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Por Juan David Escobar Valencia - opinion@elcolombiano.com.co
Cuando en una guerra el resultado final no puede ser la eliminación del enemigo ni su rendición, surge la posibilidad que ambas partes puedan proclamarse victoriosas, a pesar de las pérdidas cuantiosas que sufran. La autoproclamación de ganador de ambas partes en este tipo de confrontaciones se facilita cuando no hay consenso sobre lo que define al ganador. Así como la guerra en los años 80 entre Irán e Irak que duró 8 años, las cosas terminaron casi igual que antes de la guerra. Sin embargo cada lado dijo que ganó, tal vez porque ninguno perdió completamente.
El presidente estadounidense dijo en su discurso de 19 minutos la semana anterior que estaban: “en vías de completar todos los objetivos militares de Estados Unidos en breve, muy breve”. Para sus seguidores esto es una forma discreta de declararse ganador, en alguien que la humildad no es su principal característica, pero sus opositores pueden verlo de otra forma. ¿Cómo puede ser esto posible?
Si habláramos de una moneda tirada al aire, solo hay una opción de ganar, pero el problema es que no se sabía que había una moneda ni tampoco existía la certeza de cómo se determinaría al ganador ni una declaración pública previa e incontrovertible de cuál era la meta ni dónde estaba la misma, y por eso el presidente Trump puede decir ahora que están cerca de cruzarla.
Si se quiere medir el resultado de esta confrontación, no por los hechos acontecidos, bombas y muertos, sino por las consecuencias, los opositores de Trump podrían señalar que fue un fracaso. Menciono algunas de ellas: ¿La mayor potencia militar del mundo no fue capaz de evitar que alguien cerrara el Estrecho de Ormuz, si quien debió hacerlo eran los EE. UU.? Para los países árabes dl Golfo, después de los daños a su infraestructura petrolera y de gas que le costará años recuperar, ¿EE. UU. es una garantía íntegra de seguridad? ¿No será que así como el sol, estar demasiado cerca de EE. UU. es un riesgo de quemarse? ¿Cambiar un ayatolá anciano por uno joven y más subordinado al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, que quedó debilitada pero no muerta, así como su programa nuclear, es una victoria real? ¿No es cambiarlo todo para que todo quede igual? ¿No resultó esta guerra una demostración que EE. UU., no está listo para las guerras del siglo XXI, en las que un dron de unos miles de dólares termina siendo tan dañino como un misil de varios millones? Así como en Vietnam, ¿de qué sirve tener cañones si te está atacando un enjambre de abejas? ¿No terminó Rusia beneficiando su caja con un barril de petróleo por encima de 100 dólares y los estadounidenses pagando un galón de gasolina como cuando inició la segunda invasión rusa a Ucrania en 2022? ¿No fue un fracaso que la población iraní no hubiera podido internamente destronar a la dictadura chiita en medio de semejante ataque externo?
Pero si como es frecuente para ciertos políticos a quienes les resulta más sencillo cortar la maleza cuando esté alta que eliminarla definitivamente, decir que mientras dure el gobierno Trump, Irán no podrá convertirse en una amenaza nuclear de grandes proporciones, unilateralmente puede considerarse una victoria.