Molly temblaba, pero de emoción. En su silla de ruedas, vistiendo la camiseta de la Selección Colombia y la sudadera roja del Valle del Cauca, departamento donde nació, la niña no paraba de sonreír mientras observaba detenidamente a James Rodríguez.
Luego, de una bolsita negra que llevaba en sus manos, la menor sacó una manilla con los colores amarillo, azul y rojo y se la entregó, en plena concentración del combinado patrio en México, al capitán de la Tricolor. Sueño cumplido.
Molly convive con una parálisis cerebral y sufre de convulsiones, pero esto no ha sido impedimento para seguir luchando, con la ayuda de sus seres queridos, por lograr lo que se propone.
Gracias a la habilidad que posee en sus manos, empezó a fabricar pulseras “de la buena suerte”, como ella misma expresa, para cada jugador e integrante del cuerpo técnico de la Selección presentes en la Copa Mundo.
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Su historia de resiliencia es tan inspiradora que tocó el corazón de la Tricolor en Guadalajara, México, donde fue recibida por el propio James Rodríguez.
Hace cuatro días, y tras el debut victorioso del onceno que dirige Néstor Lorenzo ante Uzbekistán (3-1), el padre de Molly, Jairo Bustamante, le dio la gran noticia a su hija: viajarían a Norteamérica para que ella misma le entregara a Rodríguez los amuletos que diseña.
Este lunes, tras su arribo a suelo azteca, Molly materializó su anhelo. James, conmovido, se colocó de inmediato la pulsera en su mano derecha tras fundirse en un emotivo abrazo con la vallecaucana. “Es un gusto conocerte”, le dijo el ‘10’.
“Es para la buena suerte, para que ganen la final”, le expresó Molly al entregarle el detalle para él y el resto de sus compañeros. “Me siento muy feliz por cumplir mis sueños”, agregó la menor.
Una dura batalla
Jairo Bustamante relató a través de su cuenta de Instagram que su hija empezó a sufrir de convulsiones en 2020.
“La mamá detectó su primera convulsión y me llamó: ¡Jairo, Jairo, la niña!”, recordó el padre.
Mientras él narra la dura vivencia, Molly, con la nobleza que la caracteriza, sonríe a su lado. “Yo la vi allí convulsionando, moviendo las manos, los ojos y la lengua, y me asusté muchísimo. Corrí con ella a la calle; era la una de la mañana. No pasaba ni un carro, pensé que se estaba muriendo, era un dolor tremendo. Esa convulsión le duró casi seis minutos. Lo único que paró fue una moto; la subimos y nos fuimos para el hospital de Yumbo, donde la lograron estabilizar. Luego la remitieron para Cali, donde estuvo 15 días hospitalizada”.
Las crisis no pararon. La última de ellas ocurrió el 13 de septiembre de 2025.
“Ser papá te enseña muchas cosas, y ser papá de un hijo en condición de discapacidad te enseña mucho más, pero nadie te habla del miedo. Ese miedo silencioso que aparece cuando no sabes si lo estás haciendo bien. Yo también lo he sentido muchas veces: miedo al futuro, a equivocarme, a no ser suficiente, pero entendí algo: significa que lo que amas es tan grande que vale la pena enfrentarlo”, reflexionó Jairo.
Al final, el orgulloso padre dejó un mensaje contundente sobre la fe y la constancia: “Los sueños no se cumplen solos. Se cumplen porque alguien cree en ellos y los sostiene hasta que se hacen realidad. Ese sueño tiene nombre: Molly Bustamante”.
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