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Sobre la extrema coherencia y la guerra sucia

hace 5 horas
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  • Sobre la extrema coherencia y la guerra sucia

Por Rafael Nieto Loaiza - opinion@elcolombiano.com.co

Escribía yo después del triunfo de Paloma Valencia en la Gran Consulta que “a partir de ahora, es la candidata a vencer. Por eso es ya el objeto de la guerra sucia tanto de Cepeda y la izquierda como los de los fanáticos de Abelardo. Los dos saben que si Valencia pasa a segunda los derrota con amplitud. Prefieren enfrentarse entre ellos”.

Desde entonces la cosa ha ido a peor. Ahora los ataques, las infamias, las calumnias, se han sucedido sin pausa ni respiro ya no solo contra Paloma y Oviedo sino contra todos los que hacemos parte de esa campaña y contra el mismo expresidente Uribe.

Aclaremos que defensores de la Patria somos todos los que creemos en la democracia y las libertades, no solo los abelardistas. Agreguemos que algunos hemos estado en esa tarea desde siempre y sufriendo los riesgos acá, mientras que otros nunca los sufrieron, callaban y se asoleaban en Miami y la Toscana italiana. Si de arriesgar el pellejo se trata, siempre hemos sido nosotros los que hemos estado en el alambre, y no solo de manera metafórica. ¿O hay que recordarles el asesinato de Miguel Uribe, las amenazas a nuestros candidatos y los ataques a nuestras sedes de campaña?

De manera que aquí los siempre valientes, los firmes, sin pausa ni descanso, en el Congreso, en los medios y en las redes, hemos sido nosotros. Si de valor se trata y de compromiso en la defensa de la Patria, las pruebas han venido del expresidente Uribe, de Paloma Valencia y del Centro Democrático. Lo mismo puede decirse de la lucha contra los violentos y los delincuentes.

Concedamos que De la Espriella está en su derecho de defender los que se le antojen. Pero ocurre que no se ha limitado a hacer su tarea de penalista sino ha sido también su lobista, y, en algunos casos, verbigracia Alex Saab, su amigo. De la Espriella sostuvo que las pirámides estafadoras de David Murcia eran una forma de democratización del crédito, ha atacado el tratado de extradición y ha pedido que a los narcos se les devolviera una parte de su sangrienta fortuna. ¿Son antecedentes deseables para un Presidente de la República?

Los fanáticos abelardistas nos señalan como “los de siempre”. ¿De siempre no es también Enrique Gómez, su jefe de debate, sobrino de Álvaro y nieto de Laureano? ¿O Char, Fico y Mauricio Gómez Amín, jugados con De la Espriella? ¿O algunos impresentables como Ape Cuello y los compadres de Abelardo en Sahagún? ¿O los de siempre solo busca estigmatizar la campaña de Paloma?

También nos acusan de santistas. Es contraevidente. Pero, además, es contradictorio. ¿No tiene sentido superar las diferencias con los santistas en el propósito común y más importante de rescatar la democracia y las libertades? ¿Entienden los abelardistas que para ganarle al neocomunismo son indispensables los votos del centro y de los independientes? ¿O lo único que les importa es derrotar a Paloma en primera, al costo que sea?

Para rematar las contradicciones, De la Espriella es santista: defendió el pacto con las Farc, voto sí en el plebiscito y no solo aplaudió que les regalaran curules a los criminales farianos sino que dijo que era mejor tenerlos a ellos en el Congreso, que eran mucho mejores que los parlamentarios de entonces, y que el jamás extraditaría a Timochenko.

¿Me acusarán de mentir? Hay videos y pruebas sobre todo lo que acá he dicho. La verdad es que De la Espriella nunca fue un tigre y menos en la lucha contra el delito. Fue vocero de los peores intereses de los más espantosos criminales. En cambio, los que siempre nos hemos jugado contra los delincuentes y los violentos somos nosotros. Los de la extrema coherencia en la defensa de la democracia y las libertades, en la defensa de la Patria, somos nosotros. Aplaudo, por supuesto, que De la Espriella haya corregido y ahora quiera serlo.

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