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A la lectura crítica se llega cuando en casa se leen libros, noticias, cuentos, comics y luego se amplía lo leído y se comenta con los demás. Quejarse muy pocas veces sirve para mejorar algo.
Por Sara Jaramillo Klinkert - @sarimillo
Esta misma historia ha ocurrido tantas veces que ya dejó de ser una simple anécdota chistosa y aislada para convertirse en un fenómeno que requiere un poco más de reflexión. El comienzo es siempre el mismo: en el plan lector de un colegio o escuela pública proponen leer una de mis novelas titulada Cómo maté a mi padre. Hasta ahí todo normal. Los muchachos compran el libro (casi siempre pirata) y lo llevan a casa donde, por casualidad, sus padres lo ven y, sin leer siquiera la contraportada, acuden horrorizados al chat de los papitos y las mamitas a preguntar en mayúsculas sostenidas: «¿YA VIERON LO QUE ESTÁN PONIENDO A LEER A NUESTROS HIJOS?». Las respuestas no se hacen esperar y son lo más de divertidas: «los están incitando a la violencia», «por eso esta sociedad es tan sangrienta», «les están dando ideas para matar al padre», «tenemos que hacer expulsar al profesor que propuso esta lectura». Eso sí, ninguno se queja de que el libro sea pirata. A veces la bola de nieve crece y termina en reunión presencial en la rectoría. En ese punto algunos papás entienden que están haciendo el ridículo, otros siguen cerrados en el mismo punto, porque es verdad eso de que no hay peor ciego que el que no quiere ver, aunque en este caso se requiere un poquitico más de esfuerzo: hay que leer, papitos y mamitas, aunque sea la contraportada que tiene tan solo veinte líneas y permite entender que la palabra matar a la que hace alusión el título de la novela es metafórica.
Pues bien, esos mismos padres que ponen el grito en el cielo por el título de un libro que claramente no han leído, deben ser los mismos que mandan noticias falsas a sus grupos de wasap, los mismos que se indignan con titulares que comentan en sus redes sociales sin haber dado clic en la noticia, los mismos que opinan sobre temas acerca de los cuales no se han preocupado por investigar aunque sea un poco y, por supuesto, son los mismos que hoy se están quejando de que en las Pruebas Pisa de este año, los estudiantes que alcanzaron los niveles más altos en comprensión lectora sean una minoría: apenas el uno por ciento llegó al nivel cinco, que no es ni siquiera el nivel más alto (el más alto es el seis y no llegó nadie). Y no, no me equivoqué, la cifra del uno por ciento es real. De cada cien lectores sólo uno entiende a la perfección lo que lee. ¡Uno! ¡Solamente uno!
Yo sé que es muy fácil echarle la culpa a los profesores, a las instituciones educativas, a las pantallas, a los estudiantes, a la inteligencia artificial, a los gobernantes de turno y sí, es verdad que semejante desastre tiene múltiples causas, pero a lo que voy es que, como no podemos controlarlas todas, cada uno tiene que hacerse responsable del pedacito que le corresponde. A la lectura crítica se llega cuando en casa se leen libros, noticias, cuentos, comics y luego se amplía lo leído y se comenta con los demás. Quejarse muy pocas veces sirve para mejorar algo, lo que realmente sirve es el ejemplo y ese, me temo, siempre empieza en la casa.