Los animales salvajes siguen pagando “cadena perpetua” por la inconsciencia de quienes los comercializan y los desalmados que los compran y buscan domesticarlos a base de maltratos.
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El Área Metropolitana rescató un mono ardilla víctima de tráfico ilegal en Medellín, pero las secuelas físicas y de comportamiento impiden su retorno. Conozca el impacto de la domesticación.
Los animales salvajes siguen pagando “cadena perpetua” por la inconsciencia de quienes los comercializan y los desalmados que los compran y buscan domesticarlos a base de maltratos.
Esto es lo que se podría concluir luego de que el Área Metropolitana diera detalles del rescate de un mono ardilla, el cual no podrá regresar a su hábitat natural debido a las secuelas que le dejó el tiempo que pasó en cautiverio.
Según la autoridad ambiental, el animal, un macho adulto de una especie que no vive de forma natural en la subregión, fue recuperado por la Policía Ambiental en Medellín tras ser víctima del tráfico ilegal.
El pequeño simio quedó bajo el cuidado del Área Metropolitana. Cuando llegó al centro de recuperación animal, apenas pesaba 630 gramos y mostraba claros signos de desnutrición, tenía un diente fracturado y le faltaban otras piezas dentales.
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También presentaba problemas en sus huesos que, según los expertos, se deben a que no recibió la alimentación adecuada para su desarrollo natural. Estas condiciones son permanentes y reflejan lo que puede pasar cuando un animal silvestre es tenido como mascota lejos de su entorno.
Además, durante las observaciones, se notó que, si bien el mono se mueve con agilidad entre las perchas, como lo haría en libertad, al mismo tiempo busca constantemente el contacto con las personas y vocaliza como si esperara atención humana. Ese comportamiento, que no es normal en la vida silvestre, hace que su adaptación a la vida en el bosque sea prácticamente imposible.
Por esa razón, los especialistas concluyeron que no es apto para ser liberado, pues su supervivencia en la naturaleza estaría comprometida por los cambios que sufrió en su cuerpo y en su manera de comportarse.
Cabe resaltar que el mono ardilla es un primate pequeño que vive en los bosques tropicales de Sudamérica, como en la Amazonía de Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana, Surinam y Venezuela.
Estos animales suelen moverse en grupos y pasan la mayor parte del día entre los árboles. Además, su dieta incluye frutas, insectos, hojas y semillas, lo que los convierte en dispersores naturales de semillas y en piezas clave para mantener la salud de los bosques.
Desde el Área Metropolitana del Valle de Aburrá hicieron un llamado a la comunidad para que no compre, posea ni comercialice fauna silvestre. Ojalá esta vez sí le presten atención.
Mantener animales como este fuera de su entorno natural no solo perjudica su salud, sino que también afecta a los ecosistemas y facilita la propagación de enfermedades que pueden afectar tanto a animales como a personas.
Además, la tenencia ilegal de fauna –que se merece un buen endurecimiento en las penas legales– contribuye a la pérdida de biodiversidad y condena a especies como el mono ardilla a vidas de sufrimiento en cautiverio.
Preguntas frecuentes sobre el tema: