trama de sobrecostos, contratos direccionados y presuntos sobornos. Olmedo López, Sneyder Pinilla, Sandra Ortiz, Carlos Ramón González, Iván Name y Andrés Calle quedaron involucrados en distintos niveles procesales. Los exministros Ricardo Bonilla y Luis Fernando Velasco terminaron privados de la libertad. González prófugo en Nicaragua.
La sucesión continuó: Ecopetrol, Hocol, Ricardo Roa, Covington y los USD 5,9 millones; el bloque Sinú 9; Aerocivil y Gabriela Muñoz; Juliana Guerrero; el clan Torres; el uso de universidades públicas para convenios interadministrativos, con el fin de evadir las normas de contratación; las denuncias de Angie Rodríguez y el Fondo Adaptación; el derroche en las Juntas de Acción Comunal; Papá Pitufo; Daniel Quintero; Manel Grau; y, en los últimos días, las denuncias de Eva Ferrer sobre Verónica Alcocer y la llamada “danza de los millones” en el exilio dorado de Suecia; la compra opaca de los aviones Gripen; además de las denuncias de Ángela Benedetti y las controversias sobre Vanessa Cortés y su inexplicable incremento patrimonial. En fin, un resumen corto por espacio de esta columna.
Todo se volvió paisaje para una parte de la sociedad que, por cansancio, practicidad, pasividad o indiferencia, no salió a aplicar los conceptos de protesta social, desobediencia civil e ilegitimidad.
La otra parte de la sociedad, beneficiada de alguna manera por este Gobierno, parece poco dispuesta a reflexionar. Se prepara para hablar de desobediencia civil, fraude e ilegitimidad. Vea pues.
Por eso, oxigena oír a Gallo. “Todo este circo se reduce a la bajeza de revivir viejas batallas en las sábanas con muchachas que podrían ser tus nietas”. “Una guarida que produce un escándalo diario”.
Termina este capítulo: un Gobierno responsable del mayor macrocaso de corrupción de los últimos años, mientras sus dirigentes invitan a la desobediencia civil. Si fuéramos congruentes, más bien hoy deberíamos todos protestar contra ese ‘afterparty’ asqueroso.