“En filosofía, como en arte, lo único importante es el contenido, en ningún
caso, la novedad”. Karl Popper, filósofo austríaco. En *Los verdaderos
pensadores de nuestro tiempo*, libro de Guy Sorman.
La FIFA —Federación Internacional del Fútbol Asociado— puso a prueba en 2016 el VAR —Video Assistant Referee— y lo justificó diciendo que era “para evitar errores humanos claros y manifiestos”.
Para el máximo poder del fútbol mundial, la vista humana tiene limitaciones y por ello los árbitros han cometido errores reiterados —muchas veces involuntarios— durante los partidos e incurrido en injusticias en los diversos torneos futbolísticos que se disputan en todo el mundo y que en no pocas ocasiones terminaron en tragedias.
De acuerdo con información aportada por la IA, el VAR se aplica en cuatro situaciones en un partido de fútbol:
-Goles (para verificar si hubo o no fuera de lugar); penales (si la falta fue cometida en el área del arquero y si esta es o no válida para pitar la pena máxima).
-Tarjetas rojas directas (en casos de juego brusco o de una acción violenta); confusión de identidad (para, llegado el caso, expulsar o amonestar al jugador que cometió la falta).
-Penas máximas: revisa si la falta fue dentro del área y si debe o no debe marcarse penal.
-Confusión de identidad: ayuda al árbitro a saber exactamente qué jugador cometió una falta para mostrarle la tarjeta correcta.
La FIFA y la IFAB (International Football Association Board) ampliaron luego las funciones del VAR para afianzar la justicia y también la dinámica de los partidos.
El VAR puede intervenir en:
-Expulsiones por segunda amarilla: el VAR está autorizado para revisar si una doble amarilla puede deberse a un error claro.
-Errores de tiros de esquina: si se marcó un tiro de esquina o hubo un saque de meta equivocado antes de un gol, el VAR tiene la potestad de corregir la decisión.
-Inicio de jugadas en tiros de esquina y libres: el VAR puede revisar faltas del atacante al inicio de la jugada.
Luego de los mundiales de Rusia 2018 y Qatar 2022, el VAR se aplicó por tercera ocasión en el Mundial de Estados Unidos, Canadá y México.
En el ámbito de un torneo politizado —la guerra entre EE. UU. e Irán y la humillación a la que fue sometida esta última selección al no poder pernoctar en el primero de los países, además de la postura genuflexa de Gianni Infantino, presidente de la FIFA, hacia el presidente Donald Trump, a quien sin rubor alguno complació levantándole la tarjeta roja a un jugador de la selección de Estados Unidos—, la pregunta que surge de bulto no puede ser otra: ¿ha contribuido en realidad el VAR a “evitar los errores claros y manifiestos” de los árbitros que pitan en el campeonato futbolístico más importante del planeta?
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Aparte del gol anulado a la selección iraní el 27 de junio contra Egipto —porque ¡el pie! del anotador estaba en fuera lugar— y que le significó su eliminación, además del que también le fue invalidado a Egipto el 7 de julio contra Argentina y que lo sacó del torneo —siempre el árbitro apoyándose en el VAR—, me llamó la atención el gol que le anularon al defensa colombiano Dávinson Sánchez contra Portugal el 27 de junio: ¿la razón? Porque —otra vez— la punta del zapato del jugador estaba delante de la línea, los manejadores del VAR alegaron que no era válida su anotación de cabeza.
La justicia del absurdo
Me pregunto si tal razón esgrimida por estos jueces hace honor a la justicia o por el contrario ella solo refleja una arbitrariedad —léase absurdo— en nombre de la precisión, del rigor, de la exactitud y, en general, de una pretendida objetividad, por lo cual la decisión de los manejadores de esta tecnología es inapelable porque se supone que está ajustada a la realidad, o sea que se le considera un hecho objetivo y por tanto indiscutible e inmodificable.
Surge por tanto la pregunta de si la suerte de una jugada, y en particular de un gol, durante las fases iniciales o finales de un torneo internacional, se define a partir de “hechos” que con sus decisiones provoca la tecnología llamada VAR o si estas las toma el árbitro del partido con la asistencia de los otros árbitros que desde una cabina siguen las jugadas en las pantallas.
