El debate sobre el futuro de Interconexión Eléctrica (ISA) vuelve a tomar relevancia en medio de las discusiones sobre el papel de los activos estatales, la situación financiera de Ecopetrol y los desafíos que enfrenta Colombia para garantizar la expansión de su infraestructura energética.
En diálogo con EL COLOMBIANO, Bernardo Vargas Gibsone, quien estuvo al frente de ISA durante casi siete años y se retiró de la compañía después de la venta a Ecopetrol, señaló que uno de los principales cambios que experimentó la empresa estuvo relacionado con su gobierno corporativo y la cercanía con las decisiones políticas.
¿Cuál sería el paralelo entre la Interconexión Eléctrica que usted dejó en 2022 y la empresa que vemos hoy?
“Yo no he seguido el negocio de ISA de forma muy cercana. Siempre ha sido mi filosofía que, una vez retirado de las cosas, es importante quedarse retirado. Es como los que hablan de los expresidentes: los mejores expresidentes son los que no están por ahí presentes.
No he querido tener mucho contacto con la gente. He tenido contacto con algunos, pero no he seguido el desarrollo de la empresa. Me he enterado por la prensa y por los resultados, que sigo.
Yo me retiré de ISA porque no estuve de acuerdo con la compra de Ecopetrol. Sentía que eso iba a politizar a una empresa que durante 50 años había estado lejos de la política y había tenido un gobierno corporativo realmente modelo para cualquier empresa de carácter mixto.
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Yo creo que eso se dañó. Ese tema se complicó mucho desde entonces y, desgraciadamente, eso tiene un impacto sobre la gente y sobre la cultura. No he estado lo suficientemente en contacto como para tener claro qué tan relevante fue ese impacto.
Lo que sí sé es que, desde el punto de vista de los resultados financieros, se ha caminado relativamente bien. Ha habido crecimiento en el negocio de transporte de energía en Brasil, con varias convocatorias ganadas, y se compró una autopista en Panamá. No sé qué tan buen negocio era eso, pero me parece que va a ser bueno y están integrando el negocio.
Creo que los resultados son relativamente buenos. Veo con mucha satisfacción que la acción, después de muchos años de estar quieta, ha rebotado con todo el mercado y lo ha hecho bien en los últimos meses. Esos son buenos signos. Cuando a ISA le va bien, a mí me da mucha satisfacción”.
¿Cómo recuerda las negociaciones y decisiones que llevaron a que ISA fuera vendida a Ecopetrol? ¿Cómo eran esas juntas y esas conversaciones previas, cuando había un mandato de vender y usted, como administrador, consideraba que ese no era el negocio?
“Ni la administración ni la junta de ISA se enteraron en ningún momento de ese negocio hasta que se anunció. Lo anunciaron el Ministerio de Hacienda y Ecopetrol. Cuando se anunció, nadie de la junta ni de la administración de ISA había sido informado, ni le habían preguntado la opinión, ni nos habían consultado al respecto.
Fue una decisión tomada exclusivamente entre el Ministerio de Hacienda, el Gobierno central y Ecopetrol. Nosotros no tuvimos ninguna participación en eso.
Cuando se anunció, a mí y al presidente de la junta nos preguntaron qué opinábamos y nos contaron cuál era la narrativa que querían, en la que ISA sería un brazo para fortalecer el concepto de energías renovables para Ecopetrol.
Era una narrativa muy ajena y difícil de argumentar, porque ISA no era una empresa generadora y, de hecho, ya en esa época era reconocida por transportar energía verde. No veíamos cómo esa historia iba a favorecer a Ecopetrol ni cómo ISA iba a ser instrumental para gastarse ese dinero, pagando $25.000 por acción, para fortalecer una historia que al final de cuentas no sucedió.
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Ni la acción de Ecopetrol se favoreció ni la de ISA. Al contrario, después de la venta, la acción de Ecopetrol cayó estrepitosamente”.
¿Cuánto tiempo pasó entre conocer esa decisión y su retiro de ISA?
“Cuando se conoció esa decisión, era una decisión tomada y yo era un funcionario. Me quedé hasta que se hizo la debida diligencia y se fijó el precio de compra, que fue aceptado por el Gobierno. Tuve que ser un agente importante para ayudar a Ecopetrol y al Gobierno a que esa transacción saliera bien, y así fue.
