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Diego Fernando Gómez

Ingeniero y economista con doctorado en Ingeniería, y doctorando en Historia Empresarial en la Universidad Autónoma de Barcelona. Director de ECSIM y profesor en varias universidades, ha liderado proyectos nacionales e internacionales —públicos y privados— sobre innovación, desarrollo económico y sostenibilidad. Para él, referente en pensamiento empresarial y prospectiva territorial, las ciudades nacen en lo local, pero su destino es el mundo. Solo al abrirse y conectarse logran desplegar su verdadero potencial y construir bienestar duradero.

Antioquia: valores empresariales y esfuerzo colectivo para una nueva etapa de desarrollo

03 de mayo de 2026
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  • Antioquia: valores empresariales y esfuerzo colectivo para una nueva etapa de desarrollo
  • Antioquia: valores empresariales y esfuerzo colectivo para una nueva etapa de desarrollo

Por Diego Fernando Gómez - opinion@elcolombiano.com.co

Antioquia ha construido buena parte de su identidad económica sobre una combinación particular de disciplina laboral, orientación al ahorro, iniciativa empresarial, cooperación familiar y sentido de responsabilidad colectiva. Esa tradición no debe entenderse como una superioridad regional ni como una herencia inmutable, sino como un acervo cultural que, si se actualiza, puede contribuir de manera significativa a enfrentar los desafíos contemporáneos de productividad, desigualdad, informalidad, transición tecnológica y cohesión social.

Varios de quienes han contribuido a comprender estos rasgos culturales han sido investigadores no antioqueños. El profesor de la U del Valle, Luis H. Fajardo, en La moralidad protestante de los antioqueños, interpretó ciertos rasgos de la cultura antioqueña a partir de una afinidad con la ética protestante: valoración del trabajo, austeridad, autocontrol, responsabilidad individual y disposición a la acumulación productiva (Fajardo, 1969). Sugería que algunos comportamientos económicos y sociales podían parecerse a los asociados por Max Weber con la ética del capitalismo moderno. Esa hipótesis sigue siendo provocadora porque permite preguntar si el desarrollo regional depende solo de infraestructura, capital o políticas públicas, o si también requiere disposiciones culturales que favorezcan la confianza, la perseverancia y la construcción de empresas duraderas.

El profesor de la U Nacional en Bogotá, Alberto Mayor Mora, en Ética, trabajo y productividad en Antioquia, amplió esta discusión al mostrar el papel de la Escuela Nacional de Minas en la formación de una élite técnica, empresarial e industrial que articuló disciplina, cálculo económico, productividad y vocación de modernización (Mayor Mora, 1984). Su interpretación permite ver que los valores empresariales no se sostienen únicamente en el esfuerzo individual. Requieren instituciones educativas, redes de cooperación, reglas de mérito, formación técnica y una cultura organizacional que convierta el trabajo en capacidad productiva.

Otra perspectiva la da el Estudio Mundial de Valores. Ofrece un marco útil para actualizar esta reflexión. Inglehart y Welzel plantean que las sociedades se diferencian por orientaciones culturales asociadas a valores tradicionales o secular-racionales, y a valores de supervivencia o autoexpresión (Inglehart & Welzel, 2005). La evidencia del World Values Survey también sugiere que las creencias sociales se relacionan con el desarrollo económico, la calidad institucional, la participación democrática, la igualdad de género y la efectividad gubernamental (World Values Survey Association, 2023).

Desde esa perspectiva, Antioquia debería profundizar sus valores empresariales, pero no como nostalgia de una sociedad cerrada, jerárquica o familiar. El reto consiste en preservar lo más productivo de esa tradición —trabajo constante, cumplimiento, ahorro, cooperación, respeto por el oficio, orientación al logro— y combinarlo con valores contemporáneos de confianza amplia, innovación, inclusión, sostenibilidad, igualdad de oportunidades y participación. Una región que solo conserva disciplina sin apertura puede volverse rígida; una región que promueve creatividad sin responsabilidad colectiva puede perder capacidad de ejecución.

Profundizar los valores empresariales antioqueños significa, por tanto, reconstruir una ética del esfuerzo colectivo para una economía más compleja. Esto implica formar jóvenes con capacidades técnicas y científicas, dignificar los oficios, fortalecer la educación media y superior, promover empresas que inviertan en tecnología y talento, y recuperar una idea exigente de cooperación público-privada. También supone entender que el emprendimiento no es solamente crear negocios, sino resolver problemas sociales mediante organización, conocimiento y persistencia.

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Diego Fernando Gómez

Ingeniero y economista con doctorado en Ingeniería, y doctorando en Historia Empresarial en la Universidad Autónoma de Barcelona. Director de ECSIM y profesor en varias universidades, ha liderado proyectos nacionales e internacionales —públicos y privados— sobre innovación, desarrollo económico y sostenibilidad. Para él, referente en pensamiento empresarial y prospectiva territorial, las ciudades nacen en lo local, pero su destino es el mundo. Solo al abrirse y conectarse logran desplegar su verdadero potencial y construir bienestar duradero.

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