Pico y Placa Medellín
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No podemos dejar a nadie atrás. Este es un tema en el que se tiene que seguir trabajando, pues aún falta camino por recorrer.
Por Rosana Arizmendi Mejía - JuntasSomosMasMed@gmail.com
Se veía feliz. El colibrí colirrufo (Amazilia tzacatl) que estaba sobre una ramita del chiminango que veo por la ventana. Sus plumas rojas de la cola extendidas, la cabeza elevada hacia el cielo y los ojitos entrecerrados, me indicaban que estaba disfrutando del sol. ¡Qué envidia! Y qué tan importantes son esos pequeños gozos cotidianos, pensé. Como sentir en las manos el pocillo caliente de café recién hecho, o como el olorcito de los animales compañeros cuando uno los abraza.
Estos pequeños gozos cotidianos son en realidad eslabones de conexión con la vida, y por eso deberíamos valorarlos con todo nuestro ser. Por eso, y porque puede que no siempre vayamos a ser —o hayamos sido— capaces de experimentarlos. O porque puede que alguien cercano a nuestro corazón no esté siendo capaz de hacerlo: sus condiciones de salud mental se interponen en su manera de relacionarse con el mundo.
Solo quienes acompañamos a familiares o amigos con condiciones de depresión, ansiedad u otra enfermedad relacionada, y/o quienes en algún momento hemos visto afectada nuestra propia mente, sabemos lo fuerte y paralizante que puede llegar a ser el sufrimiento causado por el dolor emocional. Sin embargo, en pleno 2026, y a pesar de los avances que ha habido, este aún se sigue tratando como secundario. Lo comprobé hace un par de semanas, cuando tuve que enfrentarme a una emergencia psiquiátrica de alguien a quien quiero hasta el cielo: fue casi imposible encontrar información sobre urgencias psiquiátricas en Medellín, básicamente porque casi ningún hospital o clínica cuenta con este servicio. Además, las opciones de hospitalización por esta causa, o bien requieren un montón de trámites previos con la EPS, o bien son tan costosos que muy pocos pueden pagarlos.
¿Por qué hoy, cuando supuestamente el ser humano se comprende desde la integralidad mente-cuerpo-espíritu, el sistema de salud sigue sin estar preparado para tratar la salud mental con igual prioridad a la de las enfermedades físicas? ¿Por qué cualquier persona, sin importar su situación socioeconómica, no puede acceder a tratamientos que alivien su dolor emocional y psicológico? En Colombia, se estima que el 4.7% de la población —es decir, 2’500.000 personas— sufre de depresión, y, según un informe de la Defensoría del Pueblo de enero de este año, solo el 20% de quienes padecen esta enfermedad en su versión severa reciben tratamiento y acompañamiento adecuado. Esto es un despropósito. Sobre todo teniendo en cuenta que la salud mental es un derecho, y que ya es catalogada como un asunto de salud pública, pues atraviesa a toda la sociedad.
No podemos dejar a nadie atrás. Este es un tema en el que se tiene que seguir trabajando, pues aún falta camino por recorrer. Y tenemos que ser capaces de hacer accesibles los recursos que incrementen las probabilidades de que todo el mundo pueda experimentar pequeños gozos en su cotidianidad. Como un colibrí posado en una rama, como el pocillo de café caliente, como el olor del abrazo de los animales de compañía.
P.D: Quiero agradecer infinitamente a las clínicas y profesionales que atienden y tratan pacientes con situaciones urgentes o severas de salud mental. El trabajo que hacen es invaluable.