El derrocado dictador venezolano Nicolás Maduro apareció sonriente el jueves ante un tribunal de Nueva York, donde no tomó la palabra, en su segunda comparecencia desde su captura por parte de Estados Unidos.
En el transcurso de una audiencia que duró poco más de una hora, el juez a cargo del caso hizo saber que no tenía intención de acceder a una solicitud de sus abogados para desestimar los cargos por razones procesales.
Lea también: Maduro regresará esta semana a un tribunal de Nueva York, ¿qué busca su defensa esta vez?
“No voy a desestimar el caso”, sostuvo el juez en la segunda sesión judicial contra el dictador Maduro que acoge la corte federal de Manhattan tras su sorpresivo arresto a principios de enero de 2026 en un histórico operativo de las fuerzas estadounidenses en Caracas.
El juez Hellerstein ha pedido al fiscal adjunto Kyle Wirshba que averigüe si Maduro y su esposa, Cilia Flores, disponen de otras formas de hacer frente a los gastos, una vez tampoco se ha permitido al Gobierno de Venezuela sufragar el litigio.
El propio juez ha reconocido que “lo más probable”, en caso de que existieran, estos fondos “serían susceptibles de ser decomisados o estarían sujetos a sanciones”, y se ha preguntado si el tribunal puede ordenar a la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Tesoro que levante las sanciones.
En respuesta, el fiscal adjunto ha persuadido al juez de no permitir que Maduro y su esposa pudieran utilizar los fondos del Gobierno venezolano para pagar el juicio. “Los acusados están saqueando la riqueza de Venezuela”, ha justificado Wirshba, para quien esta maniobra “socavaría” la efectividad de las sanciones.
Procesado por narcotráfico junto con su esposa Cilia Flores, de 69 años, el antiguo hombre fuerte de Venezuela, de 63 años, se mostró relajado, sonriente, con su uniforme gris de preso, tomando notas, conversando con sus abogados a través de un intérprete y lanzando miradas a los bancos de la prensa.
Los dos están detenidos en una cárcel de Brooklyn desde hace casi tres meses. Sólo habían salido el 5 de enero, dos días después de su captura, para su primera audiencia, en la que Maduro se declaró “prisionero de guerra” y “no culpable” de las acusaciones en su contra.
Son cargos de conspiración por “narcoterrorismo”, conspiración para importación de cocaína, posesión de ametralladoras y artefactos destructivos y conspiración para la tenencia de esas armas.
Recluido en el Centro Metropolitano de Detención de Brooklyn, una prisión federal conocida por sus condiciones extremas, Maduro está presuntamente aislado en una celda sin internet ni periódicos.
Según una fuente cercana al gobierno venezolano, Maduro lee la biblia y algunos de sus compañeros en la prisión le llaman “presidente”.
Solo se le permite hablar por teléfono con su familia y con sus abogados por un máximo de 15 minutos, agregó la misma fuente.