Pico y Placa Medellín
viernes
2 y 8
2 y 8
Ingeniero civil con maestrías en Finanzas de la Universidad EAFIT y Administración de City, University of London. Ha sido analista financiero, consultor en estrategia y director de Planeación. Su trayectoria combina el análisis cuantitativo con la comprensión económica de empresas y regiones. Apasionado por los desafíos que despiertan su curiosidad, Mateo plantea lo que Medellín requiere para consolidarse como destino global sostenible.
Por Mateo Castaño Sierra - @matecastano
Confieso como paisa que escribo esta columna con una mezcla de admiración y sana envidia: los costeños se están quedando con Colombia. No a la fuerza ni por decreto, sino por las buenas: nacen más, crecen más, hacen más y ganan más. Todos los datos apuntan a lo mismo. Veámoslos.
La genialidad costeña no es novedad: en el aire del Caribe siempre han florecido hombres y mujeres no solo únicos sino universales, capaces de convertir sus raíces locales en fenómeno global —García Márquez, Shakira, el Pibe o Sofía Vergara. La noticia es realmente otra: ya no se trata solo de genios. Colombia entera se está costeñizando.
Primero, el calor. En 1998 el colombiano promedio nació a casi 1,300 metros sobre el nivel del mar, más o menos la altitud de Medellín; en 2021 nació a 950, más o menos la de Cali. De hecho, según el DANE, el 60% de los niños en Colombia están naciendo en municipios de tierra caliente y solo el 40% en tierras templadas o frías. A Colombia la está empezando a definir el calor.
Segundo, el norte. En 1986 el centroide del crecimiento poblacional —el punto del mapa que promedia dónde está creciendo la población— caía en San Carlos, un pueblo del oriente antioqueño. Cuarenta años más tarde, en 2026, cae en Puerto Berrío, a 72 kilómetros en la orilla del Magdalena Medio. Y según las proyecciones del DANE, hacia 2040 habrá avanzado hacia el norte otros 250 kilómetros, hasta Pelaya, en el Cesar. El futuro de Colombia baja por el Magdalena: de país andino a país caribe en tres generaciones.
Tercero, la prosperidad. Entre 2014 y 2024 los ingresos reales de las grandes empresas costeñas crecieron al 4.5% anual, más del doble que las del resto del país (1.9%); y sus utilidades netas –lo que de verdad importa– al 12.3% vs 0.7%. Las empresas costeñas, particularmente las privadas, crecen a tasas chinas; las del resto del país, a tasas latinoamericanas. Y, por si fuera poco, desde 2022 el departamento que más exporta bienes no minero-energéticos por habitante es Atlántico, no Antioquia ni Valle.
Cuarto, el poder. En nuestros dos primeros siglos de república elegimos un solo presidente costeño: Rafael Núñez mientras en los últimos cuatro años elegimos dos –y por primera vez en la historia coincide que el presidente de la República, del Senado y de la Cámara son costeños. Moñona completa. ¿Y qué pasa en las canchas? Pues que la Costa tiene el 21% de la población, pero ha puesto el 25% de nuestros jugadores mundialistas y el 30% de nuestras medallas olímpicas. Ni el fútbol ni la política suelen mentir al mismo tiempo.
Sé que a nosotros “los cachacos” tanto éxito de los costeños nos produce cierta disonancia. Pero los hechos son ciertos, y el mapa también. Ya no somos un país en la cordillera con el mar al fondo, sino un país del mar con unas ciudades despoblándose en la montaña. En un hemisferio que se vuelca hacia el Caribe —empezando por Estados Unidos, que se muda al sur—, Colombia tiene la fortuna de que su gente ya camina en esa dirección. No nos queda sino aceptar, abrazar y capitalizar esta nueva era donde todos los caminos conducen al Caribe.
Ingeniero civil con maestrías en Finanzas de la Universidad EAFIT y Administración de City, University of London. Ha sido analista financiero, consultor en estrategia y director de Planeación. Su trayectoria combina el análisis cuantitativo con la comprensión económica de empresas y regiones. Apasionado por los desafíos que despiertan su curiosidad, Mateo plantea lo que Medellín requiere para consolidarse como destino global sostenible.