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El fracaso de Francia Márquez y el sistema

Dirigir el Estado es administrar la “empresa” más grande de Colombia.

hace 54 minutos
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  • El fracaso de Francia Márquez y el sistema

Por Juan Camilo Quintero M. - @JuanCQuinteroM

Francia Márquez llegó a la Vicepresidencia con una historia que conmovió a millones: el Cauca, el Pacífico, la pobreza, la dignidad. Fue un mensaje potente: “sí se puede”, “por fin alguien de allá llega acá”. Y eso, simbólicamente, tuvo un valor enorme. Sin embargo, el Estado no se gobierna con símbolos, se gobierna con resultados. Y en esa transición del activismo a la gestión pública es donde Colombia se estrella una y otra vez.

A Francia le montaron, además, un vehículo institucional gigante: el Ministerio de Igualdad. La expectativa era que el Estado dejara de mirar la desigualdad como un discurso y la convirtiera como una política seria, con metas, indicadores, ejecución y control. Al parecer no han logrado impactar el GINI que debe ser el principal indicador de este ministerio ¿Qué quedó en la percepción ciudadana? Un ministerio envuelto en líos, con dificultades para mostrar impactos concretos. La imagen de Francia Márquez terminó reducida en viajes a África con resultados difusos. Ni a su propia gente fue capaz de darle oportunidades.

El caso de Francia Márquez no es solo “su caso”. Es un síntoma. Colombia tiene una falla estructural: armamos un Estado grande, complejo y carísimo, pero dejamos que lo dirija cualquiera con requisitos mínimos. Para ser alcalde, gobernador, presidente, concejal o diputado, el estándar práctico suele ser: ciudadanía, edad, residencia y no estar inhabilitado. Cero exigencias de formación, cero evaluación de competencias, cero demostración previa de capacidad administrativa. Y ojo: pedir “cartones” como única solución también puede ser injusto y elitista, porque en un país desigual un título no puede convertirse en la barrera para participar. Pero una cosa es no exigir diplomas, y otra muy distinta es no exigir cierta experiencia. Insisto: una cosa es ser activista social y otra es gerenciar una región o un país. Dirigir un municipio o un departamento hoy implica manejar presupuestos enormes, contratación, planeación, riesgos legales, gerencia de crisis, equipos técnicos, y relación con comunidades. Dirigir el Estado es administrar la “empresa” más grande de Colombia. En el sector privado nadie pone a una persona sin competencias mínimas a manejar una compañía de ese tamaño. ¿Por qué el Estado sí?

Somos una nación que quiere progreso y elegimos no necesariamente a los mejores, en cambio, muchas veces lo hacemos por emoción, rabia, marketing o por “castigar al de antes”, y después nos sorprendemos de la improvisación. La discusión que deberíamos abrir es concreta: ¿por qué no establecer requisitos de competencia verificable para cargos de dirección pública? estándares básicos de conocimientos en finanzas públicas, contratación, planeación, ética, manejo de indicadores, que prueben cierta idoneidad.

Francia Márquez llegó con una promesa social inmensa. Si su gestión ha sido casi nula, no basta con criticarla: hay que corregir el sistema que permite que el Estado se administre como ensayo y error. Porque un país no se desarrolla con buenas intenciones, se desarrolla cuando convierte la representación en ejecución.

p.d: hay que revisar y cambiar el modelo de retribución económica por votos. Al parecer se ha vuelto en un negocio muy rentable multimillonario.

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