Medellín enfrenta una paradoja crítica: mientras la natalidad cae, la red hospitalaria para atender partos se desploma. El cierre de 30 camas en la Clínica El Prado reduce la oferta de la ciudad a solo 215 unidades, una cifra que, según la Alcaldía, deja un déficit de 100 camas esenciales para garantizar la seguridad de las madres.
Esta curva descendente en la capacidad ginecobstetra pareciera ir acorde con la disminución de la cantidad de partos al año que se tienen en la ciudad. En 2010 nacieron 38.825 niños, mientras que una década y media después se registraron 28.217 nacimientos, lo que significa que 10.608 madres menos dieron a luz en un año.
Para hablar solamente de la situación que se vive en la Clínica El Prado –la última que decidió reducir su capacidad–, este centro asistencial pasó de 60 camas a solo 30, todo para sobrellevar la situación sin tener que recurrir a medidas más radicales como el cierre definitivo de uno de sus servicios insignia.
Juan Carlos Estrada Vélez, gerente de esta clínica, explicó que “nuestro problema pasa porque tres de nuestros clientes, que son EPS intervenidas por el Gobierno, nos deben $37.000 millones, lo que nos representa un hueco muy grande para hacer frente a las obligaciones laborales y sociales dentro de la entidad”.
Esto conllevó a que esta clínica pasara de 30 camas para partos de riesgo bajo a solo 20, mientras que las de mayor complejidad dejaron de ser 20 y ahora solo es una decena, situación que lleva al límite la atención de los partos en la ciudad, puesto que el año pasado la Clínica Las Américas se “bajó del bus” y cerró las cinco camas que tenía para este servicio médico.
La debacle en 15 años
El descenso en este servicio ha sido paulatino por centro asistencial, llegando a tener un estimado de 200 camas menos en los 15 años recientes. El San Vicente Fundación, de Medellín, también cerró las 32 camas de obstetricia en 2022 y la Clínica El Rosario cerro las 30 que tenía en su sede del Centro en 2023.
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Desde el 2012 dejó de ser viable para los hospitales atender los partos, puesto que desde entonces las clínicas León XIII, Sagrado Corazón y Las Vegas también cerraron de manera definitiva estos servicios, recargándolos al sector público y a los privados que aún luchan en medio de la crisis de la salud por no cerrarle la puerta a los servicios por los cuales llegan al mundo los nuevos medellinenses.
Uno de los problemas con los que deben batallar los centros asistenciales para poder atender los partos es que las EPS tampoco pagan mucho por ellos, dejando apenas recursos para poder solventar lo básico y que tampoco este servicio genere pérdidas, siempre y cuando lo paguen.
Según el gerente de la Clínica El Prado, las EPS pagan entre $2 millones y $2.500.000 por cada nacimiento, pero esto no significa que estos recursos sean libres. A partir de ese monto hay que empezar a derivar los gastos, quedando rentabilidad mínima para cada hospital.
“La utilidad es muy bajita porque de ese valor que recibimos por cada parto sale la nómina el ginecobstetra, el anestesiólogo, el médico general, la pediatra, el circulante, la enfermera jefe, las auxiliares, los medicamentos, los insumos, la ropa de la habitación y la alimentación de la materna. Además, se incluye el tiempo que se demora el parto y el periodo que debe permanecer internada, que no debe ser menor a las 24 horas”, explicó el gerente Estrada.
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Así las cosas, los que cuentan con mayor espacio para atender los partos son los hospitales públicos, que cuentan con 111 camas, de las cuales 59 están instaladas en el Hospital General y las restantes 52 se encuentran en la Unidad Intermedia de Manrique, de la red de Metrosalud.
El sector privado, con la reducción a la mitad de la Clínica El Prado, dejó habilitadas 104 camas, siendo la Clínica Bolivariana la que tomó la batuta como la que más tiene disponibles con 34. La Clínica del Prado quedó con 30, la Soma cuenta con 25 y la Clínica El Rosario dejó 15 habilitadas en su sede El Poblado, luego del cierre de todas las de su sede central.
La caída de los nacimientos
Todo este panorama iría acorde con que las nuevas generaciones cada vez están menos prestas a traer hijos al mundo. Después de tener un pico en el 2017 con 42.702 nacimientos, a partir de ese momento empezó a decaer la cifra lentamente, llegando a la baja histórica que se tiene en la actualidad.
Para 2020, año de la pandemia del covid-19, se registraron 38.316 nacimientos y de ahí la baja se empezó a dar lentamente, pasando en 2021 a 35.782 personas, en el 2022 fueron 35.158 nacimientos y para 2023 el registro ya estaba bordando los 30.000, con los 31.936 bebés que llegaron al mundo en ese periodo.
Según un estudio del exministro de Salud, Alejandro Gaviria, el desplome de la fecundidad en Colombia ya es un hecho estructural. La tasa global de fecundidad pasó de 1,5 hijos por mujer en 2020 a cerca de 1,1 en 2024, con estimaciones incluso menores en encuestas recientes.
La reducción ocurre en todos los grupos de edad, niveles educativos y territorios. “La caída de la fecundidad está asociada a transformaciones estructurales: urbanización acelerada, expansión educativa, mayor disponibilidad de métodos anticonceptivos y cambios sustanciales en aspiraciones y expectativas”, señaló el estudio.