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Por Andrés Felipe Gaviria Cano - opinion@elcolombiano.com.co

El futuro de las telecomunicaciones debe convertirse en proyecto nacional

La ruralidad necesita una estrategia propia: no existe una única tecnología capaz de resolver todas las necesidades.

hace 1 hora
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  • El futuro de las telecomunicaciones debe convertirse en proyecto nacional

Por Andrés Felipe Gaviria Cano - opinion@elcolombiano.com.co

Las telecomunicaciones suelen aparecer en el debate público cuando sube una tarifa, falla una red o se realiza una subasta de espectro. Esa visión es demasiado limitada.

La conectividad es una infraestructura nacional, igual que las carreteras, los puertos y el sistema eléctrico. De su calidad dependen la educación, la productividad, la salud, los servicios financieros, la seguridad y la capacidad del Estado para llegar a los ciudadanos.

Colombia ha avanzado. Al cierre de 2024, la fibra óptica representaba cerca del 48 por ciento de las conexiones fijas. En el primer trimestre de 2026, el país tenía alrededor de 10,5 millones de accesos fijos y 49,6 millones de accesos móviles. Sin embargo, la calidad, el precio y la disponibilidad del servicio cambian de manera profunda entre ciudades, municipios y zonas rurales: tener cobertura en un mapa no significa que una familia pueda pagar un plan o usar la conexión de manera productiva.

El futuro de las telecomunicaciones no consiste solamente en instalar más antenas. Las redes utilizan cada vez más software, computación en la nube, inteligencia artificial y automatización, y los satélites comienzan a conectarse directamente con teléfonos convencionales. En febrero de 2026, Claro, Movistar y Tigo anunciaron en Colombia las primeras soluciones para verificar identidad y reducir el fraude desde la propia red: la señal de que una red ya no es solo un canal que transporta datos.

Esa evolución exige una regulación más preparada. Colombia necesita promover inversión y competencia, pero también vigilar la concentración del mercado: la integración operativa de Tigo y Movistar, materializada en 2026, creó un segundo actor con cerca del 39 por ciento de los accesos móviles, y la CRC mantiene el mercado bajo vigilancia preventiva.

El país también debe facilitar el despliegue de infraestructura. En muchos municipios, los permisos para instalar antenas o tender fibra son lentos y distintos entre localidades, lo que encarece los proyectos. Compartir torres, ductos y postes puede reducir costos, sobre todo donde no hay demanda suficiente para duplicar redes.

La ruralidad necesita una estrategia propia: no existe una única tecnología capaz de resolver todas las necesidades. Colombia debe combinar fibra, redes móviles, acceso fijo inalámbrico, satélites y redes comunitarias, según el territorio, la densidad de población y los usos productivos de cada región.

También es necesario convertir el 5G en una herramienta productiva: su mayor valor aparece en puertos, hospitales, fábricas, carreteras, fincas y redes eléctricas, no en navegar más rápido desde un teléfono.

Buenaventura podría probar soluciones portuarias, el Eje Cafetero profundizar la agricultura de precisión, y la Amazonía avanzar en telemedicina y monitoreo ambiental.

El futuro de las telecomunicaciones no es una conversación exclusiva de operadores y reguladores: es una discusión sobre el modelo de país que queremos. Colombia será más moderna cuando la calidad de una conexión no dependa del código postal, cuando una empresa pueda competir desde cualquier municipio y cuando el Estado sea accesible desde una ciudad o una vereda.

La conectividad no es el resultado final de la modernización. Es una de las condiciones que permiten alcanzarla.

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