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¿Dulces sueños?

Compadezco a quienes no pueden hacerlo y se pasan la vida tomando algo, o mucho, para sortear la noche y sobrevivir al día, o sufren la peste del insomnio.

hace 16 horas
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  • ¿Dulces sueños?

Por Diego Aristizábal Múnera - desdeelcuarto@gmail.com

Hace unos días, leí algo que me pareció bastante curioso y, en principio, un poquito extravagante. Cada vez hay más hoteles en el mundo que por dos mil dólares la noche, prometen que te harán dormir muy bien, con profundidad y calidad. Según algunos estudios, la industria del “turismo de dormir” mueve unos 6.000 millones de dólares al año.

Agradecí que, al menos por el momento, esa platica me la podía ahorrar. Evidentemente no es común que la gente pase una noche derecho, o vaya al baño y retome los sueños sin ningún esfuerzo, y así hasta que al abrir los ojos se sienta la dicha de un nuevo día, porque se durmió plácidamente.

Créanme que no escribo esta columna para presumir, al contrario, la escribo porque compadezco a quienes no pueden hacerlo y se pasan la vida tomando algo, o mucho, para sortear la noche y sobrevivir al día, o sufren la peste del insomnio, inmortalizada en “Cien años de soledad”, y cuyo resultado fue la pérdida de la memoria.

A veces pienso que dormir bien también puede ser un golpe de buena suerte, y de nuevo agradezco. Hasta el momento, ni siquiera los peores momentos de mi vida se han llevado mi sueño: ni la muerte, ni la ruptura de un buen amor, ni la pérdida de un trabajo, ni nada. Claro que a veces he dormido mal, faltaba más, pero ante coyunturas complejas que pueden desvelar a algunos, yo he podido sortear mis noches haciendo algo muy simple: preguntarme qué puedo hacer en ese instante para resolverlo, cuando todo parece tan incierto, y al responderme que nada, he respirado profundo, me he hecho muy consciente de mi presente y me he sumergido en sueños tan reparadores que me han ayudado a seguir adelante.

En estos lugares donde te cobran para dormir, te hacen un análisis médico y te monitorean. La conclusión suele ser que tienes una pésima calidad del sueño (por algo fuiste a este lugar) y que este es uno de los grandes males contemporáneos. Luego te hacen una serie de recomendaciones para que tú las pongas en práctica en casa. En definitiva, todo vale cuando se trata de sentirnos bien. Todo vale cuando el propósito es conocernos mejor para vivir bien esta vida, aunque muchas veces, como solía hacer Nietzsche en Sils Maria, donde escribió varias de sus obras, la fórmula no discrepe mucho de: aire puro, silencio, pocas distracciones y paseos estrictos para llegar a la cama. Y al día siguiente al escritorio con la mente clara y descansada. Si no hay dulces sueños, es claro que el día puede ser muy amargo.

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