Es raro que en ese pueblito de mil habitantes llamado Sempegua quisieran que lloviera a cántaros, que el cielo les tirara toda el agua posible para que la ciénaga de Zapatosa se subiera y los inundara. Es raro que estuvieran rezando por una inundación desde hace dos años y once meses sin importar si el agua que los afecta cuando entra a las casas entrara, y que los niños llevaran desde entonces preguntándole a la profesora que cuándo iba a llover, que por favor, que ellos querían que lloviera para ver si la escuelita, la que inauguraron el 15 de mayo de 2014, flotaba de veras.
Sempegua no se inundaba hace unos cuatro años, y la escuela flotante no había flotado ni un centímetro desde que la construyeron en el mismo lugar donde estaba la otra...