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El fin del Petroverso

Así, el 7 de agosto se va el presidente y se acaba el Petroverso. Aunque, muy a mi pesar, quién sabe por cuánto...

hace 7 horas
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  • El fin del Petroverso

Por David González Escobar - davidgonzalezescobar@gmail.com

Esta columna nació el 11 de febrero de 2022, ad portas del Petroverso: no recuerda un mundo sin Petro merodeando el poder, presa de sus garras, de las cuales será liberada a partir del próximo 7 de agosto: esta es la última vez que mi nombre sale en el impreso dominical con Petro de presidente.

Y he tratado de alejarme de él: créanme. Trato de escribir de libros, de sucesos de afuera o de temas banales, pero la fuerza centrípeta del poder no me suelta: 356 veces he escrito la palabra Petro en unas 230 columnas, como ahora se puede medir a cabalidad gracias a la IA. En el 38,8% de ellas, para mayor precisión, ha salido su nombre. En el primer semestre de 2022, cuando ni siquiera era presidente, estuvo en más del 70%. Mi despetrificación se notó: logré bajarlo a menos del 30% el año pasado, aunque a veces se sienta más.

Pero cesó la horrible noche. Se acaba el gobierno de Petro, así que no podía no dejarle espacio a una última mención: las dos cosas que, luego de cuatro años, creo que más definieron su paso por la Casa de Nariño.

La primera es el caos. Petro entendió, creo que antes que cualquiera en nuestra política, que el desorden le servía: cada escándalo fue tapando al anterior, y ninguno duró lo suficiente para hacerle daño de verdad. Lo que en cualquier otro gobierno habría sido una crisis de meses, en este no pasaba de ser el tema de la semana. Y así mantuvo al país entero hablando de él: de sus trinos, de los escándalos, de sus alocuciones, de sus consejos de ministros. Logró, además, tener a todo el mundo en un estado constante de confrontación, con un enemigo nuevo cada semana: las cortes, los gremios, los medios, Trump. Mientras más caos, más pelea, más escándalos, mejor le fue: la radicalización y el enfrentamiento fueron los que lo llevaron a casi el 50% de favorabilidad al final de su mandato, y no al revés.

La segunda es que dejó izquierda para rato. Su mayor legado político será ese: convertir una izquierda de élites intelectuales, fragmentada y aislada en Bogotá, en un movimiento unificado, con la lucha de clases como bandera y presencia en todo el país. En estas elecciones su movimiento creció sobre todo en Antioquia, el Eje Cafetero y otras regiones del interior donde antes casi no existía como fuerza política. Y en las regionales del otro año, el Pacto Histórico competirá con fuerza por las alcaldías de Bogotá, Cali y Barranquilla, y por las gobernaciones del Valle, del Atlántico y de muchas otras donde, a juzgar por sus resultados al Congreso, podría destronar a la política tradicional. Si Petro decide de verdad ponerse al frente para mantener la inercia, e incluso lanzarse a la alcaldía de Bogotá o de Barranquilla, dará mucho de qué hablar todavía.

Así, el 7 de agosto se va el presidente y se acaba el Petroverso. Aunque, muy a mi pesar, quién sabe por cuánto...

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