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Lo más fácil habría sido permanecer fragmentados por opiniones o posturas políticas del pasado. Segundo, porque cuenta con legitimidad popular.
Por Federico Hoyos Salazar - contacto@federicohoyos.co
La buena política comienza cuando personas que piensan distinto deciden construir algo juntos. Encontrar acuerdos en medio de las diferencias es, quizás, una de las cualidades más importantes de un buen líder público. Sin embargo, en Colombia durante años nos han querido dividir con premisas falsas y luchas ficticias. Desde los más altos círculos del poder se ha hablado de amigos y enemigos de la paz, de ricos contra pobres, de trabajadores contra empresarios. Así actúan quienes encuentran en la confrontación su vigencia.
En La condición humana (1958), Hannah Arendt recuerda una idea relevante para el actual momento: los seres humanos somos iguales en dignidad, pero distintos en nuestras ideas. De esa diferencia surge la necesidad de la política. La democracia no consiste en eliminar esas divergencias, sino en crear un espacio donde puedan encontrarse y convertirse en decisiones comunes.
En ese contexto, la convergencia entre Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo es un testimonio de la capacidad de construir un proyecto común en un entorno marcado por la división promovida desde el gobierno nacional. Esta coincidencia política rompe el guion de la confrontación que ha dominado el debate público en los últimos años.
Desde que esta unión política fue anunciada, el discurso de confrontación que ha dominado el debate público ha perdido fuerza. Cuando emergen liderazgos capaces de encontrar puntos de encuentro, la política deja de girar exclusivamente alrededor del conflicto.
Pero las buenas alianzas no se construyen como reacción a algo, sino como una propuesta para romper la inercia. En ello radica la innovación y la potencia del acuerdo Paloma–Oviedo.
Primero, porque fue una decisión contracorriente. Lo más fácil habría sido permanecer fragmentados por opiniones o posturas políticas del pasado. Segundo, porque cuenta con legitimidad popular. Y tercero, porque este entendimiento se construyó reconociendo las diferencias existentes y respetándolas, encontrando al mismo tiempo un propósito mayor que trasciende cualquier debate político: la defensa de la Constitución y de la democracia.
Esta unión además de sumar liderazgos, propone un nuevo proyecto compartido. Significa convocar a una sociedad para reencontrarse alrededor de un propósito común.
La lucha por nuestro futuro requiere grandeza, y esto es lo que encontramos en Paloma y Juan Daniel: generosidad y convergencia en lo esencial que es la preservación de la Constitución y la democracia colombiana.