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Sobre tanta IA

Que la tecnología ha realizado enormes cambios, no se niega. Pero si esta se convierte en el monstruo del doctor Frankenstein ya el asunto es terrible para los enchufados y los asustadores.

hace 2 horas
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  • Sobre tanta IA
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Por José Guillermo Ángel R. - memoanjel5@gmail.com

Estación Especulación, a la que llegan los que con reportes informativos confeccionan un collage surrealista y hablan de tecnología yendo de una rama a la otra (especies de micos informatizados); los que ya se ven sin empleo porque miríadas de robots y máquinas los van a reemplazar, los que hablan de distopías varias y disminución poblacional acelerada con base en virus y contaminaciones alimentarias y aéreas que reducen el cerebro, los que entran en la Inteligencia Artificial y salen de ahí transformados porque encontraron la última verdad y la manera de no pensar más; los que miran el celular y hablan solos posando de inversionistas o asesores de grandes empresas, los que alegan que llegaremos a ser el planeta de los simios y en lugar de estos encontraremos máquinas con ruedas en la cabeza, los que miran una tuerca y se sienten espiados, los que manifiestan tics hasta ahora desconocidos (rascarse los zapatos por ejemplo) etc. Y en esta fila se encuentran también los que hablan de transhumanismo y posverdad sin esquemas que muestren los resultados de lo uno y lo otro, los que preguntan si hay antenitas para colocar en la cabeza y así ser iluminados budistas, en fin, tanta tecnología nos está enloqueciendo y no hay tabletas para tanta fantasía y pesadilla.

Este asunto de la IA, a la que no se le conocen resultados exactos (ningún edificio, ninguna carretera ni puente, pocos avances médicos y legales, nada que organice la economía etc.) parece más una guerra de inversionistas de Silicon Valley contra chinos y rusos. Una guerra por el mercado mundial (así como pasa con el petróleo y el gas) a la que le importan poco las sociedades (a no ser para volverlas adictas a la máquina y asustarlas) y solo buscan que su inversión sea rentable. Y como la guerra es informática, las fabulaciones abundan (son más los ceros que los unos en el sistema binario), los unos dicen que hay que parar, los otros que ya no hay nada qué hacer si las IA son abiertas (chinas, las más peligrosas, dice el cartel) y los que miran, bueno, estos se comen las uñas entendiendo que la pelea es por dólares, si es que todavía valen algo.

Es claro que la crisis es de élites (la codicia haciendo daño), de aprendices de mago que no saben si las cosas hacen lo que les da la gana o pueden ser controladas entre límites que se revientan; que crearon un ambiente surrealista y carecen de un Dalí que lo defina. Y bueno, ahí vamos, pegados de algo tan incierto como la energía y, en términos de Neal Stephenson, asomados al infocalipsis.

Acotación: Que la tecnología ha realizado enormes cambios, no se niega. Pero si esta se convierte en el monstruo del doctor Frankenstein (que enloqueció por no tener pareja), ya el asunto es terrible para los enchufados y los asustadores. Más miedos.

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