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Cepeda y los que se quitaron la máscara

hace 8 horas
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  • Cepeda y los que se quitaron la máscara
  • Cepeda y los que se quitaron la máscara

Por Melquisedec Torres - @Melquisedec70

La madrugada del sábado 3 de enero de 2026 será recordada por la extrema izquierda internacional como el punto de quiebre para mostrar su verdadera personalidad, el momento en que debieron quitarse las máscaras –o se las quitaron– exhibiendo su real cariz autócrata, comunista marxista, totalitarista y defensor de la criminalidad encarnada en una brutal dictadura que por más de 20 asoló, sojuzgó y destruyó a uno de los países más ricos y felices del mundo. Esos auto denominados “progresistas” y “socialistas del siglo XXI” se vieron expuestos con toda su desnudez intelectualoide tras la captura del criminal Nicolás Maduro y el sometimiento del régimen chavista a los designios del “imperialismo yanqui”, al que hasta pocas horas antes gritaban que se opondrían “hasta la muerte”.

Pero lo peor estaba por venir. Los siguientes días han sido para mayor vergüenza y desvergüenza mezcladas pues ante la tozudez de los hechos, especialmente el control que ya ejercen Trump y Rubio sobre doña Delcy y su camarilla de bandidos, la masa extremista de izquierda persiste en defender esa ya moribunda dictadura. Y tampoco les importan –como nunca les han importado– los miles de testimonios elocuentes, visibles y brutales que los venezolanos, de carne y hueso, con su cara y su voz le están contando al mundo acerca de los miles de asesinatos, torturas, persecuciones, abusos y corrupción cometidos por Chávez (sí, con Chávez empezó todo) y sus esbirros Maduro, Diosdado, Delcy, Padrino y tantos otros.

Uno de los mejores efectos de la captura de Maduro ha sido esa estruendosa voz de los venezolanos en el mundo; llevaban años silenciados, por el miedo, las amenazas y riesgo sobre ellos y sus familias. Hoy gritan los detalles de la barbarie que han vivido.

El candidato presidencial marxista Iván Cepeda Castro es uno de aquellos no solo sordos y ciegos sino también cómplices y aliados en Colombia, de la dictadura chavista madurista. Y no es una opinión o conjetura, son los hechos, sus palabras y sus actos los que han demostrado que lo es. Y persiste al vaivén del antiimperialismo yanqui y de la “Doctrina Monroe” que Trump está desempolvando, “América para los americanos”, que se refería inicialmente a rechazar la colonización e intervención de Europa en este continente, y se volvió la base para justificar el mismo intervencionismo de Estados Unidos en la región.

Suena razonable y digno oponerse a esa política expansionista gringa en Latinoamérica, rechazar que ese país ejerza como mandamás del río Bravo hacia el sur. El problema es que la fórmula de marxistas como Cepeda es simple, desastrosa y mortal para las libertades: imponer un estado socialista que le haga frente a la poderosa águila yanqui, que se probó con un rotundo fracaso llamado URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas) que cayeron como dominó en 1989 ante la obtusa realidad de su derrumbe económico y social, y el ejercicio de métodos totalitarios que anulan las libertades individuales. Pero a los de Centro y Suramérica no les bastó y llevan 35 años intentando construir acá lo que hasta la saciedad ha demostrado ser el mejor camino al infierno económico y social. Y sin libertad.

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