El 2026 ha sido un año difícil para Cuba que, en medio del aislamiento que vive por las presiones de Estados Unidos, está viendo cómo el emblemático programa de misiones médicas internacionales enfrenta un proceso de desmantelamiento sin precedentes en América Latina y el Caribe.
En lo corrido del año, una decena de países han cancelado o suspendido sus convenios de salud con la isla, en medio de graves acusaciones que van desde la explotación laboral hasta el uso de estas brigadas como fachada para actividades de inteligencia y proselitismo político.
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La nación que comenzó con esta medida fue Honduras en el mes de enero, cuando el gobierno de Nasry Asfura ordenó el regreso de 168 médicos a La Habana, alegando irregularidades en las contrataciones y el incumplimiento de leyes locales que limitan la estancia de brigadas extranjeras.
A la decisión de los hondureños se sumó Guatemala, cuyo presidente Bernardo Arévalo anunció una retirada gradual para priorizar al personal nacional.
En este mes de marzo, Jamaica suspendió su acuerdo de cinco décadas tras no alcanzar nuevos términos de cooperación, mientras que Guyana confirmó la salida de su misión después de que Cuba decidiera retirar al personal ante la intención local de imponer requisitos adicionales de contratación.
Otras naciones caribeñas, como Antigua y Barbuda, Bahamas, Dominica y Granada, también han rescindido o modificado drásticamente sus vínculos con el programa.
Sin embargo, ya otros países habían cancelado este tipo de programas en años anteriores, como Ecuador, que lo hizo en el año 2019. Por otra parte, Cuba le ordenó a sus médicos en 2018 volver a la isla tras las críticas del entonces presidente electo Jair Bolsonaro, quien calificó las condiciones contractuales como “trabajo esclavo”.
Las cancelaciones de estas alianzas se han dado en medio de una serie de críticas, entre las cuales destacan explotación salarial, pues hay estimaciones de que el gobierno cubano retiene entre el 75% y el 90% del salario que los países anfitriones pagan por cada médico. De hecho, esta fue una de las críticas del expresidente brasilero.
La otra crítica proviene del Departamento de Estado de EE. UU., que califica estas misiones como “trabajo forzado”, denunciando que se priva a los profesionales de sus libertades fundamentales.
Pero la denuncia más llamativa radica en el presunto uso de estas brigadas para fines no médicos. Organizaciones y expertos internacionales sostienen que las misiones sirven para que el régimen de La Habana infiltre cuadros de inteligencia en los países anfitriones.
Sobre estos señalamientos, testimonios recopilados por organizaciones como Cuban Prisoners Defenders (CPD) refuerzan esta tesis: el 91% de los médicos entrevistados afirmó haber sido vigilado por agentes de seguridad cubanos durante su misión.
Los galenos le han testificado a esta organización que los coordinadores de las misiones, quienes suelen ser funcionarios del servicio de seguridad cubano, controlan las relaciones personales de los médicos, sus encuentros y el cumplimiento de normas como el toque de queda. La vigilancia estatal sobre los médicos es tal que las autoridades les exigieron en ocasiones actuar como informantes sobre sus propios colegas para detectar cualquier sospecha de deserción.
El testimonio de esta organización, recogido por BBC, subraya que el control del régimen llega al punto que a un 41 % de los médicos un funcionario cubano les quitó el pasaporte una vez ingresaban a los países donde eran enviados y un 89 % aseguró que no conocía el destino al cual viajaría antes de salir de la isla.
Pero el caso más preocupante es en países como Venezuela, donde los testimonios mencionan que los médicos eran obligados a realizar perfiles políticos de los ciudadanos.
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