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Por Juan Camilo Quintero M. - @JuanCQuinteroM
Esta semana aparecerán cientos de columnas sobre la primera vuelta presidencial del 31 de mayo. Muchas hablarán de encuestas, alianzas, estrategias o cálculos electorales. Pero esta no es una columna más. Esta nace desde una preocupación profunda por el futuro de Colombia. Tengo la convicción de que el país está en la puerta del riesgo histórico que al parecer muchos no han logrado entender. Si bien las sociedades no colapsan de un día para otro y, no se destruyen únicamente por una mala decisión o por un mal gobierno aislado, lo que sí es claro es que los países empiezan a deteriorarse lentamente cuando pierden el equilibrio institucional, cuando la ideología se superpone la realidad económica y cuando el populismo logra convencer a millones de personas de que producir riqueza, invertir o generar empresa es el enemigo de todo el pueblo. Eso exactamente fue lo que ocurrió en Venezuela.
Mucha gente argumenta que Colombia no se volvió Venezuela ni Cuba con Petro, más aún dicen que pocas veces hemos estado económicamente más boyantes. No nos volvimos Venezuela con Petro y esto fue gracias a varias cosas: la institucionalidad, la separación de poderes y una oposición política rigurosa y seria. Pero Iván Cepeda viene insistiendo en una nueva constitución en la cual separación de poderes dejaría de existir en un pro de una concentración de poderes alrededor de la figura presidencial. Y en este escenario no es probable si no seguro que vamos a terminar como Venezuela: millones de compatriotas lanzados al exilio y la élite del régimen nadando en la riqueza, poder y privilegios. Más preocupante, quedan menos de 5 países comunistas en el mundo. Uno de ellos donde se formó Iván Cepeda: Rusia y militó en las juventudes comunistas.
Sin embargo un amigo petrista dice que todo va muy bien, ejemplo de ello es que hasta fila se hace para comprar un Tesla y los centros comerciales a reventar. Lo que no entienden es que las calles están inundadas de dinero del narcotráfico, se calcula que circulan anualmente alrededor de U$15.300 millones al año, más de 230.000 contratos de prestación de servicios que denunció Daniel Briceño por cerca de $9,14 billones de pesos. Lamentablemente están en un escenario de autodestrucción que no han entendido y las cifras ya lo empiezan a evidenciar: crecimiento económico lento 2,2%, Inflación 5,7%, Déficit fiscal 6,4% del PIB gastando muchísimo más de lo que se recauda, deuda pública 65% del PIB mucho más endeudados que hace una década, tasas de interés 11,25%, inversión privada débil y mucha incertidumbre empresarial. Todo esto sumado al deterioro de la seguridad, polarización permanente, presión sobre las instituciones y, lo más grave, normalización del resentimiento como herramienta política. Y mientras eso ocurre, muchos sectores moderados siguen actuando como si nada estuviera pasando, quizás por miedo a incomodar o porque todavía creemos que Colombia es inmune al deterioro institucional que destruyó otros países.
Por eso en esta elección no basta con votar y seguir adelante. Colombia necesita ciudadanos capaces de defender ideas, debatir con argumentos y advertir, con serenidad, pero con firmeza, los riesgos que enfrentamos. Necesitamos ser más elocuentes con nuestros empleados, familias y círculos cercanos. Hacerlo es una responsabilidad histórica. Recuperar un país después de perder sus instituciones puede tomar décadas. Colombia, todavía está a tiempo de evitar ese camino y la oportunidad es el próximo domingo. Pero el reloj ya empezó a correr, es hora de detenerlo sin lugar a duda.