El ataque de Irán contra Ras Laffan, en Catar, el mayor complejo industrial y puerto de exportación de gas natural licuado (GNL) del mundo, ha provocado daños significativos en la infraestructura energética del país.
Las afectaciones comprometen instalaciones que representan cerca del 17% de su capacidad de exportación de gas.
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Durante la madrugada del jueves 19 de marzo, varios misiles alcanzaron plantas del complejo, generando incendios de gran magnitud y “daños considerables”. Aunque las llamas fueron controladas por equipos de emergencia, el impacto operativo será de largo plazo.
Dos plantas de gas natural y una instalación resultaron afectadas
El director ejecutivo de QatarEnergy, Saad al-Kaabi, confirmó a Reuters que dos de las 14 plantas de GNL del país y una de sus dos instalaciones de conversión de gas a líquidos (GTL) resultaron dañadas.
Como consecuencia, cerca de 12,8 millones de toneladas anuales de GNL quedarán fuera de servicio durante un periodo estimado de entre tres y cinco años, mientras se completan las reparaciones. También estiman una pérdida estimada de 20.000 millones de dólares en ingresos anuales.
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El directivo calificó los ataques como “sin precedentes” y expresó su sorpresa por la magnitud del evento, señalando que no esperaba un ataque de esta escala en la región, especialmente en el contexto del mes de Ramadán.
Riesgo para contratos internacionales de suministro
Los daños en la infraestructura podrían tener efectos directos sobre los compromisos internacionales de Catar. De acuerdo con Kaabi, la compañía evalúa declarar fuerza mayor en contratos de suministro de GNL a largo plazo.
Entre los países potencialmente afectados se encuentran Italia, Bélgica, Corea del Sur y China, mercados clave para el gas catarí.
Esta situación podría generar tensiones en el suministro energético internacional, en un contexto donde Catar es el segundo exportador mundial de GNL.
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Escalada regional golpea infraestructura energética
Los ataques forman parte de una escalada más amplia en el Golfo Pérsico. Horas antes, Irán había lanzado ofensivas contra instalaciones petroleras y de gas en la región, en respuesta a ataques israelíes contra su propia infraestructura energética.
Este giro marca un cambio en el conflicto, que ahora apunta directamente a centros de producción de hidrocarburos, elevando los riesgos para la estabilidad del mercado energético.
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La afectación de instalaciones clave como Ras Laffan refuerza la preocupación por interrupciones prolongadas en el suministro de gas, con potenciales efectos en precios y en la seguridad energética de varios países.