La senadora del Pacto Histórico, Isabel Zuleta, reaccionó este miércoles con agresividad contra la defensora del Pueblo, Iris Marín, tras una entrevista publicada por El Tiempo en la que la funcionaria alertó sobre los graves riesgos de seguridad y de interferencia armada en el escenario electoral del país.
Lejos de responder con argumentos de fondo frente a las advertencias institucionales de la Defensoría, Zuleta optó por desacreditar personalmente a Marín, acusándola de tener una postura “de derecha acomodada” y de actuar con “ínfulas de superioridad”, en un ataque que muchos interpretan como un intento de desviar la atención del deterioro de la seguridad en varias regiones del país.
La reacción de la congresista deja ver una actitud profundamente intolerante frente a cualquier crítica o alerta que cuestione los resultados reales de la llamada “paz total”, que ha sido cuestionada por distintos sectores que la han calificado de un fracaso.
En vez de asumir con seriedad las preocupaciones sobre la presión de grupos armados ilegales en zonas bajo control del Clan del Golfo, Zuleta prefirió descalificar a la funcionaria encargada precisamente de advertir esos riesgos.
Resulta especialmente polémico que la senadora insista en presentar la “paz total” como garantía de estabilidad, mientras el propio Gobierno enfrenta una tormenta institucional por la intención de suspender órdenes de captura contra cabecillas del Clan del Golfo, incluyendo a alias “Chiquito Malo”, heredero criminal de alias “Otoniel” y uno de los hombres más temidos del país.
Zuleta incluso llegó a acusar a la Defensora de mentir sobre la incorporación de recomendaciones electorales en las mesas de diálogo, utilizando un tono confrontacional impropio frente a una entidad autónoma cuya misión constitucional es precisamente alertar sobre amenazas contra la población civil y la democracia.
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Más allá de las diferencias políticas, la reacción de la congresista refleja una preocupante tendencia a estigmatizar cualquier voz institucional que contradiga la narrativa oficial del Gobierno.
En lugar de debatir cifras, hechos o resultados concretos, Zuleta recurrió a ataques personales y cuestionamientos ideológicos que terminan debilitando el debate democrático.
La crítica cobra aún más fuerza si se recuerda que la propia senadora ha sido objeto de controversias recientes, como el cuestionado “tarimazo” de La Alpujarra en Medellín, donde compartió escenario con cabecillas de estructuras criminales del Valle de Aburrá, varios de los cuales posteriormente protagonizaron una escandalosa celebración en la cárcel de Itagüí.
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