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Formar también es cuidar

La educación superior está llamada a formar criterio, carácter y proyecto de vida.

hace 15 minutos
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  • Formar también es cuidar

Por Isabel Gutiérrez R. - JuntasSomosMasMed@gmail.com

La discusión sobre salud mental en la educación superior ya no puede sostenerse sobre impresiones e intuiciones. Hoy contamos con evidencia suficiente para asumir que este es uno de los principales desafíos de política pública en el sistema educativo Colombiano. El estudio nacional realizado por la Alianza 4U —integrada por la Universidad Icesi, la Universidad del Norte, el CESA y la Universidad EAFIT— y Empresarios por la Educación aporta un insumo especialmente valioso: una encuesta aplicada entre abril y junio de 2025 a 1.200 estudiantes de pregrado, entre 18 y 28 años.

Los resultados obligan a mirar el fenómeno con seriedad. Apenas el 24,9% de los estudiantes reportó niveles mínimos de depresión; el resto se distribuyó entre depresión leve (34,8%), moderada (22,4%) y severa (17,9%). En ansiedad, el panorama también es preocupante: 44,8% de los encuestados se ubicó entre niveles moderados, moderadamente graves y severos. No se trata, entonces, de un malestar difuso o transitorio. Se trata de un conjunto de síntomas con capacidad real de afectar el aprendizaje, la permanencia y el desarrollo personal de los estudiantes.

El estudio también muestra que el problema no se expresa de manera uniforme. Las mujeres registran niveles más altos en ansiedad, depresión y estrés, y aparecen diferencias regionales relevantes: Bogotá, la región Cafetera y el Sur Occidental presentan peores indicadores en ansiedad y depresión, mientras el Norte-Caribe reporta mayores niveles de bienestar. Un dato adicional merece atención: no se hallaron diferencias significativas entre instituciones públicas y privadas en ansiedad, depresión y estrés. Esto sugiere que el malestar no depende solo del tipo de universidad, sino de presiones más amplias que atraviesan la experiencia estudiantil.

Pero quizá el hallazgo más importante del estudio es otro: la depresión aparece como el mecanismo central que conecta diversos factores de riesgo con la ideación suicida. El modelo analítico muestra que el bienestar general es el predictor de mayor peso sobre la depresión, y que la depresión, a su vez, explica de forma contundente el riesgo de ideación suicida. En la depresión inciden significativamente el consumo de sustancias, la agresión entre pares o bullying, el uso intensivo de redes sociales y la falta de sueño. En otras palabras, no estamos frente a problemas aislados, sino ante una cadena de vulnerabilidades que termina afectando gravemente la salud mental de los estudiantes.

Para las universidades, la conclusión es exigente pero útil. Cuidar la salud mental no equivale únicamente a ampliar consultas psicológicas. Implica revisar el clima institucional, la convivencia entre pares, los hábitos de sueño, el consumo problemático de sustancias y las dinámicas cotidianas que erosionan el bienestar. La formación universitaria exige rigor académico, sin duda. Pero también requiere entornos que hagan posible aprender sin deteriorarse en el intento. Ahí reside, en buena medida, la responsabilidad de nuestro tiempo.

La educación superior está llamada a formar criterio, carácter y proyecto de vida. Para hacerlo con rigor, debe asumir que cuidar a sus estudiantes no debilita la exigencia, sino que la hace verdaderamente sostenible.

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