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En otras palabras: a diferencia del arbitraje tradicional, en el cual el juez central decidía sobre las jugadas con la ayuda de los dos jueces de línea, me pregunto si ¿existe hoy un progreso a favor de la justicia e imparcialidad en el fútbol ahora que ese mismo árbitro y sus dos jueces de línea tienen el apoyo de otros individuos que desde una cabina siguen el juego a través de pantallas y están pendientes de detalles que el juez central y sus jueces de línea pueden no percibir y por tanto deben advertirles de inmediato para que procedan a revisar la jugada? ¿El VAR como tecnología es en realidad una fórmula que libra al fútbol de la decisión presuntamente ligera, subjetiva e incluso perversa del juez central?
Nos orientamos, entonces, a un asunto de hondura filosófica: ¿La decisión tradicional del árbitro de fútbol y sus jueces de línea —que además de su capacidad de observación y de su ética no tenían otro apoyo para fallar una jugada— era un acto puramente subjetivo, mientras que hoy —contando con la tecnología—, la misma decisión arbitral es más confiable y por ello es ya un hecho tangible, libre por ende de dudas y de subjetividades?
¿Hechos o interpretaciones?
En sus *Cuadernos de notas personales* -escritos entre 1886 y 1887 y que se conocen como *Fragmentos póstumos*-, el filósofo alemán Federico Nietzsche escribió: “Contra el positivismo, que se queda en el fenómeno “solo hay hechos”, yo diría: no, precisamente no hay hechos: solo interpretaciones. No podemos constatar ningún factum [hecho en sí]; quizás sea un absurdo querer algo por el estilo”.
Nietzsche explica al respecto que no existe una realidad pura o única y agrega que “nosotros siempre vemos el mundo desde un determinado punto de vista”, o sea desde una perspectiva específica, por lo cual este enfoque adquirió el nombre de perspectivismo, una de cuyas consecuencias fue la llamada “muerte de la verdad objetiva”. O sea que la realidad no tiene un sentido único e intrínseco esperando a ser descubierto; por el contrario, el mundo es interpretable de múltiples maneras.
Otra implicación filosófica del enfoque perspectivista de Federico Nietzsche es la llamada *Voluntad de poder*. Ello significa que las interpretaciones no son neutrales, por lo cual la interpretación que se impone y logra ser aceptada como “verdad” es casi siempre un ejercicio de dominio y de poder.
Y si llevamos estas reflexiones de Nietzsche al ámbito del VAR, con sus implicaciones cuando se juega un partido de fútbol o, como en este momento, al disputarse el Mundial de fútbol en los tres países norteamericanos, las decisiones que toma el árbitro —consultando la imagen de una jugada—sean para validar o invalidar un gol, una presunta pena máxima, posible expulsión, no son otra cosa que ¡una interpretación!
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Y el recurso para legitimar dichas interpretaciones, apoyándose siempre en la imagen del VAR, es invocar el “rigor” del detalle —la punta del zapato de Dávinson Sánchez delante de la línea del área del arquero de Portugal— o mostrar cómo de nuevo la punta del zapato de un defensor egipcio pisó el zapato del argentino Leandro Martínez y por tanto el gol de Mostafá Siko —en un excelente contragolpe— no era válido, sin tener en cuenta que ese roce entre dos futbolistas es inherente al juego. Por tanto, el reglamento del fútbol y el fútbol mismo, con la parcialidad del árbitro central y del propio VAR, se asumen como ciencia exacta y esta se comprueba a partir del detalle: por ende, la subjetividad que aflora a lo largo y ancho del campo de juego y durante 90 o más minutos...¡no existe!
Los jerarcas de la FIFA —incluido el presidente Donald Trump, aunque no sepa qué es una tarjeta roja— ignoran o no quieren aceptar que si bien la ciencia busca la objetividad —cuyo sustento filosófico es el positivismo—, el método científico opera al final mediante hipótesis o enunciados humanos, lo cual significa que un mismo dato experimental puede sostener diferentes explicaciones teóricas, o sea diferentes interpretaciones. Y en el caso que nos ocupa, la decisión sobre una jugada no la toma el VAR sino que la toma el árbitro interpretando a su manera la imagen que le aporta la tecnología.
