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Por Marcela Giraldo Muñoz* - opinion@elcolombiano.com.co

Es más lo que nos une que lo que nos separa

hace 7 horas
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  • Es más lo que nos une que lo que nos separa
  • Es más lo que nos une que lo que nos separa

Por Marcela Giraldo Muñoz* - opinion@elcolombiano.com.co

“La JEP es de nosotros”, me dijo una víctima. Era detractora de la JEP y ahora, después de participar en ella, la defiende. Dijo que los espacios de escucha no pertenecen a la izquierda ni a la derecha, ni deberían depender de las disputas políticas. Estoy de acuerdo.

Impartir justicia en un país que sigue en conflicto es desafiante. Muchas víctimas y comparecientes enfrentan amenazas por participar en la JEP y cerca de 500 firmantes de Paz han sido asesinados. A pesar de eso, estoy convencida de que esta labor vale la pena. En ocho años, más de 15.492 exFarc-EP, miembros de la fuerza pública y terceros civiles se sometieron a la JEP. Se ha resuelto la situación jurídica de más de 2.272 comparecientes y dictado sentencias contra 19 máximos responsables. Más de 15.000 víctimas individuales y 424 colectivas - agrupando más de 200.000 víctimas- han participado. Se han hecho más de 150 entregas de cuerpos de personas que estaban desaparecidas y protegido más de 80 lugares donde pueden encontrarse más.

Pero más que las cifras, estos años he sido testigo de una Colombia resiliente que insiste en salir adelante a pesar de la guerra y las heridas. Esa profunda convicción de que este puede ser un mejor país es, quizás, el primer punto de encuentro que tenemos como sociedad. Lo he visto en las víctimas que, habiendo experimentado la violencia más atroz, han encontrado formas de preservar la memoria y atravesar el dolor. Una de ellas decía: “la adversidad nos enseña a renacer de nuestro fuego interior. Incluso después de la destrucción, siempre hay una oportunidad para crecer y brillar de nuevo”. Muestra de una resiliencia inefable de los colombianos.

También hay víctimas que han recibido verdades y reconocimientos esquivos por años: una sobreviviente de una toma guerrillera, al escuchar a los comparecientes reconociendo responsabilidad, decidió perdonar. Otra que, sin conocer el paradero de su hermano, encontró fortaleza para seguir buscando. Una, cuyo padre fue secuestrado, decidió “apostarle al perdón, porque el odio y el resentimiento eran un peso que me impedía avanzar”. Y vi el descanso en los rostros de quienes encontraron el cuerpo de su ser amado a quien buscaron por décadas. Sé que, como sociedad, nos une el deseo de que quienes han sufrido tengan alivio y justicia.

También escuché a una víctima, cuyo padre fue ejecutado extrajudicialmente y presentado falsamente como un guerrillero dado de baja en combate, agradecer a la JEP porque se “restituyera la honra de quienes durante años fueron reducidos al silencio y el estigma”. Ese también es un deseo compartido, el anhelo de verdad y de dignidad para los nuestros.

He visto las voces cortadas de comparecientes que piden perdón y reflexionan sobre cómo hicieron tanto daño al pueblo que juraron proteger o aquel por el que decían luchar. Muchos, tras la desmovilización, apostaron a la legalidad. Nos une la esperanza de que quienes cometieron crímenes no lo hagan más, que reconozcan su responsabilidad y dediquen su energía a reparar el daño causado.

La JEP fue concebida para garantizar los derechos de las víctimas, darles seguridad jurídica a los comparecientes, esclarecer lo ocurrido y contribuir a que la sociedad lo comprenda. Estos no son procesos inmediatos ni lineales. Mirar la guerra es difícil porque implica acercarnos al horror y develar verdades dolorosas donde por décadas hubo silencio. Pero también es un camino lleno de esperanza, de resiliencia, de espacios donde regresa la dignidad.

Les invito a que identifiquemos nuestras convergencias. Nos une la apuesta por construir país y la empatía por quienes sufrieron la guerra. Sigamos encontrando verdades, tendiendo puentes y sanando heridas. Sigamos construyendo juntos para que este país, que tanto ha sufrido, también pueda renacer.

*Magistrada de la JEP

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Por Marcela Giraldo Muñoz* - opinion@elcolombiano.com.co

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