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Las mascotas se lucieron en la Caminata Canina y de Mascotas 2026, uno de los eventos más esperados de la Feria de las Flores. Le contamos cómo se vivió.

  • Foto: Cortesía.
    Foto: Cortesía.
  • Foto: Camilo Suárez.
    Foto: Camilo Suárez.
  • Foto: Camilo Suárez.
    Foto: Camilo Suárez.
  • Chalo arrastrando la carroza con sus perros a bordo. Foto: Camilo Suárez
    Chalo arrastrando la carroza con sus perros a bordo. Foto: Camilo Suárez
hace 6 horas
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En la mañana del domingo 2 de agosto, los alrededores de la Unidad Deportiva Atanasio Girardot fueron el encuentro de una manada que camina la ciudad sobre cuatro patas. En el marco de la Feria de las Flores 2026, la Caminata Canina dispuso de 3.5 km de vía para que perros de todas las razas y algunos gatos recorrieran una Medellín que apuesta por el cuidado animal.

El evento dio marcha sobre la carrera 70 con dirección a San Juan, pasando por Carabobo y finalizando en Tierragro de Palacé, empresa organizadora de la caminata desde hace 27 años. El paso de la multitud era diverso, algunas personas andaban a ritmo continuo y acelerado, otras hacían una parada rápida en las piscinas distribuidas en todo el trayecto y hubo quienes se tomaban su tiempo en cada actividad acuática. Cada humano cumplía la labor de acompañar y cuidar a quienes protagonizaban el encuentro.

Al principio algunos perros parecían tímidos o confundidos, otros bailaban de un lado a otro sin decidirse sobre a quién saludar, pero conforme avanzaba la caminata todos terminaban por entender la dinámica: avanzar, jugando y disfrutando lo más que se pudiera.

Foto: Camilo Suárez.
Foto: Camilo Suárez.

Grandes, medianos, pequeños y hasta en carreta

Había perros para todos los gustos y tamaños. Los de raza grande como el doberman, el pastor francés o el pitbull, caminaban sin cuidado abriéndose paso con facilidad. Entre sus patas, razas como el shih tzu, pinscher o chihuahua aceleraban con una seguidilla de pasitos para mantener el mismo ritmo, atentos a esquivar cualquier descuido que se pudiera convertir en un tropiezo.

“Él es muy tranquilo, es asustador por grande, pero tranquilo”, decía el acompañante de un gran danés que llamaba la atención por su tamaño, mientras sus interlocutoras bromeaban “más fácil muerde uno chiquito que estos”. Pero a pesar de la diversidad en tamaño, razas y carácter ningún altercado significativo marcó el evento, cuando un olfateo no parecía ser amistoso bastaba un leve tirón de la correa o unas palabras de su dueño para que terminara el encuentro.

Aunque la mayoría hizo el recorrido sobre sus cuatro patas, no todos estaban dispuestos a caminar. Para Iris y Nia, una shih tzu y una schnauzer, prepararon una carroza decorada de flores y cintas alusivas a la Feria, que arrastraba su acompañante humana. Al preguntarle el motivo de tanto trabajo sonrieron diciendo que en realidad sus perras eran muy perezosas, pero no querían dejar de asistir. De esta forma no solo pudieron ir los perezosos, sino los más viejitos, los cachorros y los que alguna enfermedad les limitada el movimiento.

Uno de los transportes más llamativos fue el “perro-carril de Antioquia” un tren de arrastre fabricado con madera que llevaba dos vagones amplios con espacio para niños y perros. Uno de sus constructores aclaró que tardaron 3 fines de semana elaborándolo en familia, “venimos porque nos gusta, son 12 perros y también hay niños. Este es el espacio para disfrutar con todos”.

Foto: Camilo Suárez.
Foto: Camilo Suárez.

Bomberos, tanquetas antidisturbios y un espacio de todos

La Caminata también fue un espacio humano para despreocuparse. Los carrotanques de los bomberos, el Dagrd y hasta tanquetas del Undmo (antiguo Esmad) vestidas con orejas, nariz y cola, se distribuyeron por todo el camino. No estaban atendiendo emergencia alguna, su prioridad era mojar el pavimento y en algunos casos jugaban con las mascotas que más lo disfrutaban. El agua, lanzada hacia arriba, caía en forma de lluvia formando un arcoíris que embellecía aquellos tramos, el calor, que parecía atemorizar a algunos, terminó por hacer la combinación perfecta entre un día soleado y un festival acuático y refrescante.

Durante el trayecto hubo un participante que llamó la atención de los caminantes. Chalo, un antiguo habitante de calle que aún conserva su carreta de madera donde llevaba a sus seis perros: crema de leche, mazamorra, paprika, panela, jalapeño y pimienta. Las personas no solo tomaban fotografías y acariciaban a los mansos animales, sino que le dejaban donaciones de cuido, agua y otros alimentos. Una breve conversación con él reflejó más de su personalidad y cuidado con los peludos que cualquier adjetivo.

– ¿Estos perros son suyos?

– De Dios, pero yo los cuido y ellos a mí – respondía mientras arrastraba la carreta.

– ¿Y si lo defienden? Veo que son muy tranquilos.

– Ah no, es que yo no los tengo para que me defiendan. Yo me paro duro.

– ¿Usted los defiende a ellos?

– Sí, todos son rescatados, algunos los encontré tirados, otros cascados.

– Pero ya se ven muy bien. Están muy lindos.

– Gracias y eso que no me he bañado.

Chalo arrastrando la carroza con sus perros a bordo. Foto: Camilo Suárez
Chalo arrastrando la carroza con sus perros a bordo. Foto: Camilo Suárez

Aunque la caminata llegaba hasta Tierragro, la jornada no acababa allí. En la sede de Palacé todavía esperaban piscinas, zonas de juego, circuitos de obstáculos, espacios de descanso, baños gratuitos y Brigapets, una brigada veterinaria con ecógrafos, cardiólogos, etólogos y médicos especialistas que atendían sin costo a quienes aprovecharon para hacerles un chequeo a sus compañeros de cuatro patas. Mientras algunos perros seguían corriendo detrás del agua, otros, ya exhaustos, buscaban la sombra para echarse a descansar junto a sus familias.

Así, durante una mañana, Medellín cambió el ritmo de sus calles para caminar al paso de las mascotas, adaptando el espacio a sus necesidades y permitiéndoles ser, por unas horas, protagonistas en la ciudad.