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La Cultura Metro no se estigmatiza

Este sistema de transporte no es simplemente una infraestructura eficiente, es un modelo de pedagogía y sanción social que ha sido referente a nivel internacional.

hace 42 minutos
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  • La Cultura Metro no se estigmatiza

Por Daniel Duque Velásquez - @danielduquev

Hay afirmaciones que no solo son falsas, sino peligrosas. Recientemente, un periodista de RTVC, el canal público nacional, sugirió en televisión que el buen comportamiento de los ciudadanos en el Metro de Medellín es producto del control de la Oficina de Envigado. Según él, la razón detrás del respeto que se vive en el sistema no es la educación ciudadana ni el sentido de pertenencia, sino el miedo a las represalias de esta organización criminal. Decir algo así no es solo una muestra de ignorancia, es también una irresponsabilidad enorme.

Reducir la Cultura Metro a un fenómeno de coerción criminal es desconocer décadas de esfuerzo colectivo. Medellín ha sido señalada y estigmatizada durante años por su historia de violencia, y comentarios como este refuerzan la idea de que todo lo que funciona en la ciudad es gracias a la ilegalidad. No importa cuántas iniciativas de educación ciudadana se promuevan, cuántos ejemplos positivos se exporten o cuánto esfuerzo hagan sus habitantes por construir una mejor convivencia; siempre hay quienes prefieren explicarlo todo bajo la narrativa de lo narco.

Por supuesto, el Metro no es perfecto, y su cultura ciudadana tampoco lo es. Han existido casos de discriminación y retos importantes por resolver. El episodio ocurrido en 2020 con una mujer trans, expulsada de un vagón de manera violenta, es prueba de que aún hay mucho por mejorar en términos de inclusión y respeto por la diversidad. Pero a pesar de estos desafíos, lo que ha logrado el Metro de Medellín en términos de civismo y apropiación del espacio público es algo que pocas ciudades pueden exhibir con tanto orgullo.

Este sistema de transporte no es simplemente una infraestructura eficiente, es un modelo de pedagogía y sanción social que ha sido referente a nivel internacional. Su impacto ha trascendido fronteras y ha servido como ejemplo para la operación del Metro de Quito, donde se ha intentado replicar la Cultura Metro como un mecanismo de transformación urbana. Decir que todo esto es obra de una estructura criminal es no solo falso, sino profundamente ofensivo para quienes han trabajado durante años en la construcción de este modelo.

El episodio no solo evidenció la ligereza con la que algunos periodistas tratan el tema, sino también el silencio cómplice de quienes deberían haber defendido al Metro. Ahí estaba Daniel Quintero, exalcalde de Medellín, asintiendo sin decir una palabra, mostrando una vez más que su entusiasmo por el Metro no era más que un disfraz. Porque además de haber retrasado pagos clave de la Alcaldía, llevando al sistema a una crisis financiera, y de haber intentado socavar su gobierno corporativo con maniobras cuestionables para tomarse la empresa, ahora también calla cuando lo comparan con una banda criminal. Quien realmente valora el Metro lo protege siempre, no solo cuando le conviene políticamente.

La Cultura Metro no es un fenómeno intocable ni exento de críticas, pero sí es un esfuerzo colectivo que merece respeto. Y lo mínimo que podemos exigir es que se hable de ella con responsabilidad, no con ligereza ni con prejuicios baratos.

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