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La comparación con Petro resulta inevitable. Quienes lo consideramos genética e ideológicamente un ñu estamos expectantes a su comportamiento en la salida del poder.
Por Juan Mario Giraldo - @juanmgiraldor
En el año 2003 el escritor y periodista venezolano Óscar Yanes dio una entrevista televisiva que todo colombiano culto debería conocer. Chávez llevaba casi cinco años en el poder y había revelado su verdadero rostro confirmando con la Constituyente de 1999 los temores de una dictadura con bases constitucionales. La entrevista, bastante conocida entre la diáspora venezolana, es hoy de una lucidez premonitoria que sirve como espejo de nuestra propia realidad política.
No miento si digo haberla visto 20 veces o más. Incluso sé de memoria varios pasajes, no solo por la genialidad de su contenido, sino porque Yanes es muy agradable de escuchar, pues tiene la firmeza de un roble y habla con ese elocuente desparpajo propio de los hombres letrados del Caribe. “Antes se hacían chistes para que la gente se riera”, dice. explicando el humor venezolano. “Por ejemplo, al general Gómez se le decía ‘el bagre’. Y la gente se reía, porque el bagre, en las profundidades de los ríos y los lagos, come una cantidad de porquerías. Pero ahora no; ahora lo que el pueblo recibe como mensaje serio es el chiste”.
Esta contradicción del chiste como mensaje serio abre la pregunta por cuál es el mejor chiste que se puede contar. Una pregunta interesante para inicios de un gobierno socialista. Si el humor se ha convertido en el vehículo de las verdades, entonces el mejor chiste debe ser también el mensaje más serio que se puede enviar. Yanes tenía una respuesta —que elabora a lo largo de la entrevista— y que, a mi modo de ver, es imbatible en elegancia y claridad. Para explicar la política venezolana recurrió a una parábola extraña que bautizó como “la parábola del ñu”.
El ñu, decía, es un animal de las planicies africanas idéntico a un toro. Tiene cabeza de toro, patas de toro y rabo de toro, pero no es toro. Entonces, un andaluz o un gran matador, por más diestro que sea no puede confundir nunca uno con el otro porque si por error pretende torear a un ñu, el resultado es muerte. Muerte segura porque el animal no entiende ese sistema y no va al capote. Conectaba con Chávez diciendo: “En la política venezolana pasa lo mismo, intentamos oponernos a un régimen con la faena clásica que se usa para un político. Pero aquí no está gobernando Caldera, ni Carlos Andrés Pérez, Lusinchi, Luis Herrera. No, esos son toros. Aquí está gobernando un ñu y el ñu no entiende de democracia”.
Dicho en lenguaje criollo, para Óscar Yanes era imposible salir de Chávez utilizando métodos democráticos porque Chávez no era un demócrata. Tuvo razón. Hoy, 20 años después, la metáfora sigue vigente, la entrevista en YouTube tiene más vistas que nunca y la comparación con Petro resulta inevitable. Quienes lo consideramos genética e ideológicamente un ñu estamos expectantes a su comportamiento en la salida del poder; sabemos que será complejo, que no reconocerá los resultados y que solo de él depende animarse a cometer algún delito como la “seducción de la tropa” para la retención ilegal del mando. El Comandante Aureliano está en una situación incómoda, debe escoger si pasa a la historia como el revolucionario que entregó el poder mediocremente como cualquier Pastrana o si en línea con la tradición de Bolívar y Allende se anima a darnos —con la ayuda de sustancias alucinógenas— un espectáculo digno de Cien años de soledad.