La transacción salió a un precio muy bueno, por lo menos al precio justo, según los banqueros de inversión, y el Gobierno quedó satisfecho.
Yo era funcionario de ISA hasta que eso pasó. El día que se anunció el precio de venta y el cierre de la transacción, a los siete días me retiré de ISA porque no pensaba que eso fuera a ser un buen negocio a corto plazo”.
¿Usted pudo hacer parte del proceso de transición?
“Sí. Presenté mi carta de renuncia el 27 de agosto y la junta de ISA me pidió que me quedara hasta que hubiera un reemplazo. Yo le dije que me quedaría hasta final de año y finalmente terminé yéndome a principios de enero de 2022, pero cuando me fui todavía no había un reemplazo. Así que realmente no podía hacer parte de ese proceso”.
¿Cuáles fueron las desventajas de que ISA pasara de ser una empresa independiente a convertirse en una filial o subsidiaria de Ecopetrol?
“El primer tema era que quedaba muy cercana a los avatares políticos. De hecho, los presidentes de Ecopetrol cambiaban cada vez que cambiaba el presidente de la República. El presidente de ISA no: había presidentes que duraban varias administraciones. Entonces, el primer tema era la injerencia política en ISA.
Lo segundo es que Ecopetrol no le agregaba nada a ISA. ISA venía creciendo tranquilamente, nunca necesitó capital y nunca se sobreendeudó. Siempre tuvo calificaciones de primera ante la banca internacional y emitió el primer bono internacional triple A. Era una compañía que no necesitaba a Ecopetrol para crecer.
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Por eso, no le traía ninguna ventaja y, por el contrario, le traía un desmedro en su gobierno corporativo. De tal suerte que no tenía ningún sentido que ISA se volviera una subsidiaria de Ecopetrol”.
Cuando usted se retiró, después de casi siete años en la presidencia, dejó estructurada una visión de largo plazo hacia 2030. ¿Todo eso se perdió?
“No tengo idea. Pienso que no. De lo que se hizo bueno, todavía está por ahí, pero no le sé contestar con certeza”.
¿Cuál era la línea gruesa de esa visión hacia 2030?
“Eran unos objetivos muy específicos.
Básicamente, era una estrategia orientada a la creación de valor sostenible, garantizando la vigencia corporativa y generando un impacto positivo ambiental y social en América Latina”.
En un entorno de nuevo gobierno, ¿hacia dónde habría que redirigir a ISA?
“Creo que lo más importante es que ISA retorne a un gobierno corporativo fuerte, en donde se elija una junta directiva independiente que tenga la posibilidad de contratar al mejor equipo administrativo, no en beneficio de ningún movimiento político, sino en beneficio de la empresa y del país.
Lo que quisiera ver de este gobierno es que hiciera eso de la mejor manera. Creo que este gobierno tiene buenas intenciones de hacerlo así”.
¿Cree que la nueva junta de Ecopetrol podría empezar a generar cambios en esa línea?
“No conozco sino a un par de miembros de la junta, que me parecen muy probos y muy serios. Ojalá les vaya muy bien.
De la junta conozco a dos o tres personas. Del resto no sé.
Espero que la junta obre por encima de consideraciones políticas y más en beneficio de que esa empresa, que es tan importante para Colombia, se fortalezca, porque de la administración pasada sí salió muy maltrecha y se necesita volver a la Ecopetrol de otras épocas”.
En las discusiones del nuevo gobierno sobre cómo ajustar sus cuentas y finanzas se ha hablado de la venta de activos. Se menciona una porción accionaria de Ecopetrol y también ISA. ¿Consideraría conveniente vender ISA a un inversionista privado o a un jugador relevante del sector?
“No tengo hoy en día la información para darle una respuesta categórica, pero algún político alguna vez, cuando le preguntaban los periodistas, contestaba: ‘Me suena, me suena’. Yo le contestaría así”.
¿Cuál sería la ventaja de que llegara un nuevo dueño privado, teniendo en cuenta lo que pasó con Isagén?
“Lo que pasa es que a mí me da mucha tristeza que un activo tan importante para el país vaya completamente a manos privadas, pero estoy seguro de que un jugador privado, como el que compró Isagén, lo haría muy bien en ISA también”.
Usted estuvo al frente de ISA durante casi siete años y en ese periodo el país enfrentó riesgos de apagón y dificultades asociadas con fenómenos climáticos adversos. Hoy vuelven a encenderse las alarmas. ¿Cómo capotea una empresa como ISA una situación de esas?
