Aunque la misión Artemis II despegó el pasado miércoles y marcó el regreso de Estados Unidos a los vuelos tripulados alrededor de la Luna después de más de 50 años, el verdadero trasfondo no solo se centra en el aspecto científico y los millones de enigmas que lo rodean.
Detrás de este nuevo impulso liderado por la Nasa y el gobierno de Estados Unidos, que costó alrededor de los 4.000 millones de dólares, hay una carrera que comenzó hace décadas y es la disputa por los recursos minerales del espacio.
Y es que aquello que inició por allá en el siglo XX, entre EE. UU., y Rusia (1957-1975) como una competencia ideológica durante la Guerra Fría, actualmente se ha transformado en una carrera geopolítica y económica, en la que también participa con fuerza China, junto a otras potencias y más de 70 países que ya han firmado acuerdos de cooperación para explorar la Luna.
Alexandre Cherman, director de Astronomía del Planetario de Río, señaló al portal CPG que “la respuesta al renovado interés por la Luna está en la viabilidad económica. Hoy sabemos que la Luna tiene minerales, tiene elementos químicos muy importantes para la economía de la Tierra”, dijo.
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Oro, platino y el “combustible del futuro”
La Luna dejó de ser un destino visto con cierto simbolismo o hasta romanticismo. Hoy día ya es vista más como un territorio con potencial económico. Allí hay oro, platino, tierras raras y Helio-3, un isótopo considerado el combustible de la fusión nuclear, una de las apuestas energéticas del futuro por ser limpia y sin emisiones de carbono.
“La energía nuclear del futuro es la fusión nuclear, que son elementos ligeros que no dejan el rastro radiactivo. Y el Helio-3, que es este isótopo que hay mucho en la Luna, es muy importante para este proceso”, explicó Cherman.
Las llamadas tierras raras son especialmente estratégicas: son los elementos que hacen posible el 99% de los dispositivos electrónicos actuales, desde celulares hasta computadoras. En la Tierra, su producción está altamente concentrada —especialmente en China—, lo que ya genera tensiones globales.
La posibilidad de encontrarlas en la Luna cambia el tablero. Quien logre extraerlas primero podría tener una ventaja inmensa en industrias como la tecnología, la defensa y la energía.
La minería espacial, una carrera que no empezó el pasado miércoles
Aunque en estos momentos el foco está en la Luna, la carrera por explotar recursos fuera de la Tierra comenzó hace varias décadas, inicialmente con la exploración de asteroides cercanos.
Actualmente se han identificado más de 12.000 asteroides ricos en minerales, muchos de ellos con concentraciones de metales preciosos superiores a las de la Tierra. Algunos están a “solo” 45 millones de kilómetros, una distancia relativamente accesible en términos espaciales.
Uno de los casos más emblemáticos es Psyche 16, un asteroide ubicado entre Marte y Júpiter que, según estimaciones, podría estar valorado en 700 quintillones de dólares, más que toda la economía global. Contendría hierro, níquel y oro en cantidades tan grandes que, en teoría, cada habitante del planeta podría volverse multimillonario.
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Empresas, países y la nueva fiebre del oro espacial
La carrera ya no es solo de gobiernos, también se han unido empresas privadas llevan años desarrollando tecnología para hacer viable la minería espacial. Entre las que se encuentran Planetary Resources o Deep Space Industries, las cuales han trabajado en el desarrollo de naves capaces de explorar y eventualmente extraer recursos de asteroides.
Incluso países como Luxemburgo han invertido cientos de millones de euros para atraer empresas del sector, apostando a que esta industria sea el próximo gran salto económico.
Las proyecciones refuerzan ese interés: el mercado de la minería espacial podría alcanzar US$3.800 millones en 2025 y escalar hasta US$2,7 billones en 2040, impulsado por la demanda de minerales estratégicos y el desarrollo tecnológico.
¿Más fácil que en la Tierra?
De acuerdo con expertos, paradójicamente, extraer recursos en el espacio podría ser, en algunos casos, más sencillo que hacerlo en la Tierra. En los asteroides, por ejemplo, los minerales están más cerca de la superficie y la baja gravedad facilita las operaciones.
Además, algunos contienen agua, un recurso clave que podría convertirse en combustible para futuras misiones espaciales, reduciendo costos y permitiendo una exploración más profunda del sistema solar.
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La Luna: de símbolo a territorio en disputa
Sin embargo, la Luna tiene una ventaja estratégica: su cercanía y su gravedad permiten pensar en operaciones más estables y en la instalación de bases permanentes.
Por eso, la nueva carrera espacial ya no se trata solo de llegar, sino que se está empezando a direccionar en quedarse. La idea es que la Luna funcione como una plataforma para futuras misiones, incluido Marte— y como un centro de extracción de recursos. “No tengo dudas de que la primera persona que irá a Marte ya nació”, afirma el experto en astronomía.
En ese contexto, el control de minerales como las tierras raras y el Helio-3 no solo tiene implicaciones económicas, sino también geopolíticas. Es, en esencia, una disputa por la tecnología y la energía del futuro.
Para saber más: ¿se puede “comprar” la Luna?
Aunque cada vez se habla más de explotar recursos fuera de la Tierra, el marco legal internacional es claro, al menos por ahora, frente a la propiedad del espacio.
El punto de partida es el Tratado del Espacio Exterior de 1967, considerado la base jurídica de toda la actividad espacial. Este acuerdo establece que el espacio ultraterrestre, incluida la Luna y otros cuerpos celestes, no puede ser reclamado como propiedad por ningún país, ni mediante soberanía, ocupación o cualquier otro mecanismo.
Esa misma lógica se extiende a los particulares. Es decir, ni los Estados ni las empresas o personas pueden ser dueños de territorios en la Luna o en Marte. En otras palabras, no existe, legalmente, la propiedad privada sobre estos espacios.
Aun así, en el mercado han surgido iniciativas que ofrecen “parcelas” en otros planetas. Un caso conocido es Lunar Embassy, que comercializa terrenos en la Luna o Marte. Sin embargo, estas transacciones no tienen ningún respaldo jurídico internacional y son consideradas simbólicas o recreativas.
Donde sí hay una discusión abierta es en el uso de los recursos. La posible extracción de minerales o materiales —como los presentes en la Luna o en asteroides— ha abierto un debate global sobre quién puede explotarlos y bajo qué reglas. Por ahora, la norma prohíbe apropiarse del territorio, pero el futuro de la “minería espacial” sigue en construcción.