Un avión Hércules de las Fuerzas Militares se precipitó a tierra en la mañana del lunes 23 de marzo en Puerto Leguízamo, Putumayo, una zona de acceso limitado en el sur del país. La aeronave transportaba a 128 personas, entre tripulantes, miembros de la Policía y del Ejército, quienes se dirigían a una operación.
De acuerdo con el más reciente reporte entregado por el comandante de las Fuerzas Militares, general Hugo Alejandro López Barreto, al cierre de esta edición se registran 68 personas fallecidas, 57 heridas y dos desaparecidas. Entre los lesionados, 15 permanecen en estado crítico y nueve ya fueron evacuados.
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Las labores de atención se han visto condicionadas por las dificultades de acceso a la zona del siniestro, ubicada en un territorio selvático donde la movilidad es limitada y los tiempos de respuesta suelen ser más largos. En este contexto, la reacción inmediata de la comunidad resultó determinante en los primeros momentos tras la emergencia.
Habitantes de la zona rural de Puerto Leguízamo se convirtieron en los primeros respondientes, actuando de manera solidaria para auxiliar a los heridos. Campesinos y residentes del sector utilizaron sus motocicletas para evacuar a los uniformados desde el punto del impacto hacia lugares donde pudieran recibir atención médica, en medio de caminos destapados y condiciones adversas.
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Los registros conocidos muestran cómo, sin equipos especializados ni protocolos formales, los civiles organizaron traslados improvisados que permitieron agilizar la evacuación de varios heridos. Este apoyo inicial marcó la diferencia mientras llegaban las autoridades y se coordinaban los operativos oficiales de rescate y atención.
Como él, otros habitantes de la zona se sumaron a las labores de apoyo, evidenciando una respuesta comunitaria que permitió atender de forma más rápida a los lesionados. En medio de la emergencia, la articulación espontánea entre civiles y autoridades contribuyó a enfrentar las dificultades propias del terreno.