La ilusión del “hecho”
A través de las cámaras del VAR, esta tecnología se muestra como “la verdad objetiva”, pero en realidad la tecnología no elimina la interpretación, sino que cambia las reglas de la misma interpretación. Acudiendo al enfoque de Nietzsche, las cámaras del VAR son otra perspectiva.
A modo de ejemplo, el ángulo de una cámara ubicada atrás de la portería, puede mostrar una pena máxima clarísima; en cambio, una toma desde arriba muestra que el delantero se dejó caer; y una toma desde un extremo de esa portería, puede mostrar que un defensa chocó involuntariamente con el delantero. Es decir, el VAR no muestra “un hecho” sino que muestra la perspectiva de distintos lentes de las cámaras situadas en ángulos diversos.
Un efecto similar ocurre con la denominada distorsión del tiempo mediante la “cámara lenta”: una patada a velocidad normal ayuda a evaluar la fuerza y la intención de la jugada, o sea el fútbol real. Pero si se muestra en cámara lenta, cualquier contacto o roce crea la sensación de choque violento y deliberado que daría lugar a la tarjeta roja.
Dicho de otra manera, la cámara lenta crea una interpretación artificial que por ende deforma el “hecho”.
Por otra parte, y frente a la relación entre el árbitro de campo y el árbitro de cabina, si llevamos al protocolo del VAR la voluntad de poder de que habla Nietzsche, afirmo —partiendo de que la verdad es la interpretación de quien tiene el poder para imponerla— que el VAR solo se activa ante “un error claro, obvio y manifiesto”.
¿Y quién define eso que es obvio? El poder jerárquico del protocolo.
En ese caso, el árbitro se dirige a la pantalla y mira la jugada que observan millones de aficionados, pero su interpretación será la única que se convierte en “hecho oficial”, pero no porque sea intrínsecamente la verdad, sino porque es él quien tiene la autoridad institucional para decretarla.
Fútbol que ya no es fútbol
En nombre del rigor y de la justicia, el VAR afecta profundamente la dinámica y la esencia del fútbol, porque opera como un arma de doble filo porque, según estudios, ha elevado el sentido de justicia deportiva del 93% al 98% de acierto, pero a un costo altísimo que atenta contra el espíritu de ese deporte: fragmenta el ritmo del juego y altera la carga emocional de los aficionados.
Múltiples análisis han mapeado detalladamente estos cambios. El impacto real del video-arbitraje se clasifica en aspectos cuantitativos, cualitativos y filosóficos:
- El impacto en la dinámica del partido.
La presencia de las cámaras ha cambiado directamente el comportamiento táctico de los jugadores y las métricas del juego. Veamos de qué manera:
Aumento del tiempo extra: Los partidos son significativamente más largos. El tiempo de reposición en el primer y segundo tiempo ha escalado debido a los minutos invertidos en las revisiones de pantalla.
Disminución de faltas y fueras de juego: Sabiendo que todo se graba, los futbolistas se cuidan más. Las estadísticas globales muestran un descenso consistente en el volumen de faltas cometidas y fueras de juego sancionados por partido.
Menos tarjetas amarillas directas: las amonestaciones físicas directas han disminuido en varias ligas de élite, en parte porque las agresiones o jugadas temerarias se evalúan directamente como tarjeta roja o se sancionan con severidad menor si la jugada no lo amerita.
Incremento de penales: el análisis minucioso en cámara lenta permite detectar pisotones, agarrones en tiros de esquina y manos imperceptibles —que son propios del juego-, lo cual eleva la cantidad de penas máximas decretadas por el VAR—.
-El impacto en la “esencia” del fútbol .
La transformación más polémica que ha sufrido el fútbol gracias al VAR, no se mide en números sino en la identidad misma del deporte rey:
Celebración contenida (El gol en suspenso): el clímax del fútbol —el grito de gol— ha cambiado. Los aficionados y los propios futbolistas ya no celebran con la misma espontaneidad; ahora existe un festejo en “dos tiempos”, a la espera de que el VAR valide la jugada: aplazar una emoción es, al margen de la decisión, castrarla.
