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Sean ustedes bienvenidos

Lo curioso es que los que se quejan son precisamente los que no mueven ni un dedo porque, claro, es más fácil echarse en el sillón a destruir lo que construyen los demás.

hace 6 horas
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  • Sean ustedes bienvenidos

Por Sara Jaramillo Klinkert - @sarimillo

La designación de Medellín por parte de la Unesco como capital mundial del libro para el 2027, me agarró en plena feria literaria en un municipio antioqueño que no suma ni cinco mil habitantes y tiene muchas cantinas y ninguna librería. Lo anterior, aunque no lo crean, tiene su mérito y puede ser interpretado de dos maneras: unos se quejan de todo lo que falta por hacer para formar lectores, mientras que otros se emocionan porque al menos se está haciendo algo. Yo soy de las segundas. Lo curioso es que los que se quejan son precisamente los que no mueven ni un dedo porque, claro, es más fácil echarse en el sillón a destruir lo que construyen los demás.

Para lo que sí no estaba preparada es para leer los comentarios de algunas personas atacando una designación tan meritoria y tan positiva. Esas personas son aún peores que las que critican, son las que entran directamente a atacar, pero no basadas en evidencias, sino en generalizaciones y estereotipos que han oído en alguna parte y que replican sin comprobar. Son las que no se toman el esfuerzo de leer la noticia, mucho menos de analizarla sino que opinan movidos por la masa y el lugar común. Son las que destruyen porque nunca han construido nada valioso e ignoran lo que cuesta hacerlo. Son las que no logran sobresalir por nada y entonces se empeñan en que nadie más lo haga. Son las que buscan visibilizarse, las arrodilladas de los likes, las de argumentos facilones, rancios y desgastados.

Estas personas aseguran que la designación es inmerecida porque Medellín, según ellas, solo tiene prepagos, mafiosos y paracos y, sí, los tenemos, así como también tenemos autores, lectores, gestores culturales, editoriales y, sobre todo, gente, mucha gente trabajando para construir más bibliotecas, más librerías, para hacer más ferias, más eventos literarios y crecer los que ya tenemos. Gente escribiendo, editando y promocionando libros. Gente leyéndolos, recomendándolos, armando clubes de lectura, llevándolos a las aulas.

Resulta que toda esta cadena unida logró que Medellín sea hoy la ciudad más lectora de Colombia. Logró, en palabras de Khaled El-Enany, director general de la Unesco, convertir nuestra ciudad en un «referente internacional para la transformación urbana y cultural donde los libros y las bibliotecas tienen un papel crucial en el logro de un cambio social positivo». Y sí, ya sé que falta mucho, pero antes faltaba más.

A los que critican por criticar les doy un humilde consejo: lean más. No les queda bien criticar el hecho de que una ciudad sea capital mundial del libro cuando, a leguas, se nota que no leen: no saben argumentar, ni analizar, ni deducir, ni matizar. Hay que ver la redacción, la ortografía y la falta de enfoque de los comentarios que escribieron en redes sociales. Más bien los invito a que vengan a Medellín, sean ustedes bienvenidos a la capital mundial del libro para el 2027, a ver si aprenden a leer mejor y así, tal vez, puedan elaborar argumentos propios y de mayor valía.

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