“Lo mejor que tiene ISA, o tenía cuando yo estaba, era el talento humano. El talento humano de esa empresa era realmente espectacular, no solo a nivel local, sino internacional.
Era gente muy profesional, técnicamente muy bien fundamentada, que podía trabajar de una forma muy técnica, pero también muy efectiva para hacer que las cosas pasaran bien.
Usted se acuerda: en mis épocas, cuando cogí ISA, la acción estaba un poquito por debajo de $6.000 y llegó hasta $30.000, incluso en los momentos más críticos del clima, del fenómeno de El Niño.
Eso era porque ISA lo que decía lo cumplía. Hacía obras que fortalecían el sector eléctrico, hacía obras para fortalecer la presencia internacional que producían retornos positivos para la organización y todo eso estaba respaldado por un grupo humano de primera.
Yo creo que eso no se ha podido destruir en ISA. El capital humano sigue vigente, así como el capital técnico, y creo que, de la mano de ese grupo humano, van a sortear con éxito una crisis como la que estamos viviendo, que es muy profunda.
Eso requiere también las políticas adecuadas que este gobierno ya está aclarando. Con esa ministra de Minas y Energía, María Nohemí Arboleda, que es profunda conocedora del sector y a quien yo nombré en XM cuando era presidente, creo que le va a ir muy bien a Colombia de la mano de ese ministerio y del equipo de ISA”.
¿Considera que ISA está bien balanceada en los negocios en los que participa actualmente: transmisión de energía, concesiones viales e Internexa?
“Siempre ha habido la pregunta sobre las concesiones viales, porque la gente dice que no es un negocio energético y que no tiene una relación muy directa con el otro negocio grande, que es la transmisión de energía eléctrica.
Pero lo que hace ese negocio, y a mí me sirvió mucho, es diversificar los flujos de caja. Cuando el negocio energético está pasando por momentos difíciles, el negocio de carreteras sirve para diversificar flujos y estabilizar la compañía.
A mí me sirvió. Por eso nunca supuse que era una buena idea vender ese portafolio, pero entiendo que a futuro eso puede ser una discusión que llegue a la mesa”.
¿Y cuál era su visión sobre Internexa?
“Cuando yo estaba allí teníamos una propuesta muy interesante de vender esa compañía. El Gobierno de la época no quiso hacerlo. Yo creo que se equivocó”.
Usted ha señalado que Ecopetrol quedó en una situación maltrecha. ¿Qué sensación le producía escuchar las noticias sobre la administración que tuvo ISA con personas cercanas al exalcalde Daniel Quintero?
“Me daba mucha tristeza. ISA, como le digo, durante más de 50 años nunca fue manejada por personas que tuvieran en su mente o en su expectativa un tema político. Siempre fue manejada por administradores que pensaban en el bienestar de la compañía y del país antes que en temas políticos. De tal manera que eso me daba mucha tristeza”.¿
¿En el plan de expansión que usted dejó se quedaron muchas cosas frenadas? ¿Hay líneas que siguen rezagadas?
“En el gobierno de Petro hubo muy poca inversión, en lo que yo entiendo. No estoy seguro de qué tanto ejecutó ISA. Pero la verdad es que no era un gobierno que estuviera favoreciendo el crecimiento económico ni la inversión.
Creo que eso afectó a ISA, pero afectó al sector en general. De hecho, muchas de las decisiones que se tomaron y con las que yo no estuve de acuerdo hoy muestran sus resultados.
Ese gobierno realmente tuvo ministros de Minas muy cuestionables desde el punto de vista técnico y los resultados están claros a la vista”.
¿Cómo quisiera ver a ISA dentro de tres o cuatro años?
“Creo que ISA tiene todavía todo el potencial para ser una empresa con una acción cada vez más fuerte, una compañía con más presencia regional y con la fortaleza que tiene en Colombia.
A nivel internacional, ISA tiene mucho por hacer y a nivel local también. En un mundo en donde la energía crece a los ritmos que está creciendo, no solo por la demanda de consumo de las personas, sino por temas como los centros de datos, que necesitan tanta energía, las compañías de transmisión se convierten en elementos fundamentales de la consolidación energética de los países.
De tal manera que creo que ISA tiene un porvenir muy positivo”.
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