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Ser de derecha en la Colombia de hoy ya no consiste únicamente en defender el orden o la seguridad.
Por Federico Hoyos Salazar - contacto@federicohoyos.com
Durante años pensé que hablar de derecha e izquierda era una discusión desgastada. Hoy pienso lo contrario.
El gobierno Petro logró algo inesperado: volvió a ubicar las ideas en el centro del debate político y llevó a muchos colombianos a preguntarse dónde están sus convicciones. La posibilidad de un cambio en el rumbo económico e institucional del país hizo que categorías políticas que durante años parecían irrelevantes o superadas recuperaran vigencia. Haber reabierto la conversación sobre los modelos de sociedad que queremos construir ha sido, quizás, una de las consecuencias positivas de los intensos debates de los últimos años.
Cuando las personas se interesan por las ideas, participan más en la vida pública y exigen mayor coherencia y rendición de cuentas a quienes las representan. Durante décadas esa discusión estuvo distorsionada. En Colombia se simplificó el debate hasta asociar la derecha con el paramilitarismo y la izquierda con la guerrilla. Esa lectura, marcada por nuestra historia de violencia, terminó desplazando preguntas importantes sobre el papel del Estado, la libertad económica, la importancia de las instituciones y el modelo de desarrollo del país.
Tradicionalmente, la derecha ha defendido principios como la familia, la propiedad privada, la iniciativa empresarial, las Fuerzas Armadas, el Estado de derecho y la economía de mercado. Pero esa definición hoy resulta insuficiente. La conversación comienza a desplazarse hacia una pregunta distinta y más sofisticada: ¿cuál debe ser el papel del Estado en Colombia?
El crecimiento del tamaño del Estado en burocracia y entidades innecesarias, los frecuentes escándalos de corrupción, el despilfarro de recursos públicos y los escasos resultados del saliente gobierno para resolver problemas fundamentales, han despertado un renovado interés por ideas que hace pocos años ocupaban un lugar olvidado en el debate colombiano. El experimento argentino de Javier Milei ha contribuido a poner nuevamente sobre la mesa conceptos como la disciplina fiscal, la reducción del tamaño del Estado y una mayor libertad económica.
Ser de derecha en la Colombia de hoy ya no consiste únicamente en defender el orden o la seguridad. Cada vez significa más tener una posición sobre cuánto debe intervenir el Estado en la economía, qué funciones le corresponden y cuáles deberían quedar en manos de la sociedad civil. Este pregunta no puede ser ajena a líderes y partidos políticos.
Quizá ese sea el debate que apenas comienza en Colombia. Si durante décadas la principal pregunta fue quién podía garantizar el orden, en los próximos años la discusión podría girar sobre cuáles son los límites del Estado y cómo construir una sociedad más libre.
P. D. Tomaré un receso de esta columna. Quiero hacer una pausa para estudiar y escribir sobre temas menos atados a la coyuntura política. Mientras tanto seguiré compartiendo otras reflexiones en mi Substack: Federico Hoyos. Muchas gracias por su lectura y compañía.