Pérdida de la fluidez tradicional: a diferencia de deportes nacidos para pausarse (como el fútbol americano), el fútbol tradicional basaba su mística en la continuidad física y mental. Las pausas prolongadas enfrían a los equipos que sostienen ritmos de ataque intensos. El Mundial 2026 y sus “hydration breaks”, además de quitarles ritmos a los partidos, desvirtúan los dos tiempos tradicionales de 45 minutos cada uno y permiten el abuso del negocio en la competencia porque el receso es la oportunidad para vender y consumir dentro y fuera del estadio, incluidos los medios de comunicación.
La polémica sobre las jugadas no desaparece, sino que muta: Se creía que el VAR erradicaría las discusiones. Sin embargo, al mantenerse el criterio inevitable de la “interpretación humana” en jugadas de fuerza desmedida o manos naturales/antinaturales, la polémica simplemente se trasladó de la decisión de campo a la decisión de la cabina tecnológica.
Exceso de disección tecnológica: acciones milimétricas como un talón en fuera de juego o un contacto revisado en cámara lenta que magnifica la fuerza real, le quitan al juego su naturaleza contextual y rústica.
Al volver sobre la mirada filosófica de las nuevas tecnologías en el fútbol, señaló que el VAR nació con una filosofía positivista que reclama su capacidad para crear “hechos” con sus decisiones y así lograr una justicia incuestionable al dirimir cada jugada:
“Vayamos a los datos puros para eliminar la discusión”. El resultado real tras años de aplicación ha sido lo contrario: el VAR ha multiplicado las polémicas y los debates periodísticos y filosóficos en los programas deportivos, porque sus decisiones no son hechos sino otras interpretaciones que emite como autoridad.
Las circunstancias y los resultados de varios partidos del Mundial-2026 han creado un ambiente de duda y suspicacia y desencanto producto de diversas decisiones del árbitro mediante el VAR.
Y a ese entorno debemos sumarles la abusiva publicidad que ha sido capaz de crear las pausas otrora inexistentes y además la aberrante intromisión del presidente Donald Trump que encontró al complaciente presidente de la FIFA, quien ordenó eliminar la tarjeta roja contra el goleador estadounidense Folarin Balogun para que pudiera jugar contra Bélgica.
O sea que el VAR no ha eliminado las interpretaciones; simplemente ha trasladado la discusión de la velocidad del juego en el césped a los pixeles y los fotogramas de una pantalla de televisión.
El fútbol ha demostrado empíricamente lo que Nietzsche escribió en sus cuadernos: “no importa qué tan buena sea tu cámara, lo único que vas a encontrar al final es otra interpretación”. Por lo tanto, y visto desde lo filosófico, ¡el VAR busca el positivismo, pero vive en el perspectivismo! Como en la historia de Goethe -*El aprendiz de brujo*-, el VAR pasó de ser árbitro asistente a árbitro de arbitrariedades.
- ¿Por qué el VAR sigue generando polémica si fue creado para reducir los errores arbitrales?
- Porque, según el análisis de la columna, el VAR no elimina la interpretación humana. Aunque utiliza tecnología para revisar las jugadas, la decisión final sigue dependiendo del criterio del árbitro, lo que mantiene abiertas las discusiones sobre la justicia de determinadas acciones.
- ¿Qué jugadas puede revisar actualmente el VAR en un partido de fútbol?
- El VAR puede intervenir en goles, penales, tarjetas rojas directas, casos de confusión de identidad y, además, revisar algunas situaciones relacionadas con segundas tarjetas amarillas, errores previos en tiros de esquina o saque de meta y ciertas faltas al inicio de una jugada, según las funciones descritas en el artículo.
- ¿Quién toma la decisión final después de una revisión del VAR?
- La decisión final corresponde al árbitro principal. El VAR actúa como un asistente que recomienda revisar una jugada, pero es el juez de campo quien interpreta las imágenes y adopta la decisión definitiva.