En el primer piso de la Corporación Cultural Canchimalos (Calle 47DD #88-24, Santa Lucía) hay un retrato pintado de un hombre que tiene la mitad del rostro rasurada mientras la otra mitad está cubierta por la barba. Se trata de Óscar Vahos, el artista que hace cincuenta años creó un grupo que combinó la música, la danza y las artes vivas. Con el tiempo, y tras los cambios de nombre y lugar de trabajos, ese grupo llegó a ser Canchimalos.
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Un poco de historia. Vahos fue profesor de la Escuela Popular de Arte (EPA) y creó allí una propuesta pedagógica basada en el juego, a la que llamó “lo prelógico”. “Fue encontrando que este juego tenía unos núcleos que él llamaba el ADN cultural”, cuenta Miriam Páez Villota, coordinadora de Canchimalos. El interés por investigar las expresiones de la tradición y la cultura popular llevó a que músicos y bailarines de la EPA se juntaran y formaran el Coro Musical Canchimalos.
Durante las primeras dos décadas, el grupo no tuvo un lugar fijo. Ensayaron en el aeropuerto Olaya Herrera, guardaron vestuarios en garajes y se trasladaron a donde vivía Vahos, en Aranjuez. “Eso se fue rotando”, resume Páez.
En 1998, la corporación tomó la decisión de alquilar una sede en el barrio La América, donde estuvieron una década. Luego se movieron a La Floresta y desde 2018 ocupan una casa en el mismo sector, en la comuna 12. “Desde el año antepasado podemos decir ‘esta casa es mía’”, dice Paéz.
La compra fue posible gracias a un estímulo de la ley del espectáculo público, una convocatoria que ganaron en 2023. El espacio cuenta con un teatro de pequeño formato con capacidad para 50 personas, dotado con luces y equipamiento. La intención, desde el principio, fue que no fuera un lugar exclusivo para ellos. “Fue una sala para nosotros, pero muy especialmente para toda la gente, para todo el sector artístico”, señala la coordinadora.
La relación con el vecindario
La relación con el barrio ha sido variable. Páez reconoce que hay vecinos que nunca han entrado a una función, pero que facilitan la logística. “La vecina de aquí al lado nunca ha venido a una programación nuestra, pero es una de nuestras aliadas más fuertes. Cuando necesitamos que todo esté bien para jugar, es una de las que nos dice: ‘Pongan la tarima, hagan las cosas, yo saco el carro antes para que ustedes puedan estar’”.
También está el caso de una adulta mayor del otro lado de la cuadra que “escucha que algo suena acá y ella viene a todo lo que pasa”. Pero también está “la vecina de enfrente sigue viéndonos de allá desde el balcón, no se anima a pasar”.
Para intentar acercarse más, desde hace tres años realizan un festival lúdico comunitario en septiembre, en alianza con otras organizaciones del territorio. También han hecho “noches de talentos” para que los vecinos se suban al escenario sin la formalidad de una puesta en escena profesional, y realizan encuentros periódicos llamados “Chocolateando con Canchimalos” para escuchar qué interesa a la comunidad.
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La Corporación sostiene su trabajo con una combinación de ingresos: becas y estímulos de la Secretaría de Cultura y el Ministerio, gestión con benefactores, donaciones de personas naturales y venta de funciones y talleres. Sin embargo, la base son 70 personas que trabajan como voluntarios. “Vinculadas laboralmente de tiempo completo son dos personas”, precisa Páez.
La Escuela Artística Integral Canchimalos ofrece formación en artes integradas para niños los sábados, y talleres de música folclórica, teatro y danza para jóvenes y adultos en horarios nocturnos entre semana. El colectivo teatral y el coro musical son los grupos base de proyección.
Además, la sala está abierta a grupos emergentes del barrio. Actualmente, tres agrupaciones (Raza de Arcilla, Ancestral Trío y un colectivo de tango) ensayan allí. “Los acuerdos que hacemos es, por ejemplo, que puedan acompañar en algún espacio de función de los que hacemos acá. Hacemos intercambios por talleres que ellos nos puedan brindar”, explica la coordinadora.
Para la celebración de las cinco décadas, Canchimalos prepara una serie de actividades durante todo el año. El 9 de abril presentarán un cambio de imagen. En teatro, el colectivo estrenará una obra propia el 23 y 24 de octubre. Además, trabajan en una creación colectiva sobre “memoria escénica” que involucra a todos los grupos de la corporación, con estreno previsto para la primera semana de noviembre.
También realizarán la versión 16 del Encuentro de Juegos y Rondas Infantiles el primer sábado de octubre, enfocado en los juegos creados por el fundador. “La memoria no es solamente un acto de recordar o de recuperar, es también poner en valor quiénes han sido esas personas que han permitido que nosotros podamos recibir un legado”, concluye Páez.