La pregunta que lleva años traumatizando a padres y madres: ¿a qué edad se debe entregar el primer teléfono móvil a un menor? Movimientos globales de familias o educadores han presionado para retrasar este momento basándose en la intuición de que las pantallas dañan el bienestar o la salud mental de los jóvenes. Sin embargo, la evidencia empírica detrás de estas pautas seguía siendo limitada.
Siga leyendo: Dos médicos colombianos reconocidos por su labor para mejorar la salud de los latinos en EE.UU
Ahora, una investigación a gran escala arroja luz sobre este debate al demostrar que el simple hecho de adquirir un smartphone a los 13 años no se asocia directamente con la depresión o la obesidad un año más tarde, aunque sí provoca un impacto inmediato en la pérdida de sueño.
El estudio, publicado en la revista JAMA Pediatrics, ha seguido la evolución de 1 959 adolescentes que no tenían teléfono móvil al inicio del seguimiento. Los resultados revelan que la clave del bienestar no radica tanto en el dispositivo en sí, sino en las dinámicas de uso.
Mientras que la compra del teléfono aumentó en un 29 % las probabilidades de sufrir sueño insuficiente, no mostró un vínculo estadísticamente significativo con diagnósticos clínicos de depresión o con el desarrollo de obesidad un año después. La situación cambia de forma radical cuando se analiza la intensidad de uso.
Regístrate al newsletter