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Drama chino: la juventud sin empleo

hace 7 horas
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  • Drama chino: la juventud sin empleo
  • Drama chino: la juventud sin empleo

Por Beatriz de Majo - beatrizdemajo@gmail.com

La economía global necesitará crear cerca de 600 millones de empleos en los próximos cuatro años solo para acompañar el crecimiento poblacional. La cifra es descomunal, especialmente si se contrasta con una realidad incómoda: el empleo no crece al mismo ritmo. En Asia, el problema es más agudo, y China concentra buena parte de la presión.

El gigante asiático produce más de 11 millones de graduados universitarios cada año, pero uno de cada seis jóvenes que no estudian tampoco trabaja. Aunque la tasa general de desempleo en el país se mantiene en torno al 5%, entre los jóvenes de 16 a 24 años el problema es mucho más severo. No es una anomalía estadística: es una fractura estructural.

El reciente plan quinquenal adoptado por las autoridades reconoce la necesidad imperativa de avances en manufactura y tecnología, pero también admite —implícitamente— una contradicción de fondo: la expansión acelerada de la inteligencia artificial y la automatización, promovida activamente por el propio Estado, está desplazando empleos de entrada justo en el momento en que millones de jóvenes intentan incorporarse al mercado laboral.

El origen del problema es claro: un desajuste profundo entre el sistema educativo y las necesidades reales de la economía. Durante años, China ha formado graduados en disciplinas académicas mientras su aparato productivo demanda más técnicos, mas ingenieros y más perfiles industriales y agroindustriales. El resultado es una paradoja inquietante: jóvenes cada vez más educados, pero crecientemente inempleables.

El gobierno lo sabe. Reconoce que tareas administrativas y básicas están desapareciendo a medida que empresas y administraciones sustituyen trabajo humano por tecnología. La respuesta oficial ha sido intentar alinear educación y estrategia industrial, con programas como el ambicioso y novedoso programa “un estudiante, un chip”, impulsado por el ministro de educación Huai Jinpeng a raíz del nuevo plan quinquenal de desarrollo. Sin embargo, estas iniciativas, aunque relevantes, operan en un horizonte de largo plazo que no responde a la urgencia del presente.

Aquí emerge la principal debilidad del enfoque chino: pretende resolver un problema social inmediato con herramientas estructurales de maduración lenta. Apostar por industrias de alta tecnología puede elevar la productividad, pero no genera empleo masivo en el corto plazo. Por el contrario, tiende a reducir la demanda de mano de obra poco cualificada, ampliando la brecha que ya existe.

Las implicaciones políticas son muy significativas. El contrato implícito del modelo chino —crecimiento económico a cambio de estabilidad social— ahonda sus fisuras. Una juventud educada, urbana y sin perspectivas laborales es un factor de riesgo que no puede ser gestionado únicamente con planificación centralizada. A diferencia de generaciones anteriores, estos jóvenes tienen mayores expectativas y menor tolerancia al estancamiento.

El gobierno ha intentado compensar con estímulos al consumo y el desarrollo del sector servicios, pero estas medidas resultan insuficientes frente a la magnitud del problema. Más preocupante aún es la insistencia en una narrativa de transición tecnológica sin reconocer plenamente sus costos sociales inmediatos.

El desempleo juvenil en China no es coyuntural ni fácilmente reversible. Es el resultado de una transformación económica que el propio Estado ha acelerado sin construir mecanismos de absorción laboral equivalentes. El plan quinquenal ofrece dirección, pero no soluciones inmediatas.

China no enfrenta solo un desafío económico. Enfrenta un desafío político de primer orden: gestionar las expectativas de una generación que, por primera vez en décadas, puede vivir peor que la anterior. Y en un sistema donde la estabilidad es el activo más valioso. Esta es una variable que no admite errores.

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