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La historia de Camilo Jaramillo: el ingeniero físico paisa que estudia muestras de asteroides en EE. UU.

Su proyecto de doctorado lo realizó para uno de los centros más importantes de la Nasa. Un dispositivo de su autoría fue utilizado para analizar muestras obtenidas del asteroide Ryugu.

  • Camilo Jaramillo en el Princeton Plasma Physics Laboratory, un laboratorio nacional de Estados Unidos enfocado en el desarrollo de energía de fusión. FOTO: Cortesía
    Camilo Jaramillo en el Princeton Plasma Physics Laboratory, un laboratorio nacional de Estados Unidos enfocado en el desarrollo de energía de fusión. FOTO: Cortesía
hace 60 minutos
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De formarse en Medellín como ingeniero físico a trabajar en un laboratorio nacional de Estados Unidos; de diseñar un elemento de medición para el combustible en una pequeña empresa paisa, a fabricar un dispositivo con el que se analizó el material obtenido de un asteroide en una misión espacial japonesa. Así podría resumirse lo hecho por el ingeniero antioqueño Camilo Jaramillo Correa si se quiere simplificar su trayectoria, pero su historia es lo que realmente importa.

Camilo tiene 33 años y es un paisa muy orgulloso de sus raíces, sin embargo, reconoce que su sueño siempre fue trabajar en otro país. No porque aquí no pudiera ejercer lo que estudió, sino porque sintió que su capacidad podía ser mejor aprovechada en un lugar más acorde a su profesión.

Desde niño su interés estuvo trazado por la física. Era su materia favorita en el colegio –el Colombo Británico de Envigado–, pero más allá de la temática era un apasionado por lo inmenso que puede ser el universo. Su curiosidad no cesaba al igual que sus ganas de darle explicación a cada una de sus inquietudes.

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No había terminado el colegio y ya sabía qué quería estudiar en la universidad: ingeniería física. Tenía todo un cronograma diseñado en su cabeza y poco a poco lo fue cumpliendo. En 2009 se graduó del Colombo y al año siguiente empezó su pregrado en Eafit, con la esperanza de expandir su conocimiento e ir entendiendo lo que muchas veces solo podía ver a través de una pantalla en series y documentales.

A partir del quinto semestre, según Camilo, el interés pasó de lo general a lo particular, es decir, dentro de lo amplio de la física se enfocó en los estados de la materia, más específicamente en el plasma. Fue el momento en el que su pasión –aunque ya estaba en pleno furor– se desató aún más.

“Yo quería aplicar mi conocimiento haciendo cosas, pero noté que el campo de acción fuerte para eso era en otro país”, dice él, pues desde que era un niño siempre tuvo activa la vena de la imaginación y la curiosidad para fabricar “inventos”.

Mientras buscaba la forma de estudiar en el extranjero, trabajó seis meses en una empresa de Medellín que se encargaba de desarrollar tecnologías para monitorear el combustible en las estaciones de gasolina. Uno de los elementos clave para llevar a cabo dicho análisis era un sensor que solo se conseguía en Italia, por lo que la empresa, teniendo en cuenta la formación y los saberes de Camilo, le pidió que diseñara un prototipo similar que pudiera cumplir la misma función.

“Las estaciones de gasolina tienen un tanque subterráneo que es donde está el combustible acumulado. En términos simples, el dispositivo que elaboré era una vara que se introducía dentro de ese tanque. Esta tenía un tipo de flotadores donde se veía reflejado el nivel de combustible y el nivel de agua, y el propósito era identificar que el combustible no estuviera contaminado”, dijo.

Para él fue todo un logro fabricar este sensor. Fue su primera experiencia práctica en el campo laboral, pero en la universidad, cada semestre le asignaban la creación de un dispositivo para una tarea específica, por lo que tenía una base sólida que le permitió elaborar el prototipo con más certeza.

“Un viaje a lo desconocido”

En 2016, un docente de la Universidad de Illinois trabajaba en colaboración con un grupo de investigación de la Universidad de Antioquia. Justo por esa época, Camilo envió su hoja de vida a la UdeA. Aún no sabe cómo ni de qué forma, pero su currículum llegó a manos del profesor en cuestión, quien vio que el joven paisa tenía un gran interés en el plasma, tema en el que el educador era especialista.

“Él me hizo una entrevista. Yo le comenté que estaba buscando estudiar un doctorado en el exterior, a lo que me respondió que había una vacante en el grupo de investigación que él tenía allá, entonces que mientras estaba ahí podía estudiar el posgrado en esa misma universidad. Fue la oportunidad perfecta”.

A partir de ahí empezó a tejerse el sueño. Camilo llegó a territorio estadounidense e hizo una maestría de ingeniería nuclear de plasma y radiología en la Universidad de Illinois, y una vez terminó esa especialización empató con el doctorado –también sobre lo mismo– en la Universidad de Penn State, donde su proyecto de grado lo realizó para uno de los centros más grandes e importantes de la Nasa: el Instituto Virtual de Investigación de Exploración del Sistema Solar.

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Ese ha sido uno de sus más grandes logros, pues si bien lo pensó en algún momento mientras vivió en Colombia, nunca dimensionó que iba a ser parte de un grupo de trabajo para la Nasa. Pero ese no fue su techo. Su espíritu de inventor salió a relucir en otro proyecto, esta vez relacionado a la misión Hayabusa 2, liderada por la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial Jaxa, uno de los hitos recientes más significativos en el que se obtuvieron muestras del asteroide Ryugu y se trajeron a la Tierra para ser evaluados. Camilo tuvo el privilegio de examinar algunas de esas muestras con un dispositivo que él mismo diseñó y fabricó.

“El objetivo era utilizar ese prototipo para hacer unas medidas y detectar las características ópticas de las piedritas. Creo que uno de los días más felices de mi vida fue cuando me dijeron que querían utilizar mi cápsula para esa tarea, porque es un honor tener acceso a un material así”, agregó Jaramillo Correa.

La doctora Deborah Domingue es una científica sénior en el Instituto de Ciencias Planetarias, y fue una de las principales mentoras de Camilo cuando estaba en su doctorado.

“Camilo es tranquilo y alegre cuando estamos juntos en el laboratorio y los resultados nos dan información de lo que realmente estudiamos. Ha construido instrumentos muy útiles. Esa creatividad también se nota en la forma en que aborda los problemas de la Ciencia que hemos explorado. Estoy convencida de que él tiene el potencial para ayudarnos a resolver muchas de las preguntas”, dijo Domingue.

Este joven paisa, ahora en Estados Unidos, reconoce que no habría llegado donde está sin el impulso de su familia. Siempre lo han acompañado y apoyado desde que era niño.

“A pesar de que, para él, ha sido algo complejo y lo fue aún más cuando se fue para el exterior, nunca nos hizo ver a nosotros como papás que estaba pasando por momentos difíciles. No se quejaba, todo lo contrario, siguió hacia adelante con el objetivo de conseguir su sueño y finalmente lo logró”, dijo Cristina Correa, su madre.

Actualmente, Camilo es investigador postdoctoral en la Universidad de Princeton y colaborador en el Princeton Plasma Physics Laboratory (PPPL), un laboratorio nacional de Estados Unidos enfocado, entre otras cosas, al desarrollo de la energía de fusión. Quiere seguir construyendo cosas, innovando y puliendo sus habilidades, y si bien apenas con 33 años ya tiene suficiente por contar de su experiencia laboral, siente que su camino apenas inicia.

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