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Venezuela, ni petróleo ni democracia: tierras raras

hace 4 horas
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  • Venezuela, ni petróleo ni democracia: tierras raras

Por Beatriz de Majo - beatrizdemajo@gmail.com

Este mes de enero marcó un punto de inflexión en la historia de Venezuela y su relación con Estados Unidos. Oficialmente, Washington justifica la extracción del dictador Nicolás Maduro dentro de su lucha contra el narcoterrorismo.

Algunos analistas ven en ello un paso hacia la restauración de la democracia. Para otros priva el deseo americano de controlar la colosal riqueza petrolera que yace en el subsuelo. En esto hay bastante más que esos análisis inocentes.

Una motivación estratégica menos evidente, pero igualmente decisiva, tiene que ver con el control por parte de China de las tierras raras y otros minerales críticos presentes en el territorio venezolano. Hablamos de elementos químicos esenciales para tecnologías de defensa, semiconductores, baterías de alto rendimiento y sistemas de comunicaciones avanzados. No solo son técnicamente vitales, también representan un eje de poder geoeconómico global.

Venezuela, a través del Arco Minero del Orinoco, posee reservas considerables de coltán y otros minerales estratégicos que hoy forman parte de la “transición tecnológica” mundial. Las tierras raras han ganado importancia para las capacidades militares y tecnológicas globales mientras China monopoliza el procesamiento de 91% de ellas en el planeta.

Para Washington, la procura y mantenimiento de un inventario de tierras raras tiene hoy la misma prioridad que sus stocks de combustibles y municiones. Un buen dato es que Estados Unidos depende en un 100% de las importaciones de 12 minerales críticos y en más de un 50% de otros 50 minerales clasificados como “esenciales” para la seguridad nacional. En este contexto, lo que se está jugando en Venezuela es una expulsión de influencia adversaria y control de recursos críticos.

Estas substancias son extraídas ya en Venezuela de manera irregular en el sur del país y trasladadas a Colombia, donde se blanquean antes de llegar con frecuencia a China para su procesamiento. Grupos armados y redes criminales, incluidas organizaciones como el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y disidencias de las FARC, están involucrados en la extracción y transporte clandestino de arenas negras y minerales estratégicos por rutas fluviales y terrestres hacia territorio colombiano.

Esta actividad ilegal tiene implicaciones cruciales más allá del hecho de que sus proventos no alimentan el tesoro público venezolano y ocurren sin control institucional. Fortalece soterradamente la presencia de China en un negocio clave para la seguridad militar de EE.UU. Pero, además, atornilla a China en un país clave del subcontinente, lo que va en detrimento de la gravitación norteamericana en su área de influencia natural.

Mientras tanto, la repetición de la retórica de Donald Trump sobre el petróleo -una narrativa de fácil compresión para el público- le resta protagonismo a la urgencia estratégica real del control de los minerales críticos. Conviene a ciertos sectores políticos mantener al público enfocado en viejos símbolos energéticos, mientras se despliegan iniciativas que buscan asegurar cadenas de suministros estratégicas y reducir la dependencia de países como China en tecnologías clave.

Si se quiere entender la verdadera dimensión de la intervención estadounidense en Venezuela, es imprescindible mirar más allá del petróleo y del restablecimiento de la institucionalidad. El control de recursos tecnológicos del futuro -tierras raras y minerales críticos- están en el corazón de la agenda estadounidense.

Irán, Rusia y China, protegidos por el madurismo, desafían la seguridad nacional de Estados Unidos desde el corazón venezolano, pero las actividades de China en este particular sector concitaban ya a una acción decisiva por parte del Pentágono y de la Casa Blanca.

La defenestración de Nicolás Maduro calza a la perfección.

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