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El Consejo de Estado admitió la demanda de nulidad contra su nombramiento. No lo ha suspendido. Quintero sigue en funciones, moviendo fichas.
Hace muchos años, la televisión colombiana interrumpía su programación hacia las nueve de la noche para lanzar una pregunta a los padres de familia: ¿Sabe usted dónde están sus hijos en este momento? Era como una advertencia. Una invitación a estar pendientes del peligro en el que podían estar.
Hoy habría que hacerle esa misma pregunta a la Fiscalía, al Consejo de Estado, a la Procuraduría. No sobre sus hijos. Sobre Daniel Quintero. ¿Saben ustedes qué está haciendo en estos momentos? Porque no hay que perder de vista que el cuestionado exalcalde de Medellín, enredado en múltiples investigaciones por corrupción, lleva ya un mes con sus manos en la plata de la salud de los colombianos.
Quintero llegó a la Superintendencia de Salud y de inmediato pidió la renuncia de los interventores de las EPS que el gobierno de Gustavo Petro les arrebató a los privados. Sacar a los interventores actuales —personas sin lealtad a Quintero— era el primer paso elemental para quien necesita poner en esos cargos a gente de su confianza.
Para cualquier funcionario responsable resultaría extraña la idea de asumir un cargo como el de esta Superintendencia, a tan solo tres meses de acabar el gobierno Petro. Tratándose de alguien que, como Quintero, aspira a ser algún día Presidente: ¿Por qué lo asume y qué puede hacer en tan poco tiempo?
Y la respuesta es que tal vez hoy no hay entidad en el Estado colombiano que pueda manejar tanto flujo de dinero como esta Superintendencia. No es casual que Quintero la haya elegido. En lo que va de 2026, el Gobierno, a través de la ADRES gira mensualmente más de $8 billones a las EPS del sistema.
Y de esas EPS, las intervenidas concentran alrededor del 60% de los afiliados. Eso significa que esos interventores que dependen directamente de Daniel Quintero disponen cada mes de entre 4,5 y 5 billones de pesos. Es tal el desorden que reina en el sector de salud que difícilmente alguien notaría si están utilizando esos recursos como el país necesita.
En este momento entregar esos recursos para que alguien los maneje es un verdadero acto de fe. De tal manera que en ese cargo debería estar hoy el más impoluto de todos los colombianos y no quien está en el top de quienes dan mayor desconfianza en el país.
La Fiscalía imputó a Quintero por peculado por apropiación en favor de terceros, interés indebido en la celebración de contratos y prevaricato por acción. Es decir: se le acusa de haber usado el poder del cargo para desviar recursos públicos hacia bolsillos privados. Y 55 de sus funcionarios están teniendo que responder en los estrados judiciales.
A parte de ese equipo lo llevó a la Supersalud. Juan David Duque, su secretario privado en la Alcaldía, fue el primer funcionario en la historia de Medellín en ser objeto de moción de censura por parte del Concejo por el escándalo de los fondos fijos, donde quedó en evidencia que el exalcalde y su círculo usaban la caja menor de la Alcaldía para gastar a sus anchas.
También llegó a la super Sergio Andrés López, arquitecto, exdirector de Planeación de Medellín, hoy imputado por la Fiscalía por presunto interés indebido en la celebración de contratos en el caso de Aguas Vivas.
Y Esteban Restrepo, su secuaz en la Secretaría de Gobierno, ahora funciona como secretario general de la Supersalud. Y se anunció que también podría llegar Jhonatan Villada, quien recientemente quedó fuera de ISA, y en la Alcaldía era recordado por cambiar manuales de funciones.
El patrón que han aplicado es conocido. Quintero llega, modifica manuales de funciones, desplaza a quienes no son de su círculo, y ubica a los suyos en las posiciones desde donde se mueven los recursos. La pregunta que Colombia debería estar haciéndose con urgencia es si está ocurriendo de nuevo, esta vez con un botín infinitamente mayor: no la caja menor de una alcaldía, sino el flujo mensual de billones que sostiene la salud de una quinta parte de la población.
El Consejo de Estado admitió la demanda de nulidad contra su nombramiento. Por ahora no lo ha suspendido. Quintero sigue en funciones, sigue nombrando, sigue moviendo fichas. El tiempo que se necesita para hacer daños en una entidad que maneja ese volumen de recursos no se mide en años. Se mide en semanas. Y las semanas ya están corriendo.
Eran las nueve de la noche. La pregunta sonaba en todos los televisores del país. Y la respuesta dependía de que alguien estuviera prestando atención.
¿Sabe usted qué está haciendo Daniel Quintero en estos momentos?