Pico y Placa Medellín
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Ingeniero, emprendedor e inversionista en tecnología, con más de quince años de experiencia en San Francisco, donde descubrió bitcoin y compró sus primeros BTC en 2013. Ha levantado más de USD 100 M para startups y aplica first principles thinking para identificar apuestas asimétricas en compañías como Tesla, Robinhood, Palantir y Solana. Es cofundador y anfitrión de 10AMPRO. Piensa que Medellín puede multiplicar su economía y talento, convirtiéndose en un hub global de innovación estratégica y sostenible.
La peor inversión de esta década tal vez sea dedicar toda la inteligencia a ganar el próximo salario sin preguntarse qué construye con él.
Por Hernán Jaramillo - @holdmybirra | @10ampro
Hace veinte años el manual era fácil: estudie, consiga un buen trabajo, compre una casa y pague cuotas sin atrasarse. Si hacía todo bien, se suponía que iba a progresar. Hay gente que siguió el manual al pie de la letra y hoy siente que corre más rápido para quedarse en el mismo sitio. No es una impresión. Cambiaron las reglas, pero nadie se molestó en avisarle.
La mejor manera de entender el cambio es dibujar una K. Dos personas parten del mismo punto y toman caminos que se separan. Una ve crecer su patrimonio. La otra ve crecer sus obligaciones. Las dos trabajan, las dos consumen, las dos reciben noticias sobre una economía que supuestamente mejora. Solo una siente la mejoría en su balance. El mecanismo parece trivial hasta que pasan los primeros años. Quien destina parte de sus ingresos a comprar activos productivos —participaciones en empresas, negocios, propiedad que genera ingresos— adquiere algo que puede aumentar de valor sin exigirle una hora adicional de trabajo. Quien destina cada aumento salarial a financiar un carro caro, otro teléfono o una cuota más larga, compra la obligación de seguir trabajando para pagar lo que consumió. Una cosa es patrimonio. Otra, apariencia de patrimonio.
Pero quedarse en esa explicación sería mirar el retrovisor. La inteligencia artificial está agrandando la abertura de la K a una velocidad que todavía no entendemos. Imagine dos profesionales con acceso a la misma herramienta. Uno le pide que redacte correos y resuma videos. El otro la usa para estudiar empresas, contrastar cifras, diseñar productos y tomar mejores decisiones. Pagan lo mismo. Uno ahorra minutos. El otro multiplica su capacidad de producir.
La diferencia no está en la tecnología. Está en el criterio de quien hace las preguntas. Cuando la máquina puede entregar respuestas baratas, pensar bien se vuelve más valioso, no menos. Y quien delega hasta su curiosidad termina con respuestas impecables sobre preguntas mediocres.
La K parte ciudades. Quien controla energía, capacidad de cómputo y distribución participa de la productividad nueva; quien solo compra esos servicios paga el peaje. Para Colombia, entenderlo no es una curiosidad financiera. Es una decisión de desarrollo.
Eso discutimos el 14 de octubre en Medellín, durante el Día D de 10AMPRO. Hablamos de capital, energía, inteligencia artificial y mercados, pero la conversación de fondo era una sola: cómo dejar de mirar las grandes transformaciones desde la tribuna y empezar a participar en ellas. El futuro también tiene dueños. Alguien posee las empresas, las redes y la infraestructura que hacen posible ese crecimiento.
No estoy diciendo que un asalariado esté condenado ni que comprar acciones garantice hacerse rico. Estoy diciendo que confundir un aumento de ingresos con un aumento de riqueza puede salir carísimo. Y que la peor inversión de esta década tal vez sea dedicar toda la inteligencia a ganar el próximo salario sin preguntarse qué está construyendo con él. **La economía en K no pregunta cuánto trabaja usted. Pregunta qué está acumulando mientras trabaja.**
Ingeniero, emprendedor e inversionista en tecnología, con más de quince años de experiencia en San Francisco, donde descubrió bitcoin y compró sus primeros BTC en 2013. Ha levantado más de USD 100 M para startups y aplica first principles thinking para identificar apuestas asimétricas en compañías como Tesla, Robinhood, Palantir y Solana. Es cofundador y anfitrión de 10AMPRO. Piensa que Medellín puede multiplicar su economía y talento, convirtiéndose en un hub global de innovación estratégica y sostenible.