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Colombia ante un presidente trascendental

Y en ese orden de ideas, en un cambio del orden internacional que además vuelve a poner a América Latina en el centro, Colombia está ahí: aliado histórico de Estados Unidos en la región.

hace 16 horas
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  • Colombia ante un presidente trascendental

Por David González Escobar - davidgonzalezescobar@gmail.com

“How did you go bankrupt?” “Two ways. Gradually, then suddenly.”

— Ernest Hemingway, The Sun Also Rises.

¿Cómo se transforma el orden mundial al que estábamos acostumbrados? Bien lo supo poner Hemingway: primero “poco a poco y, luego, de repente”.

¿Voy a hablar de lo que está pasando en Venezuela? Sí y no.

No, en el sentido de que lo que viene sigue siendo impredecible y no quiero hacer el ridículo de aquí a que se publique esta columna.

Pero sí, ya que, con solo los hechos del 3 de enero, quedaron claras varias implicaciones de fondo que, aunque se venían vislumbrando desde el inicio del segundo mandato de Trump, tras la captura de Maduro, el mundo pasó de sentir “poco a poco” a ver “de repente”.

Y Colombia, en un episodio de impacto global, ya no está en la periferia como se había acostumbrado, sino viéndolo en primera fila.

Lo primero es que lo del sábado pasado ratifica que Trump es un presidente trascendental.

Lo es no porque sea virtuoso o villano —eso habrá que juzgarlo al ver el país y el mundo que deja al final de su mandato—, sino porque encarna una revolución política en la potencia hegemónica que diseñó el orden global que hoy él mismo está desarmando. Su capacidad de imponer temas y movilizar lealtades, así como su voluntad de reconfigurar el Estado que heredó y la proyección de Estados Unidos hacia el mundo, ya están cambiando las reglas del juego: con Trump, romper precedentes y normas se volvió la norma. Y su país lo eligió sabiendo eso.

El multilateralismo, con la ONU como máxima expresión, que Estados Unidos promovió desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, ya moribundo antes de Trump y parte del caldo de cultivo de su ascenso, recibe su estocada final con episodios como la intervención en Caracas: apenas una de las muchas agendas de la “revolución política” de Trump.

La lógica transaccional, de “suma cero”, que está imponiendo Trump busca reescribir la Doctrina Monroe, ahora bautizada Donroe: ya no se trata simplemente de advertir a potencias externas que no interfieran en el hemisferio, como en el siglo XIX, sino de reclamar una primacía activa y agresiva sobre lo que Estados Unidos considera su esfera de influencia, empezando por América Latina, con la diferencia de que ahora, de cara al mundo, ese intervencionismo se presenta cada vez menos “idealista” y mucho más utilitario.

Venezuela y Maduro es donde quedó cristalizado lo anterior, pese a que durante un año el mundo ya había estado advertido. Y aunque muchos alegan que esta visión del mundo traerá inestabilidad, esa inestabilidad ya venía en marcha: según Eurasia Group, hoy hay más de 60 conflictos activos, el mayor registro desde la Segunda Guerra Mundial, y no nacieron en “el mundo de Trump”.

Más bien, en casos como el de Venezuela, frente a un régimen opresivo que destruyó la economía, desmanteló la democracia, se robó elecciones y provocó un éxodo masivo —ante el cual fracasaron los esfuerzos diplomáticos del “viejo orden”—, Trump puede representar una manera de cortar el nudo gordiano allí donde el multilateralismo no dio respuestas.

¿Riesgos? Sin duda. Pero, para los venezolanos —y para buena parte de América Latina, más antimadurista que antiyanqui—, un escenario preferible.

Y en ese orden de ideas, en un cambio del orden internacional que además vuelve a poner a América Latina en el centro, Colombia está ahí: aliado histórico de Estados Unidos en la región, único país grande de Sudamérica cuyo principal socio comercial sigue siendo Estados Unidos —y no China—, y una de las democracias más estables y duraderas del continente.

Habrá que ver si el país entiende, más allá del ruido de la coyuntura, la trascendencia de lo que está viviendo Estados Unidos y el mundo...

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