El regreso de la electricidad a Cuba avanza, pero lo hace a medias y con incertidumbre. Tras un apagón generalizado que dejó a la isla a oscuras durante casi 30 horas, el sistema eléctrico comenzó a reconectarse gradualmente este martes, en medio de una crisis energética que sigue marcando la vida cotidiana de millones de personas.
En La Habana, donde viven cerca de 1,7 millones de habitantes, el servicio empezó a restablecerse de forma parcial, primero alcanzó al 45 % de los hogares y luego llegó a cerca del 55 %, según datos oficiales. Sin embargo, tener luz no significa estabilidad. Los cortes continúan en amplias zonas debido a la baja capacidad de generación.
Aunque el sistema eléctrico nacional logró reconectarse de extremo a extremo, desde Pinar del Río hasta el oriente del país, las autoridades aún no han explicado qué provocó la desconexión total. “No detectaron ninguna avería en la red”, indicaron, dejando más preguntas que respuestas en un país acostumbrado a los apagones.
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En las calles, la preocupación es cotidiana. El temor se mide en alimentos que se dañan y rutinas interrumpidas. “El temor es siempre que el apagón se dilate y que se te eche a perder lo poco que tienes en el frío (heladera), porque todo está caro”, contó a AFP Olga Suárez, una jubilada de 64 años en el barrio Vedado. Su testimonio conecta con una realidad repetida, “Por lo demás, ya uno está acostumbrado, porque aquí casi todo el tiempo te acuestas y te levantas sin luz”.
Detrás del colapso hay un sistema energético envejecido. Buena parte de las termoeléctricas supera los 40 años de funcionamiento, lo que aumenta la frecuencia de fallas. A esto se suma un factor más reciente, la escasez de combustible. El especialista de la Unión Eléctrica, Linel Cruz, explicó que el restablecimiento ha sido “complejo” porque los motores que aceleran la recuperación operaron con limitaciones por falta de diésel.
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Ese déficit energético tiene un origen político y económico. Desde enero, el gobierno de Donald Trump suspendió los envíos de petróleo desde Venezuela y amenazó con sanciones a países que abastezcan a la isla, lo que ha reducido drásticamente el combustible disponible. Washington justifica estas medidas al considerar a Cuba una “amenaza excepcional” para su seguridad nacional.
En respuesta, el gobierno de Miguel Díaz-Canel ha implementado medidas de emergencia, racionamiento de gasolina, suspensión de la venta de diésel e incluso recortes en servicios hospitalarios. Aun así, el impacto es evidente, la economía, ya golpeada, se encuentra prácticamente paralizada.
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