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Por Federico Arango Toro - @fedearto

Un cooling break por Colombia

Tan prolongado acaloramiento ha producido un daño silencioso y profundo, llevándonos a reaccionar sin antes reflexionar.

hace 14 horas
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  • Un cooling break por Colombia

Por Federico Arango Toro - @fedearto

Terminó el Mundial de fútbol y todos entendimos la razón de los cooling breaks. Se trata de pausas cortas cuando la temperatura es alta, para cuidar la salud de los deportistas, permitir que se hidraten, bajen el estrés térmico y la tensión competitiva. Es cierto que interrumpen el ritmo, pero les permiten recuperar energías, corregir posiciones, escuchar al entrenador y revisar la estrategia para continuar en el empeño.

Colombia pareciera estar jugando el partido de su vida, pero sin pausas. En los últimos años el acaloramiento en la discusión nacional ha escalado hasta niveles no vistos antes, poniendo en riesgo la salud de la República, sus instituciones y de la sociedad misma. Desde el estallido social del 2021 hasta hoy, la conversación pública ha sido exacerbada sin que los ciudadanos podamos responsablemente decir que somos ajenos a tal calentamiento colectivo.

Se nos volvió rutina estar permanentemente enfrentando serias tensiones. El terrorismo urbano y los bloqueos de ese año dejaron ciudades sitiadas y una sociedad fracturada y atemorizada. La campaña ganadora en el 2022 corrió sin pudor las líneas éticas y contó además con la complicidad de su único competidor quien viajó de vacaciones en la recta final, lo que favoreció el triunfo del candidato de izquierda. Este, tras asumir el cargo, adoptó una estrategia multidireccional y coherente, con el propósito de fomentar confrontaciones en todos los frentes de la vida nacional.

Rastrear las huellas, dibuja su estrategia. Así seleccionó colaboradores y pretendió gobernar ignorando la separación de poderes; promovió el odio de clases, apalancándose con declarar enemigo al sector privado; ignoró las regiones y sus mandatarios, solo por citar unos pocos ejemplos. En tal ambiente en ebullición, los adversarios al gobierno solían responder atizando también la hoguera.

Tampoco la última campaña electoral fue diferente. Las redes generaron furias y descalificaciones generosamente repartidas hacia todas las orillas. Los hechos más recientes, como el innecesario pulso por el sitio de la posesión y las malintencionadas especulaciones alrededor de la votación por la presidencia del Senado, revelan que la temperatura no cede, manteniéndose alta y a punto de detonación.

Tan prolongado acaloramiento ha producido un daño silencioso y profundo, llevándonos a reaccionar sin antes reflexionar. Pareciera norma que cualquier pronunciamiento demanda inmediata réplica, que una diferencia significa desafío, o que la menor crítica debe responderse en tono mayor. La inmediatez sustituyó el juicio; descalificar reemplaza argumentar; provocar resulta más efectivo que convencer. Y así, quien piense diferente dejó de ser contradictor para convertirse en enemigo, al que hay que vencer, y en lo posible, aniquilar.

Una democracia no resiste tan alta calentura; tampoco la indiferencia o el silencio cómplice, porque toda voz tiene valor. Debemos refrescarnos, reflexionar y mirar al otro sin el sofoco de la adrenalina. Compartimos un país único, y preservarlo nos compromete a todos por igual, desde la posición que nos corresponda.

Démonos un cooling break por Colombia. Una pausa no es rendición sino corrección. Sin acuerdos en las diferencias, no habrá democracia ni país que sean viables.

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Por Federico Arango Toro - @fedearto

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