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La guerra es siempre un fracaso de la humanidad, pero hay algunas más justas que otras.
Por Humberto Montero - hmontero@larazon.es
Cada día que soltamos espumarajos y maldiciones en lenguas vernáculas mientras repostamos ante el elevado precio de los carburantes, en Irán ejecutan a cuatro personas. Así lo aseguran dos organizaciones que luchan por los derechos humanos en el país persa. Una desde Noruega y otra desde París, claro está, porque si lo hicieran desde Teherán formarían parte de la estadística de víctimas de los ayatolás, esos que según el chino Xi Jinping y el español Pedro Sánchez, su peón en Europa, representan el “lado correcto de la historia”.
De hecho, al margen de China, de la que no se disponen datos fiables, Irán es el país del mundo con más ejecuciones per cápita, según estas organizaciones y la propia Amnistía Internacional.
El régimen teocrático acabó con la vida de al menos a 1.639 personas en 2025 y la situación podría ir a peor por el apagón informativo y el cierre de internet con el pretexto de la guerra contra Estados Unidos e Israel. Esta amenaza ha llevado a que las mismas ONG demanden que el debate sobre la pena capital forme parte de las negociaciones entre Washington y Teherán.
El número de ejecuciones representó un aumento del 68% respecto a las 975 personas que Irán condenó a muerte en 2024, y también incluyó a 48 mujeres, según el informe conjunto de Human Rights (IHR), con sede en Noruega, y Together Against the Death Penalty (ECPM), con sede en París.
Si la república islámica “sobrevive a la crisis actual, existe un grave riesgo de que las ejecuciones se utilicen aún más ampliamente como herramienta de opresión y represión”, señala el informe, el cual revela que el número de ejecuciones es, con diferencia, el más alto desde que se comenzó a hacer un seguimiento en 2008, y el más elevado desde 1989, en los primeros años de la revolución islámica.
El informe subraya que “cientos de manifestantes detenidos siguen en riesgo de ser condenados a muerte y ejecutados” tras ser acusados de supuestos delitos capitales por las protestas de enero de 2026 contra las autoridades, sofocadas mediante una atroz represión que, según grupos de derechos humanos, dejó miles de muertos y decenas de miles de detenidos.
Incluso durante la guerra, Irán ejecutó a otros siete condenados, seis hombres detenidos por pertenencia al grupo opositor prohibido Muyahidines del Pueblo de Irán (MEK) y a un ciudadano con doble nacionalidad iraní y sueca acusado de espiar para Israel. Todos estos procesos fueron llevados a cabo con las garantías propias del “lado correcto de la historia”, según el paladín de los derechos humanos chino al que corteja Sánchez y la izquierda caviar global.
La guerra es siempre un fracaso de la humanidad, pero hay algunas más justas que otras. No seré yo quien le enmiende la plana al mismísimo Papa, juzguen ustedes si entra dentro de lo razonable acabar con un régimen que masacra a su propio pueblo y donde un puñado de barbudos dictan si puede o no llevar ropa ajustada o bailar como le plazca o con quien le plazca.